Blog

26.07.2022 18:47

Artículo anterior de la seriehttps://www.granollersonfire.com/news/historias-de-espana-de-pandemia-a-pandemia-1918-viii/

Al final, he caído. Demasiada bala había esquivado ya desde que la pandemia de SARS-COV-2 dio comienzo en China a finales del año 2019; en concreto, más de una docena de contactos estrechos sin haber resultado infectado, que se dice pronto y que habla muy bien de mi sistema inmune. Pero al final, la vuelta a la normalidad absoluta, el regreso a las discotecas, la eliminación prácticamente total de la mascarilla y la aparición de variantes extremadamente virulentas, pero menos graves, ha propiciado que los que habíamos evitado la enfermedad hasta ahora, nos hallamos infectado, como demuestra el test de antígenos que adjunto debajo de este párrafo. A decir verdad, mi experiencia como positivo de COVID-19 no ha pasado de varios días con mucha tos y picor en la garganta, una noche con fiebre moderada y sintomatología más parecida a un resfriado común que a otra cosa, con la diferencia de que yo no solía coger nunca este tipo de enfermedades pulmonares y ya no recordaba el malestar que generan. En definitiva, ha sido un breve suspiro frente a los vientos huracanados que en su momento hicieron parar el mundo; aunque, siendo franco, tampoco he estado todo lo tranquilo que hubiera deseado, pues el bicho sigue ahí, buscando recovecos para sobrevivir.

El caso es que, transcurrido casi año y medio desde que realicé el anterior artículo dedicado a la COVID-19, he considerado oportuno retomar esta serie de artículos por razón de haber contraído la enfermedad y con el objeto de que podamos echar la vista atrás y recordar qué ha ocurrido con la pandemia durante el año 2021 y durante lo que llevamos de 2022; a fin de atisbar, así mismo, dónde estamos y hacia dónde vamos.  Y comenzaré, como no podría ser de otra manera, con las vacunas. Asunto, éste, que no deja a nadie indiferente, tampoco a mí.

LAS VACUNAS CONTRA EL SARS-COV-2

Desde que el famoso coronavirus apareció en nuestras vidas, las farmacéuticas emprendieron una verdadera carrera armamentística para crear una vacuna que impidiera su propagación o que, al menos, limitara los efectos de la enfermedad. A finales del año 2020, comenzamos a escuchar nombres como Pfizer, Moderna, AstraZeneca, Jansen, entre otros nombres de compañías farmacéuticas, marcas comerciales, organizaciones científicas y toda una pléyade de entidades que, a codazos y a contrarreloj, intentaban ser las primeras en sacar su vacuna al mercado. Empezaron las bromas, claro: Pzifer es la compañía que inventó, por error, la famosa viagra, que trata la disfunción eréctil; y Jhonson & Jhonson, a su vez, tiene entre sus productos un aceite para bebés que algunos adultos utilizan para otros menesteres más prosaicos. Y llamar al cachopo Asturcenaca, por supuesto, que no se diga que los asturianos no tienen buen humor. Material para el cachondeo, había, desde luego.

En cualquier caso, la esperaba vacuna, en el momento que redacté el último artículo, estaba al caer: el día 10 de diciembre de 2020, se aprobó en Estados Unidos la administración general de la vacuna Comirnaty, de Pzifer-Biontech, y el 15 de diciembre del mismo año, en la Unión Europea. Dos semanas después, se vacunó contra la COVID-19 a la primera persona en España, una tal Araceli Rosario, de Guadalajara, una señora de 96 años que se hizo famosa del día a la mañana y que salió en todos los medios de comunicación. A partir de ese momento, dio comienzo la vacunación general de toda la población que, aunque lenta al principio y por orden de franjas de edad, alcanzó el 70% de la cobertura a finales de agosto de 2021; todo ello teniendo en cuenta, asimismo, que se aprobó la administración de tres vacunas adicionales a la de Pzifer-Biontech, a saber, la de Moderna, la de Astrazeneca y la de Jansen. Hoy en día, la vacunación de la pauta completa alcanza ya al 92,7% de la población mayor de 12 años, según fuentes del Ministerio de Sanidad.

Toda vez que las vacunas de Moderna y Pzifer exigían dos pinchazos, es decir, una primera dosis seguida de otra que completaba la pauta de vacunación, un servidor de ustedes no estuvo completamente vacunado hasta agosto de 2021. Experiencia, ésta, que me resultó infame, toda vez que tuve que comerme colas de más de una hora al sol, efectos secundarios indeseados y dolor de brazo. Era el precio a pagar por mitigar los efectos del coronavirus y me presté a ello sin vacilaciones, pero maldita sea, como era de prever no se hizo todo lo bien que debería. Y viajar a Málaga al día siguiente de ponerme la segunda dosis no fue una de las mejores ideas que he tenido, creedme. 

Sin embargo, estas vacunas no han estado exentas de polémica, si bien desde el oficialismo se ha caído en el habitual maniqueísmo que no permite ni la más mínima duda ni la más pequeña disconformidad. Veamos, a continuación, las luces y sombras de la vacunación:

- La vacuna no evita la infección, pero sí la gravedad: Si bien las farmacéuticas manifestaron, al principio, que su vacuna no sólo evitaba el desarrollo de una enfermedad grave, sino la propia propagación del virus, esto es, que no se produjera la infección del vacunado pese a la exposición al virus, el transcurso de la pandemia ha mostrado bien a las claras que esta segunda propiedad no se produce, pues la población se ha seguido contagiando, ya sea por las mutaciones del virus, ya sea por la ineficacia de la vacuna en esta cuestión.

