50 engranajes de GOF: ¿Cómo se hace un podcast?

06.04.2017 17:19

Por lo general solemos desconocer en absoluto el coste total, tanto en tiempo como en materiales, personas, conocimiento, creación, finalización, detalle y configuración de cualquier producto terminado. No es algo que merezca recriminación de ningún tipo, sino que, lógicamente, cuando tú adquieres un producto, lo haces por su utilidad y por su precio económico, amén de otras circunstancias externas, puesto que en una sociedad tan especializada como la actual, no necesitas saber su origen, las personas que han intervenido en su creación, su proceso de creación o el conocimiento que ha permitido la existencia de dicho producto; tú lo necesitas, o lo quieres, y lo adquieres por sus concretas características. Punto. Profundizar en el producto hasta conocer sus últimos detalles, hoy en día, es cosa más de la curiosidad o de la búsqueda del conocimiento per se, que una cuestión de pura necesidad. Y no nos engañemos, el hombre, como la naturaleza, siempre recorre el camino de menor presión; y si no necesita saber algo, lo suele desconocer.

Desde una perspectiva moral, podemos despreciar un producto que es consecuencia de un proceso de esclavitud, como algún tipo de vestimenta, o que se consigue tras el maltrato extremo de algún animal, como el paté, sin ir más lejos. Desde una perspectiva médica, podemos conocer que el embutido tiene trazas de productos lácticos, si somos intolerantes a la lactosa, o haber averiguado que tal o cual bebida energética contiene ingentes cantidades de glucosa con el fin de evitar infartos prematuros. Desde una perspectiva puramente científica, podemos conocer el funcionamiento interno de un reloj, pues como a mi padre, nos puede gustar desmontarlo y volverlo a ensamblar, o podemos saber hasta el más mínimo detalle del motor de un vehículo a para discutir sobre Fórmula 1. Pero todo ello sólo busca satisfacer una necesidad, adicional a la principal, que hemos creado en base a nuestra personalidad o características concretas. Por lo general, no tenemos ni la más remota idea del proceso de creación de cualquier producto terminado. Y estas particulares circunstancias no niegan el axioma principal.

Es cierto que conozco bastante personas muy críticas con esta falta de curiosidad, pero es que si vives en Barcelona en el año 2017, no necesitas saber cómo se sala un jamón, cómo se siembra el trigo o cómo demonios se coge un azada; del mismo modo que si viviéramos en la Barcelona del año 1850, necesitaríamos saber todo ello, pero no cómo funciona un coche o cómo navegar por Internet. Somos producto, valga la redundancia, de nuestra época, y no podemos evitar amoldar nuestro conocimiento concreto al tiempo y el espacio que nos ha tocado vivir.

Así que cuando me planteé explicaros el proceso de creación de un podcast, nunca pensé ir más allá de satisfacer una eventual curiosidad sobre este tema. A un oyente random, le dará lo mismo si me he estado una o catorce horas preparando un programa de radio; le interesará si le gusta, o no. Tampoco pretendo poner en valor mi tiempo, como señalando la bondad de mi producto en base al tiempo dedicado o el esfuerzo empleado: como digo, si el producto es una mierda, de nada sirve que me haya pasado varias semanas recluido en su preparación. No obstante, puede despertar curiosidad, como en ocasiones me han manifestado algunas personas en una reunión de amigos o en una conversación cualquiera. A la vista de ello, y teniendo en cuenta que fui recopilando datos durante la creación de mi podcast nº 50 para tener bien documentado mi proceso de elaboración de un programa de radio bastante complejo y que por tanto requiere un esfuerzo adicional, procedo a ponerlo en vuestro conocimiento mediante un análisis pormenorizado de ésos que me gustan tanto; deformación profesional, al cabo.

La fecha elegida para abriros una ventana a la maquinaria interna de Granollers On Fire tampoco es baladí, por cierto: hoy hace 5 años exactos que subí mi primer podcast a Internet. 5 años, 50 programas, en fin, a veces me da por el simbolismo, aunque en el fondo no crea en ello. Y como mi economía no me permite sortear un crucero por los fiordos noruegos ni un lote con embutido y vino -teniendo en cuenta que seguramente sólo me apuntaría yo, pero ese es otro asunto-, homenajeo la efeméride a mi modo: pegándoos un ladrillazo:

 

1.- Elección de temática y tareas de creatividad en abstracto (0:10 horas)

Normalmente, las temáticas surgen de la manera más aleatoria: mientras camino por la calle, antes de dormirme, mientras escucho una canción, en la ducha, etc. En los momentos más cotidianos. Determinar la temática no es complejo y es un pensamiento casi instantáneo; lo problemático es convertir la idea en un proyecto. Pasar de la temática general a su ejecución concreta. Ello conlleva una tarea de creatividad consistente en organizar el programa de radio en función a la temática: compartimentar el programa, tomar decisiones de edición, formato general, trazar un desarrollo en base a un objetivo y fijar las trazas generales del podcast. Pueden ser cuatro o cinco apuntes, varias ideas subordinadas a la temática o incluso un pequeño guión compuesto por puntos genéricos.