En cualquier caso, hay hechos objetivos que prueban que, al menos, la vacunación sí que reduce la gravedad de la infección, aunque esta cuestión también debemos imputarla a las nuevas variantes del virus, más transmisibles, pero menos agresivas, como la variante ómicrom. A tal efecto, he preparado una tabla que establece dos periodos temporales y que fija dos parámetros comparativos: infectados y fallecidos antes de la inoculación de las vacunas al 50% de la población española e infectados y fallecidos después de la inoculación de las vacunas al 50% de la población española. Los números hablan por sí solos.

- Administración de varias dosis: Desde el principio, desde los medios de comunicación nos informaron que el tipo de vacuna que nos iban a inocular se fundamentaba, sin entrar en más detalles, en la modificación de nuestro ADN a través del ARN mensajero. La respuesta inmune de nuestro organismo, por tanto, se generaría a nivel celular y, por tanto, no era necesaria la introducción del agente patógeno moribundo en el cuerpo como ocurre con las vacunas que hasta ahora se estaban utilizando. Y hasta aquí puedo leer, pues no soy experto en la materia y no me gustaría ir más allá de lo poco que conozco... aunque me llama mucho la atención, pese a ser lego en medicina, que la respuesta inmunitaria que se reciba sea temporal. Y me llama la atención precisamente porque si se produce una modificación del ADN, cada nueva célula que se replique tiene memoria de dicha modificación, por lo que no entiendo la necesidad de írselo recordando. Comentario de cuñado, puede ser, pero algo no me cuadra.

El asunto es que la dosis completa, al principio, era la administración de dos vacunas, pero ahora se está planteando poner la cuarta dosis a toda la población tras haber puesto ya la “dosis de refuerzo”, es decir, la tercera dosis. Por tanto, la vacunación no se convierte en algo puntual, sino regular. Y se va cambiando de criterio sin dar demasiadas explicaciones. 

Esta situación, por supuesto, genera dudas y desconfianzas, pues puede parecer que las vacunas o no son útiles o no son prácticas, en el mejor de los casos; en el peor, que las farmacéuticas se están haciendo y se harán de oro mediante la vacunación de toda la población mundial varias veces al año con un virus que, por sus propias particularidades, no para de mutar. Un negocio bien lucrativo que cada vez más huele a cuerno quemado. Yo, sin ir más lejos, ni me he puesto la tercera dosis ni me pienso poner la cuarta o sucesivas, lo cual no me convierte en un antivacunas, sino en alguien que no quiere participar de este gigantesco negocio y considera que ya ha cumplido sobradamente.

- Efectos secundarios: No hay absolutamente ningún tratamiento o medicación basada en la química que no tenga efectos secundarios, es decir, interacciones indeseadas del compuesto tras su introducción en el cuerpo. La creación de una vacuna sin efectos secundarios o absolutamente segura era una utopía que mucha gente, al parecer, demandaba antes de prestarse a ser vacunado, por lo que hay mucha gente que se ha agarrado a ese clavo ardiendo para evitar la inoculación o para zambullirse en teorías conspiratorias delirantes: que si nos están introduciendo grafeno, que si nos están provocando el SIDA, que si moriremos en menos de un lustro, que si el 5G… En fin, una ristra de majaderías que, en todo caso, no deben hacernos perder de vista que, evidentemente, estas vacunas tienen efectos secundarios. Y algunos de ellos, graves, como la miocarditis y los trombos, que han causado varias muertes.

No obstante, la gran mayoría de las personas que se han vacunado no han tenido otra sintomatología que la habitual ante una respuesta del sistema inmune: fiebre, dolor muscular, cefalea, náuseas, mareos, entre otros. Yo mismo os puedo dar fe de algunos de ellos, pero vamos, todavía no he conseguido que se me quede pegada una cuchara en la zona del brazo en la que me vacunaron.

- Certificado COVID: Con independencia de las cuestiones puramente científicas y los conflictos que se puedan generar entorno a la efectividad y seguridad de las vacunas contra la COVID-19, el sector político comenzó a implementar una serie de medidas que, en el mejor de los casos, se pueden interpretar como rigurosas y, en el peor, como totalitarias: se introdujo una especie de pasaporte con código QR cuyo objetivo era poder verificar que una persona estaba vacunada. Este certificado se implementó, inicialmente, para volar entre países miembros de la Unión Europea, pero no tardó en ser necesario para entrar en restaurantes, discotecas o lugares de ocio con el objetivo de presionar a la población a que se vacunara. Evidentemente, esta medida me pareció un verdadero atentado contra la libertad individual, además de absurdo, toda vez que la vacuna no impedía la transmisión, sino la gravedad de la enfermedad, por lo que si alguien tomaba la decisión de no vacunarse al único que estaba perjudicando es a sí mismo.

Esta circunstancia produjo repugnantes discursos de algunos telepredicadores, o incluso de políticos, que literalmente pretendían señalar por la calle a los no vacunados como apestados, lo cual, además de moralmente reprobable, generó un precedente muy peligroso para cualquier medida que implemente el Gobierno: o estás conmigo o te aniquilo socialmente. Un verdadero escarnio.

Afortunadamente, esta medida decayó hace varios meses y sólo queda su amargo recuerdo.