 

2.- Búsqueda de música adecuada para el programa (12:00 horas)

Con la música y el guion siempre me planteo lo mismo: ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? Sí, ya lo sé, desde hace tiempo se dispone de la respuesta: los animales ovíparos son muy anteriores a la existencia de las gallinas; pero el concepto continúa siendo de utilidad: ¿qué es causa y qué efecto? Habitualmente, como suelo hacer programas que repasan un sello o tienen una temática concreta, la música suele ser anterior a la creación del guion, que hago en base a ésta; pero no siempre es así. Y en este podcast nº 50, realmente, no sabría determinarlo.

El caso es que comenzaremos por la música por una cuestión puramente sistemática. Y es que aunque yo intento cargar de información mis programas de radio y hacerlos amenos a la escucha, no dejan de ser programas musicales y la música juega un papel central.

Y puestos en materia, seguramente os preguntaréis, ¿¡doce horas!? No te lo crees ni tú. Pues sí, es cierto. Doce horas. Pero claro, todo tiene sus matices. Siempre aprovecho los podcast para descubrir nueva música, bucear por internet, hacer criba, analizar, escuchar un sello en su totalidad, entre otras muchas tareas relacionadas. Vamos, que no es que me haya pasado doce horas completas seleccionando veinte canciones pensando única y exclusivamente en el podcast. Aprovecho que el Pisuerga pasa por Valladolid. Soy perfeccionista, pero todavía no estoy loco. O no del todo. Estas doce horas se dividen del siguiente modo:

2.1.- Música de los años 80 (6:00 horas)

Una de las ideas que surgieron durante el proceso de creación fue la inclusión de canciones de muy diversa naturaleza dentro del podcast. Sí, se llama Synthpoping in the 80’s, pero esta década es demasiado rica como para centrarse sólo en el synthpop, así que traté de ingeniar un guion que incluyera rock, pop español, metal, música instrumental, alguna balada incluso; y, por supuesto, algunos temas de uno de mis grupos favoritos: Queen. Y eso me llevó mucho más tiempo que una pura selección de temas de mi carpeta de Electropop 80’s.

Gracias a algunas listas de reproducción de la plataforma Youtube, al llegar de trabajar los días de cada día, me dedicaba a escuchar cientos y cientos de temas de la época mientras hacía otras cosas, a fin de seleccionar canciones adecuadas para el podcast y, de paso, aumentar mi ya extensa carpeta de música. Por ejemplo, algunas canciones ya las tenía seleccionadas de manera previa, como el Shoot to thrill de AC/DC, pero buceé por el rock ochentero a ver si encontraba algo más brutal y cañero todavía, redescubriendo a Iron Maiden, profundizando en la discografía de The Ramones o encontrando la canción de Beds are burning, de Midnigth oil, que conocía desde hacía años pero desconocía su título. Lo mismo me ocurrió con el pop español de los 80: tuve que hacer una criba espectacular para seleccionar canciones que fueran infames para mi alter ego ochentero, Ricardo, pero que fueran audibles. Que cruzaran el abismo sin caer por alguno de los dos lados de la cuerda ficticia. Aunque el momento estelar lo alcancé al descubrir el Dan Harrow - Catch The Fox, que me hizo bailar en el pasillo con el pijama y las zapatillas como si estuviera en el Studio 54.

Por mediación de este proceso, seleccioné más de 15 canciones y aumenté mi acerbo musical en más de 50, por lo que claro, como siempre aprovecho los podcast para ello, las horas dedicadas merecen esta nota a pie de página.

2.2.- Efectos de sonido (1:30 horas)

Como ya he comentado antes de iniciar este análisis, el podcast de Synthpoping in the 80’s tiene una complejidad añadida: pretende simular un día en los años 80, con anuncios de la época, vehículos, cintas de cassete y vinilos, cenas en el bar, periódicos, noticias, etcétera. No es una simulación únicamente musical, sino que pretende crear un ambiente completo que nos sumerja de cabeza en los años 80. Y eso, como imaginaréis, requiere añadir a la música y a mi propia voz una suerte de efectos de sonido que consigan crear esta atmósfera. Y si mi novia conduce un Citroën CX, el efecto de sonido del motor debe ser el de un Citroën CX. Y el claxon.

Internet me ha proporcionado todo lo que necesitaba, así que, ciertamente, la tarea ha sido más de búsqueda que de creación propia. Búsqueda que iba efectuando, esta vez sí, según exigencias del guion y a salto de mata, pero cuya temporización he ido consignando hasta alcanzar la hora y media. En total, 21 efectos de sonido, con su propia nomenclatura dentro del guion. ¡Y extractos de la película Beetlejuice!

2.3.- Techno ochentero (3:00 horas)

Con la música, siempre, sepas lo que sepas, conozcas lo que conozcas, resulta de aplicación el dicho socrático de que sólo sabes que no sabes nada. Y habida cuenta de la existencia de una absolutamente interminable música electrónica, desconfiad de cualquiera que os dice que sabe mucho de electrónica. Sabrá bastante de un estilo concreto en una época concreta, o de varios estilos en varias épocas, pero tener un conocimiento profundo de toda la música electrónica es imposible, literalmente.

Por ello, cuando me planteé que mi protagonista, su novia y sus amigos iban a pegarse una fiesta techno en el mítico KGB barcelonés, así, en abstracto, no caí en la cuenta de que no tenía, ni tengo, ni puta idea de techno de aquella época. Sí, a ver, conocía el The KLF - What Time Is Love y algunos temas de la época, pero poco más… con ello no podía hacer ni una mísera mezcla. Ningún problema, oigan. Internet, como siempre, es la herramienta suprema; siempre que se sepa utiliza, claro.

Pasé una tarde de domingo buceando por listas de reproducción de Youtube, por la maravillosa e imprescindible web www.discogs.com, por foros de electrónica, e incluso preguntando a personas que vivieron aquella época hasta conseguir que mi mujer casi me echara de casa por taladrarle la cabeza hasta niveles exagerados y recopilar unos 20 temas que me permitirían hacer una sesión en condiciones. Una píldora techno. Ahí es nada.

2.4.- PIL-OLD.1989 (TECH) (1:30 horas)

Preparar una sesión con temas absolutamente desconocidos, tanto en su estructura interna como en sus eventuales extravagancias rítmicas, y tratar de encontrar las mezclas adecuadas, requiere un esfuerzo de preparación previa pese a que la sesión que pretendas realizar tenga una duración de un cuarto de hora, como es el caso. Una vez seleccionadas las canciones, determinadas las mezclas y realizadas las tareas de ecualización, la grabación de la misma, naturalmente, me llevó el mismo tiempo que su duración final. Disfruté como cerdo en piara, ni que decirlo tiene, pues era música completamente nueva para mí, aunque tuviera tantos años como yo. Mi mujer, mientras tanto, iba preparando la maleta para echarme de mi casa, pero conseguí persuadirla. Y que incluso participara en la grabación.

 

3.- Guion (2:00 horas)

El guion de un programa de radio dedicado en exclusiva a la música no requiere un esfuerzo adicional más allá de realizar un mínimo trabajo de investigación y recopilación de datos. Por lo general, cuanto menos suene tu voz, mejor, y cuantos menos datos des, todavía mejor. Lo que ofrezcas tiene que ser poco, sencillo, interesante y limitado; de lo contrario, te conviertes en un peñazo. En este caso, me remito a la explicación que he realizado en la introducción del artículo: el ser humano busca la simpleza. Por ello, un podcast dedicado a un sello musical, por ejemplo, requiere un guion sencillo que contenga efemérides y que vaya acompañando a la música pero sin resultar cargante. El trabajo de coherencia interna del guion viene determinado por la ordenación musical, y no al revés, por lo que en este caso el guion queda supeditado a la música.

Pero como he dicho anteriormente, el programa de Synthpoping in the 80’s funciona de un modo completamente distinto. Simular el día de un fiestero ochentero desde que se levanta hasta que sus piernas desfallecen de tanto bailar a las tantas de la noche necesita un tratamiento especial. De hecho, en este programa nº 50, nos despertamos con Ricardo, con una resaca monumental; nos duchamos; comemos lentejas mientras vemos una película; vamos en coche a una fiesta privada; cenamos un lomo con queso en una reputada hamburguesería; nos emborrachamos en un pub y nos pegamos la fiesta en el KGB. No se trata sólo de acompañar la música, sino vivir en primera persona un día completo de esta mágica década y adaptarlo al formato radiofónico. Y ello lleva su tiempo, os lo aseguro.

He de agradecer a mi mujer sus consejos, que me hicieron realizar giros argumentales importantes que han resultado mucho más eficaces que los que yo tenía previstos. El feedback, que casi siempre reclamo y casi nunca consigo, es una de las mejores herramientas para mejorar el producto.