 

18.07.2022 16:42

En efecto, fue la penúltima. Así se llamó el último artículo que publiqué en mi blog a finales de febrero del año corriente recordando con nostalgia aquellas noches alejadas de las restricciones pandémicas y compartiendo con vosotros una sesión que preparé en honor de esa penúltima discoteca, esa penúltima noche, esa penúltima fiesta que tuvo lugar a principios del año 2020. Acertado título, desde luego. Acertado porque, visto retrospectivamente, poco imaginaba yo que en poco más de tres semanas desde que redacté dicho artículo me encontraría, precisamente, dentro de una discoteca. Mucho menos iba a imaginar que esa discoteca iba a ser el Pont Aeri. Y ya ni os explico lo remoto que era el hecho de que esa discoteca la abrieran de nuevo, literalmente, a 500 metros de mi casa. Pero así fue. Cosas veredes.

Y así las cosas, transcurrida la media noche del día 19 de marzo de 2022, en el descampado que hay delante de esta sala y con un cubata en la mano, me encontré escuchando una sesión makinera random de pie junto al maletero abierto de un coche en compañía de mis amigos y con la perspectiva de una noche de fiesta a manos de DJ Skudero. No sabía muy bien cómo sentirme. Era demasiado bonito para ser verdad: la makina como estilo parece estar renaciendo, las discotecas vuelven a abrir con total normalidad y trasladan el Pont Aeri a Cerdanyola, a 10 minutos andando desde mi casa. Maldita sea, qué acertado fue ese título. Nunca hay que decir que es la última vez. Jamás.

La discoteca no era la mejor, la música que sonó, en fin, tampoco fue la mejor -eh, Xavi Metralla-, pero volví a pagar una entrada, volví a girar mi muñeca derecha para que me pusieran un sello, volví a hacer cola para beber aguarrás, volví a bailar, a saltar, a darme un garbeo por la sala para echar un vistazo, a intentar no tocar nada del inmundo lavabo, a salir a fumar y a comentar la jugada, a saludar a gente, a mezclarme con cientos de personas sin mascarilla, maridando olor a alcohol, sudor y desinfectante con vatios de sonido. Volví, al cabo, a vivir una noche de fiesta con todas las de la Ley, incluyendo un mosqueo cebollino por un final de sesión indigno con pedodeviejacore, también conocido como frenchcore; pero, en fin, no todo el monte puede ser orégano.   

El caso es que, por fin, pude escuchar algunas canciones de esta nueva makina que parece estar resurgiendo no en una fiesta privada, no en mi casa, no en una sesión, sino en directo y en una discoteca. Pecata minuta en comparación con el remember que, por supuesto, imperó en prácticamente toda la sesión, pero no os imagináis la ilusión que me hizo escuchar una mezcla del Ruboy vs Aier - Microwaves con el Insert Coin - The Ultimate.

Y en este contexto, bajo estas premisas, tras más de un año sin preparar una sesión de temporada, me puse a ello. Llevaba meses preparando una mezcla por aquí, otra mezcla por allá, pero no acababa de dar con la clave para hacer una sesión con música actual que tuviera mis estándares de calidad. Quizás me faltaba este empujón. Esta ilusión. Este regreso. Y con ello os ofrezco una nueva sesión para este verano de 2022 que, por supuesto, será la penúltima. Siempre la penúltima.

DJ HARDBEAT - SUMMER SESION 2022

Tracklist

1.- Siscu C.R. - Resiste vol 2 (La Luz)
2.- Secret Phunk - I Wanna Rock You
3.- Kike Del Sol - Eclipse
4.- Xavi BCN - A Whiter Shade Of Pale 
5.- DJ T-T Destroy - Lost in Paranoid
6.- CJ Rolo - Android 
7.- Javi Tracker - Old Appears
8.- 4 Guns - Emergence 
9.- Puchy vs Barris - La Llave De La Fiesta
10.- Abel Effect - What! (Original Mix) 
11.- Aleks & Could - Let There Be Light
12.- Artic-Zone - Moonrise (T-78 Remix)
13.- Wasi Distorsion & The Name - Pastbreak 
14.- 50% Of The Dreamteam - B With You 
15.- Ruboy vs Pastis & Xavi Bcn - Last Requiem
16.- Simon J Bergher - The End Is Important (Trance Generators Mix) 
17.- Ruboy vs Radium - Judgement Day 
18.- DJ Meet vs DJ Paranoyd - Secret Nations 
19.- DJ Manu - Retrolina
20.- Tete Level - Independence 
21.- Brain 13 - Acid Machines (Cutoff Mix)
22.- Digital Commandos - Burnin Like Fire (Original Mix)

 

25.02.2022 14:45

Más de dos años. No es que yo sea persona que, a mi edad y con mi criterio, todavía habitúe a ir de discotecas cada semana, ni tan siquiera cada mes, prefiriendo a estas alturas de mi vida otras actividades; pero desde que cumplí los 16 años, jamás había estado tanto tiempo sin pisar una discoteca. Más de dos años. Dos años de pandemia, de restricciones, de cierres, de aislamiento, de cuarentenas… dos años que se han esfumado y que ya no recuperaremos. Por supuesto, intentaremos volver a la normalidad después de esta sexta y parece que última ola de COVID-19, pero ya nada será igual. Nosotros no lo somos. Y las discotecas, seguramente, tampoco.

El día 1 de febrero de 2020, poco imaginaba yo que iba a empezar este artículo de este modo. Tampoco imaginaba ese día acabar en una discoteca, pues estaba cansado, algo resacoso y sin ningunas ganas de ir; pero, al final, las mejores fiestas siempre empiezan así o con la manida frase de “sólo me tomo una”, ¿verdad?. Y así fue. Sobre las 20.00h, salimos de Cerdanyola, aparcamos el coche en el barrio de Guinardó y el metro de Barcelona nos llevó hasta Plaza España, donde dimos buena cuenta de una botella de ginebra y de más tabaco del necesario bajo unas sombras cercanas a la Fuente de Montjüic, evitando la indiscreta mirada de la policía. Risas, conversaciones sobe viajes, buen rollo, cubata va, cubata viene; en fin, lo que viene siendo un botellón al uso, canónico, de los de antes: clandestino, pequeño y oculto, sin aspavientos ni alaridos, nada que ver con los botellones multitudinarios absurdos que se han puesto de moda actualmente. Una previa en condiciones.

Curiosamente, la última vez que fui a una discoteca fue también la primera vez que fui a esa discoteca, pues a pesar de haber oído hablar de ella en numerosas ocasiones, nunca me había aventurado a ir: InPut Barcelona (High Fidelity Dance Club). Techno, me decían, por lo que me cuadraba música y paisanaje, toda vez que, en esa zona de Barcelona, los extranjeros seríamos nosotros. Ambiente guiri, pero elegante, nada de antros pachangueros sucios y decadentes de las Torres Mapfre. Así que, tras la satisfactoria previa, subimos andando por la carretera que lleva al Palau Sant Jordi hasta adentrarnos en el Poble Espanyol a través de la majestuosa Puerta de Ávila, que imita la muralla medieval de la ciudad de nombre homónimo. 

Poco esperaba yo que la última -penúltima, perdón, voy a utilizar el mismo recurso que con las copas- discoteca que iba a pisar en mucho tiempo me iba a alucinar hasta ese punto. Os lo aseguro. A estas alturas, repito, de mi vida, creo que habré pisado más de 40 salas de baile en más de 6 provincias españolas, sin olvidar el extranjero, los conciertos, los festivales y, en fin, todo un crisol de lugares de ocio nocturno; pero pocas veces había sentido lo que me ofreció Input. Era una discoteca total. Un equipo de sonido espectacular, el mejor que he visto en mi vida. Un equipo de luces y efectos que parecía, literalmente, una nave espacial. Una sala circular, llena de gente, en cuyo interior te sumergías en un mundo paralelo, con cada bombo golpeando tu pecho como un puñetazo. Así que, tras la ruta de reconocimiento habitual, pedirme un cubata y tomarme un chupito –de jägermeister, seguramente, no estoy seguro-, me introduje en el gentío para empezar a volar. Literalmente.

Pinchaba un tal Fideles. Techno melódico, no desprovisto de contundente bombo, que te hacía moverte sin necesidad de que le pusieras voluntad. La música se introducía en tu interior y te hacía fluir en una sala llena hasta los topes de personajes de toda condición que, en el mejor de los casos, movían la mandíbula por encima de sus posibilidades. No era mi caso, claro, yo con unos cuantos cubatas, un chupito y un par de caladas a un porro era feliz, no necesitaba más que música y más música. Melodías. Bombos. Psicodelia. Miraba a mi alrededor y las canciones iban pasando, junto con el tiempo, sin que me diera cuenta. Una verdadera experiencia.

La noche acabó de manera abrupta cuando la prima de uno de mis amigos, que había venido de Granada, detectó que le habían robado el teléfono móvil. Una gran putada que intentamos subsanar sin éxito con los porteros de la discoteca y que nos hizo abandonar la sala antes de lo previsto dirección a la comisaría de Plaza España. Al parecer, el paraíso de las discotecas también era el paraíso del ladronicio, pues había grupos organizados que se dedicaban a sisar móviles principalmente a los guiris y éramos como los cuartos que denunciábamos esta mierda esa misma noche. Así que jodidos, con un mal sabor de boca pese al festival que habíamos vivido, pillamos un taxi y volvimos a Cerdanyola, prometiendo volver en cuanto fuera posible; eso sí, con los móviles a buen recaudo.

Prácticamente una semana después, moría la primera persona de COVID-19 en España y, aunque todavía no lo sabíamos, nuestro mundo iba a cambiar por completo. Y esta discoteca, esta fiesta, esta noche, iba a ser la última noche normal de otras tantas noches que íbamos a pasar confinados, con el ocio nocturno clausurado, escuchando música desde nuestra casa, limitando el contacto humano, sometidos a un bélico toque de queda… y dejando promesas, ilusiones y fiestas en un cajón, encerradas, buscando mejores momentos.

Tenía que hacerlo y lo he hecho. Un homenaje a esta sala, a esta música, a ese dj, a esta noche. A la penúltima. Desde luego, no le podré devolverle el teléfono móvil a Nieves, pero puedo tratar de recuperar la esencia de ese día, lo que significó para mí, lo que ha supuesto durante estos últimos dos años. Y espero haber estado a la altura.

DJ HARDBEAT - LA PENÚLTIMA

Tracklist

1.- Monolink - Swallow (Tale Of Us Remix)
2.- NTBR - Power of Acid
3.- Smilla - Play (Worakls Remix)
4.- Charlotte de Witte - Return To Nowhere
5.- Atze Ton - Proper (Mozzy Rekorder Remix)
6.- Kalmer - Alternate Path (Original Mix)
7.- Alignment - Inner Voice (Original Mix)
8.- Regal - Fenix (Original Mix)
9.- Anna - Dimensions (Original Mix)
10.- KAS.ST - Hell On Earth (Original Mix)
11.- ASYS - The Acid (Original Version)
12.- Marcus Meinhardt - Lost Paradise (Lunar Plane Remix)
13.- David Temessi - The Seventh (Original Mix)
14.- Dominik Saltevski - Aspire
15.- Charlotte de Witte - Rave on Time
16.- Jacidorex - Trave
18.- Klangkuenstler - Armageddon
19.- MOTVS - The Warning
20.- Cherrymoon Trax - The House Of House (Thomas Schumacher Remix)

 

16.07.2021 14:08

Si hay una constante en esta era de la rápida transformación y el cambio acelerado es que, con independencia de la situación económica, pandémica, social, moral e intelectual, los héroes continúan surgiendo como hongos, hop, aquí y allá, debajo de ese árbol, al lado de ese musgo, en las heces de tu conejo tras varios días sin recogerlas –esto me ha pasado, lo reconozco-. Así que mi serie de artículos referida a los héroes postmodernos no sólo no ha perdido ni un ápice de modernidad, sino que en estos extraños momentos que nos ha tocado vivir continúan en el disparadero, pues estos personajes, como la vida, se abren camino.