 

4.- Grabación podcast (4:00 horas)

La grabación de un podcast random no necesita prácticamente arreglos especiales, más allá de controlar los volúmenes de las canciones y retocar mi voz o repetir un speech concreto por problemas de dicción o exceso de velocidad en el habla. El hecho de que el podcast se grabe en fases y no en un directo al uso me permite realizar estas mejoras que, de lo contrario, serían imposibles de hacer.

En el particular supuesto del podcast de Synthpoping in the 80’s, la grabación del programa ha sido algo más compleja, pues no se trata únicamente de mezclar música con mi propia voz, sino que he tenido que modular diversos efectos de sonido tanto en volumen como en ecualización, buscando, como habitualmente, evitar los cambios bruscos y tratando de encontrar una coherencia sonora. Teniendo en cuenta que, en determinados momentos, han estado sonando al mismo tiempo mi propia voz, una canción de fondo y hasta tres tipos de efectos de sonido diferentes, os podéis imaginar que el trabajo de edición ha sido bastante complejo, pero el resultado final justifica el tiempo invertido.

Así mismo, esta segunda edición de Synthpoping in the 80’s cuenta con un hecho insólito no sólo en esta serie de programas, sino en todos los programas de Granollers on Fire: he incluido una voz adicional, a saber, la de mi mujer, Elisenda. Me costó lo mío, no os penséis, y más después de taladrarle los oídos con techno ochentero, pero con tesón, lo conseguí. Su participación es limitada, podría decirse que casi testimonial, pero le da un toque especial a mis habituales podcast monocromáticos. Detalles que hacen a este cincuenteavo podcast único en su especie.

 

5.- Revisión final (0:30 horas)

Una de mis habituales obsesiones cada vez que grabo un podcast es tratar de nivelar los volúmenes de todas las canciones que suenan en el programa prácticamente al microdecibelio, si es que existe esa palabra. Lo mismo me ocurre con las sesiones de mezclas y os aseguro que muchas veces he llegado a niveles enfermizos, pero es que pocas cosas me dan más rabia que una mezcla mal ecualizada o con los volúmenes desnivelados. En una grabación en directo, esto es inevitable; pero cuando grabas un programa de radio en diferido, las correcciones posteriores son posibles y, por tanto, la búsqueda de un volumen absolutamente constante es perfectamente factible. Esto lleva tiempo, os lo aseguro.

A la corrección de volumen se debe añadir la escucha de los speeches de voz, en busca de fallos, la comprobación de la inexistencia de espacios en blanco y verificar que la mezcla total adolece de fallos de posicionamiento de cada uno de los partners. En fin, un puto coñazo, pero necesario.

 

6.- Introducción de metadatos (0:02 horas)

Una vez está todo listo, es preciso introducir datos en el tag del archivo de mp3. Estilo, Álbum, número de pista, página web, imagen… en definitiva, todos aquellos datos que permiten identificar la canción y vincularla al resto de podcast y a la página web.

 

En consecuencia de todo lo antedicho, puedo concluir que he dedicado 18 horas y 42 minutos en la creación, grabación y cierre del Granollers On Fire (#032) - Synthpoping in the 80’s (II). Vamos, que he dedicado una media de 16 minutos a cada minuto de grabación de los 69 que dura el programa. Puede parecer una locura y, de hecho, si analizamos la repercusión pública del podcast -23 descargas y reproducciones online, 118 visitas a la subpágina web dedicada a este programa y un alcance, en Facebook, de 214 personas-, es para echarse a llorar en una esquina.

Pero no. Yo no hago mis programas de radio para que nadie me dé una palmadita en la espalda. Yo no vendo coches usados ni busco hacer negocio. Yo no quiero que la Generalitat de Catalunya me dé dinero por poner publicidad en uno de los programas. Yo no espero nada y, por ello, cualquier recepción que tenga uno de los podcast la valoro por sí misma, no en base a comparativas de rendimiento o visitas a mi página web. Eso, sinceramente, me importa un pimiento. Si consigo entretener a alguien, si consigo que sonriáis con alguna broma, si os hago disfrutar con una canción o una mezcla, si os ofrezco información interesante, si os hago bailar mentalmente o imaginaros en una discoteca gastando zapatilla o incluso si utilizáis mis programas para resolver problemas de estreñimiento, me doy por satisfecho y por cumplida la única labor que pretendo.

Al cabo, esto lo hago porque quiero, porque me gusta, porque disfruto, porque es mi hobbie. Y, por encima de todo, por la música.

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