Seguidme, seguidme, entrad conmigo en esta cueva. Hay caramelos.

HÉROE POSTMODERNO IV (Repartiendo galletas, que es gerundio)

Los iluminados prebostes de esta sociedad agilipollada pero pura de intenciones e imbuida de una elevada moral llevan unos cuantos años abominando las grandes virtudes de dar una hostia con la mano abierta a alguien, sea a niño o a adulto. Sí, sí, me refiero al guantazo, al soplamocos, al aplauso de cara, a la sonora caricia de una pícara mano contra un rostro desprevenido. Yo, que era niño de buen talante, pero algo cabrón, recibí no pocas bofetadas que corrigieron comportamientos que, a día de hoy, ni se me ocurre reproducir, pues quedó la lección bien aprendida con cinco dedos dibujados sobre mi cara; pero nuestros modernos pedagogos confunden un correctivo físico leve y excepcional con dar palizas por placer, como si fueran la misma cosa. Al parecer, un galleto bien dado causa trauma en los niños, a los que hay que aleccionar con sabias palabras, estrategias sentimentales y empatía paterno filial; ejercicios educativos, todos ellos, que están dando un gran resultado… ¿verdad?

Pues no. Estas majaderías no están dando buen resultado, pues la insolencia, la mala educacion y la arrogancia campan a sus anchas en mucha gente muy joven a la que nadie les ha girado la cara nunca. Yo no soy partidario de la violencia gratuita, pero en ocasiones es una respuesta legitima que evita males mayores. Y si hablamos de girar caras y de respuestas legitimas, os traigo un ejemplo que es más delicioso que una tostada con escalibada, olivas negras y anchoas. Sí, anchoas. Un manjar selecto, salado, sabroso, que en según qué contextos, no obstante, puede resultar ofensivo. Y si no, que se lo digan al youtuber MrGranBomba.

Este pelafustán, que a la postre es el insigne protagonista de estas líneas, se dedicaban a hacer el necio en YouTube a través de bromas sin gracia y payasadas que sólo gustaban a chavalería que todavía no tenía bello púbico. En uno de sus vídeos -que no puedo reproducir porque borraron el canal-, se dedicó a parar a gente por la calle e intercalar insultos de creación propia con preguntas sobre ubicación; consiguiendo que mucha gente se quedara cortada o que no supiera cómo reaccionar cuando un chaval, con normalidad absoluta, decía: “¿Sabe dónde se encuentra la Calle del Pecado, percebe engominado?”, “No me ha quedado claro, larva fecal, ¿puede volver a indicarme?”. 

Y así, igual que un niño rata que va tirando globos de agua a la gente por la calle, nuestro protagonista siguió con su juego, ofendiendo a personas que, en el mejor de los casos, querían que los dejaran en paz. Sin embargo, no todo el mundo reacciona del mismo modo. No todo el mundo toma una posición pasiva o complaciente. No todo el mundo está dispuesto a que semejante pollomoco esmirriado le pare por la calle y le llame cara anchoa.

Imaginaos la escena: un hombre joven, agobiado por su trabajo de repartidor, recibe el alto del youtuber faltón. Con paciencia, le ofrece las indicaciones oportunas, pero detecta algo anómalo. En la pregunta y en la posterior repregunta, se cuelan palabras que no proceden. En concreto, percibe que ese chaval le está llamado, con sorna, cara anchoa. Evita con todas sus fuerzas el enfrentamiento, le da varias oportunidades de irse. Pero ante su insistencia, pasa lo que debería haber pasado mucho antes: abofetea con rapidez gatuna, con fuerza colosal, el rostro del graciosillo con cara de cepillo, emitiendo una gran onda sonora a su alrededor. Severo correctivo al canto. Cara marcada por la infamia. Y, por desgracia,  una absurda polémica en la sociedad que acabó en nada .

Y sí, el youtuber aprendió la lección. Retratado ante toda España como un niñato, abofeteado con razón por un verdadero héroe, con el rostro magullado, como podeis ver en la imagen, moderó su comportamiento y, ahora, aunque su contenido sigue siendo vomitivo, al menos no toca los cojones a quien no debe. Y todo eso se lo debemos a un tortazo dado a tiempo. A un tío mosqueado que dijo que hasta aquí habíamos llegado. Un repartidor que tanto te entrega un paquete como te alecciona al adolescente tocacojones con su divina mano. Con sus cinco dedos cargados de justicia. Un jodido heroe postmoderno.

Gran Bomba, youtuber faltón,
al final te llevaste un bofetón.
 
Persona equivoca encontraste
y su buen talante afeaste,
recibiendo sonoro soplamoco
que a muchos nos supo a poco.
 
Cinco dedos en tu suave rostro, 
enseñan, como un buen maestro,
que al prójimo no debes insultar
si roja tu faz no quiere acabar.
 
Gran Bomba, fuiste un ruin majadero,
y un sopapo te llevó al recto sendero
 

HÉROE POSTMODERNO V (Para vacuna, la que tengo entre las piernas).

Después de muchos, muchos, muchos años de aficionado a la pornografía, he visto, literalmente, de todo. Internet es un agujero negro de depravación y cualquier fetiche, por raro, disparatado o cochino que sea, encuentra su lugar. Yo, que públicamente diré que soy un hombre de gustos muy normales, buceo en páginas web de pornografía en streaming buscando vídeos de lo más normales; es decir, enanos albinos hermafroditas penetrando analmente a abuelas negras con los pezones anillados. Cosas así. El caso es que, con tantos años de almanaque marrano a mis espaldas, he tenido el placer de conocer el freakismo más absoluto dentro de este mundo.

Y ojo, no digo freak en el mal sentido, como por ejemplo el turbio Torbe, sino a peña que huye del clásico concepto del tío mazado con polla gorda. En el caso que nos ocupa, polla tiene, y mucha, pero lo que hay detrás de ese gran miembro es un chavalillo delgado con cara de panoli. Érase, en definitiva, un actor porno a un rabo pegado, llamado Jordi, pero oriundo de Ciudad Real. No en vano, se hace llamar Jordi El Niño Polla. Especializado en follar con maduras ya sea haciéndose pasar por doctor, por amigo del hijo de la madre cachonda, por adolescente aturdido, por tímido virgen o por pardillo random que oculta tener más polla que brazo, se ha currado una exitosa carrera. Y me parto con él. Es un tío que ha sabido explotar su condición y que nos enseña su periplo profesional a través de una serie llamada “Mi dura vida” en YouTube. Y que, como os imaginaréis, es carne de meme.

Hace unos años, en un viaje norteamericano que realizó durante varios meses patrocinado por la productora Brazzers, consistente en recorrer ese país de Este a Oeste ofreciendo su gran atributo a toda madura que se terciase, hizo un sketch fabuloso en el que se hacía pasar por doctor para darle amor a una enfermera de busto generoso. Veni, vidi, vici, llegó, penetró y eyaculó sobre el rostro de Brooklyn Blue. Una escena pornográfica más, al cabo, con un guion pésimo que recrea una situación absurda, pero que dejó el terreno abonado para que una pandemia rescatara esas imágenes.

El seguimiento de la pandemia de COVID-19, por sus especiales características y por la época histórica que le ha tocado en suerte, ha encontrado en las redes sociales e Internet, en general, su principal medio de información; con todo lo bueno y lo malo que ello representa. Las fake news eran y continúan siendo cosa habitual y tienes que estar muy atento para que no te la den con queso, como se suele decir. Y los trolls -¡Ay, mis queridos trolls!-, han hecho su trabajo; y cómo:

Para empezar con el periplo troll de nuestro polludo heroe, nos retrotraemos a los peores momentos de la pandemia de COVID-19. Denominado falsamente como Pedro, Jordi El Niño Polla se coló con su disfraz de médico cachondo en un memorial efectuado en la Catedral de Lima, Perú, dedicado a las víctimas del COVID-19Algún desaprensivo introdujo esta fotografía como si nuestro querido Jordi hubiera fallecido combatiendo la pandemia cuando, en realidad, seguía follando como si no hubiera un mañana con hermosas chicas; eso sí, con mascarilla y previo PCR. Me diréis, a ver, colársela a un eclesiástico peruano quizás no es lo más difícil del mundo, y en ello os tengo que dar la razón. Así que va, le doy un 6, nos echamos las risas de rigor y corremos un tupido velo. Pero ahí no acaba la cosa.

No sé para vosotros, pero para mí, si hay algo más repugnante que una mosca verde posada sobre tu comida o ver a un perro comiéndose su propio excremento, es ver a un político utilizando la corrección política y la falsa empatía para ganarse el cariño del populacho. Y por eso, cuando meten la pasta hasta el fondo, no puedo sino alegrarme; y si, además, participa en ello Jordi El Niño Polla en ello, muchísimo mejor. En este particular caso, trolls mediante, corrió por las redes esta imagen:

Como os imaginaréis, toda la generación boomer, a excepción de los aficionados a la pornografía -que no son pocos, cabe señalar-, cayó en la trampa y compartió esa imagen por todas sus redes sociales, para regocijo y jolgorio de gente como yo, que veía a su madre o abuela con una fotografía de Jordi El Niño Polla en el WhattsApp; pero se supone que un político tiene sus asesores, sus herramientas para combatir la desinformación o, maldita sea, más capacidad para esquivar estos memes. Craso error. Una diputada del PP de Asturias, Reyes Fernández, trasladó el pésame a todos los familiares de “Alberto Sánchez” en una comparecencia pública en la Junta General del Principado. Maravilloso. Esta vez sí, os doy un puto 9.

Un héroe sin capa, sin lugar a dudas. ¿Os dejáis vacunar por él?

HÉROE POSTMODERNO VI (Pollavieja y Chochorancio se lo pasan chachi piruli con la pandemia, tronco)

Si hay una situación que hace sonar la alarma del detector de vergüenza ajena hasta dejarte completamente sordo es la de una persona mayor intentando comunicarse con una persona joven usando, valga la expresión, “su mismo idioma”; esto es, su jerga, sus bromas, su manera de entender el mundo. El salto generacional pocas veces es más evidente que en estas situaciones y el emisor del mensaje, en lugar de conseguir su objetivo, es percibido por el receptor como un imbécil; o, utilizando terminología más millenial, como un pollavieja, en caso masculino, o una chochorancio, en caso femenino. Aquí hay para “todes”.

Cuando esta situación se produce dentro del hogar, con el padre dándole una caja de condones a la hija delante de sus amigas acompañando el ademán con un guiño de ojo o con la madre diciéndole a su hijo, tras pillarle una piedra de grifa, que ella también había “esnifado marihuanas” de joven, la vergüenza ajena alcanza cotas moderadas, soportables, incluso entrañables; y, además, se produce un curioso hecho: tanta vergüenza siente el receptor como el emisor, pues los padres que recurren a estas torpes prácticas lo hacen para tratar de acercarse a sus esquivos hijos adolescentes sin más recurso que su propia experiencia,  recurriendo casi siempre a la improvisación. Joder, yo, que fui un adolescente pajero y malhumorado, no sabría cómo relacionarme ahora con un hijo adolescente pajero y malhumorado. Y seguramente metería la pata, causando rubor propio y ajeno, cuando le aconsejara que probara las duchajas -ducha + paja-, en lugar de estar media hora encerrado en el baño.

El caso es que, cuando esta situación no se produce dentro del hogar, sino a nivel público, ejecutada por políticos de diversa condición aconsejados por sesudos asesores de abultado salario, la vergüenza ajena alcanza niveles que nuestros padres ni pueden soñar, pues ahí hay ensañamiento. Hay empecinamiento. Hay alevosía. Maldita sea, no me creo que no haya nadie que les aconseje que no abran esa puerta, que no crucen esa línea, que no entren en ese jardín; no sé, el Departamento de Jóvenes y Jóvenas, el Observatorio del Porro Transversal o el asesor de adolescencias adolescentes que a golpe de 80.000 pavos al año monta fiestas, saraos y conciertos –un curro que pagamos tú y yo-, debería decirle al político de turno que eso que pretende pasó de moda en el siglo XVI. Pero no.

Ejemplos haylos a manta, pero la campaña para la prevención de la pandemia de COVID-19 entre los jóvenes perpetrado por el Gobierno de la Comunidad Autónoma de Murcia ha superado cualquier expectativa. Merecen vítores, laureles, pétalos de rosa y coronas -no de virus, sino de las de oro-, pues se han pasado el juego de la pollavejez. Han cruzado líneas de vergüenza ajena que parecían imposibles. Y no, no es necesaria la campaña entera para comprender la magnitud del asunto, sino que con una simple imagen os voy a follar la mente:

Un teléfono móvil de los años 90, unas llaves con un llavero de Pac-Man, una rima indigna que incluye la palabra “molar”, “mogollón” y “ligar” y un recuadro cutre con el mensaje escrito con Calibri –al menos no es Comic Sans- que seguramente habrán hecho con el Paint de Windows; todo ello sobre un fondo de colores chillones que, por supuesto, interpela a “los más jóvenes”. Todo muy moderno. Todo muy joven. Todo muy...

Os lo juro, no encuentro palabras para definirlo. Esta campaña publicitaria ha cruzado la frontera de mi terminología e imagino que la de la Real Academia Española para encontrar un calificativo, un epíteto que asignarle. Pero es que si entramos más en detalle y comprobamos que hay un vídeo que dinamiza esa imagen con música con ritmo descuadrado, voces metálicas y otros recuadros con rimas todavía mejores, no me queda otra que quedarme callado, no decir nada; sino sencillamente agachar la cabeza y mostrarles mis respetos a estos héroes de la vergüenza ajena. Hay quien les llama catetos, no sin razón, pero yo prefiero denominarlos héroes postmodernos.

Al ejecto de acompañar mis palabras, os dejo fotos de la presentación oficial de la campaña, para que no penséis que esto es una broma de mal gusto sobre esta Comunidad Autónoma tan dada al cachondeo, una captura del Facebook de la Región de Murcia en el que hacen publicidad de este excremento líquido para que podáis disfrutarlo en toda su extensión y compartirlo con vuestros “panas”, así como un enlace a un vídeo de Canal 7 para que disfrutéis de la canción y de la chapa que os pegan al respecto. Que no se diga que no soy chachi piruli, tronco.

¿Lo vas pillando? Es muy sensillo.

So easy.

11.07.2021 18:49

A finales del año 2015, preparé un podcast cuyo objeto era alzar la voz contra los que propugnan que, a partir de los 30 años, tu bagaje musical se detiene y sólo disfrutas con lo que has venido acumulado hasta esa edad. Me negué a aceptarlo y hoy, 6 años después, sino sin aceptarlo, aunque reconozca que cada vez tengo más dificultades. No todo el monte es orégano, por supuesto, ni siquiera una pequeña parcela del bosque, pero como aquella familia de trompetas amarillas que aparecen bajo el musgo pisoteado, hay música para el que la sabe buscar; cosa que lleva tiempo y paciencia, cabe señalar.

Si con otros estilos mi esperanza se mantiene baja, pero estable, con la makina mi esperanza rozaba el cero absoluto; pero me equivocada. Vaya, si me equivocaba. Y vaya si me alegro de meter la pata en este caso. Durante el 2020 y lo que llevamos de 2021, han surgido numerosos proyectos, no sólo de producción, sino de mezcla, que han permitido focalizar en música toda aquella energía que el confinamiento pandémico generó; siendo, ésta, consecuencia positiva de una situación tan desagradable como la que todavía estamos viviendo. El caso es que la makina, tímidamente, pero con un empaque que no veía desde hacía muchos años, ha empezado a abrirse un nuevo camino, ha brotado de sus cenizas ya frías. Y tiene parte de culpa un tal Rubén Moreno, que seguro que conoceréis...

Os podría explicar muchos dimes y diretes, deciros quién, cómo y dónde, pero estamos hablando de música, así que considero que una sesión puede decir mucho más que mil palabras. Así que escuchad, disfrutad, sonreíd de nuevo, pues, aunque nos pille con canas en la barba, no vamos a dejar escapar esta nueva oportunidad. Aunque sea flor de un día.

DJ HARDBEAT - SUMMER SESION 2021

Tracklist

1.- Codo & Gonza - Already Gone
2.- Lola & Konec - Spook 2
3.- Victor Ronda & DJ Contra - Final Destiny
4.- Ruboy vs Aier – Microwaves
5.- Could - I Can Make This
6.- DJ Puchy & Javier Guerrero - Symphony Melody
7.- Trance Generators - Bang The Drums
8.- Al Storm & Euphony feat Laelia - Never Loved Me
9.- Wasi & BCN - Technoban
10.- Insert Coin - Makina Station
11.- SK9 - Tube (Size Mix)
12.- DJ Sami & DJ Kubik - Mistake 101
13.- Xque? vol 3 - Base Cara B
14.- Be Loud - Red Space
15.- DJ Eirbee - Evolution Base
16.- Insert Coin - The Ultimate
17.- Ruboy - Demolition Base
18.- Pastis & Xavi BCN - Amanecer by Cogo
19.- Poker Bases EP - Tete Level
20.- Antuan - Speed Bass
21.- DJ Pastis - Return To Classics
22.- Marquiz de Sade - Sadizm
23.05.2021 10:44

Han pasado más de 20 años, pero hay sensaciones que no se olvidan. De hecho, es un recuerdo vívido, colorido, rodeado de tal halo de fantasía que muchas veces creo que lo vivió otra persona, en otro planeta, en otra dimensión. Pero no, fui yo, estuve ahí, viví aquéllo, escuché aquellas canciones mientras sonreía, aguantaba un cubata de Ballantines con Red Bull en la mano y lucía torpemente mis pantalones blancos de campana, mi camiseta arrapada, mi pelo engominado y mis 16 años recién estrenados. Todo era nuevo, todo era interesante, atrayente, magnético. Todo era nuevo menos Franco Battiato, que no sólo iba a marcar mi generación, sino que llevaba décadas marcándolas.

Cerco un centro di gravità permanente”, decía una canción, mientras los 130 bpm’s de la versión italodance de Eiffel 65 de este clásico de Franco Battiato hacían que mi corazón se acelerara, mi cuerpo se moviera y mis ojos se cerraran. Las luces de la discoteca parpadeaban a mi alrededor y, en ese momento, mi centro de gravedad era ése. Ese era mi mundo. Mi momento. “Che non mi faccia mai cambiare idea sulle cose, sulla gente”, continuaba, y yo bailaba, sonreía, vivía con una intensidad adolescente que ahora, a mis 36 años, sueño con volver a sentir fuera del país de los recuerdos; pues la discoteca a la que me refiero fue demolida hace más de una década, los pantalones de campana ya no me caben y aquél inocente, inexperto e apasionado adolescente ha dejado paso a un abogado que se niega a crecer, pero que lo ha hecho, muy a su pesar, siguiendo el implacable dictado de las agujas del reloj.

Voglio vederti danzare, come le zingare del deserto” decía otra canción que, directamente, me volvía completamente loco. Y la veía bailar, a ella, a esa chica rubia, morena o pelirroja, qué más da, que hacía palpitar mis hormonas, que ya de por si estaban al borde de la ebullición. Y bailaba yo también, saltando, moviendo los brazos, la cadera, las piernas, sin que pudiera hacer nada por evitarlo. En este caso, era una versión de Prezioso feat Marvin de otro clásico de Franco Battiato. “Gira tutt'intorno la stanza, mentre si danza, danza”, decía el estribillo, como una explosión de felicidad, de energía, de buen rollo. De la música que me hacía vibrar. Cada semana esperaba esa canción. Cada vez que entraba en la discoteca. Cada sábado por la tarde. Era un himno. Era el himno. Era la banda sonora de una época maravillosa.

Por eso, cuando escuché que Franco Battiato había fallecido, una parte de mí murió con él. Por supuesto, nos queda su música, nos queda su voz, nos quedan los momentos en los que nos acompañó, pero el mundo es ahora un poco menos luminoso, un poco más triste, un poco más frío y distante. Por ello, hoy escribo estas líneas. Por él, por mí, por todos los que amamos la música. Por ese siglo XX que poco a poco se nos escapa entre los dedos para dar paso a este futuro incierto de redes sociales, de pantallas, de aislamiento, de ausencia de contacto humano.

Y para hacer frente a tanta melancolía, os dejo una preciosa canción que ofrece un rayo de esperanza y que, pese a su antigüedad, está más vigente que nunca: Pobre patriaSí, cambiará. Verás que cambiará. 

Arrivederci, Franco.

11.05.2021 19:49

Creo que, desde que cree la web, nunca he estado tanto tiempo sin publicar nada, pero siempre hay una primera vez para todo y este 2021, a diferencia de los años anteriores, han emergido duros competidores a mi afición escritora y podcastera: dos videojuegos supremos. ¿Qué? ¿Os esperabais otra cosa? ¿Un hijo, quizás? ¿Un tardío entusiasmo por la jardinería de marihuana o el bricolaje? Al final, por mucho que haga dos días que haya cumplido los 36 años, sigo con mis perpétuos 25 años mentales que, si todo va según mis previsiones, mantendré hasta que estire la pata. Así que sí, videojuegos. Y qué videojuegos: Ghost of Tsushima y Cyberpunk 2077. Y lo peor es que para mi cumpleaños me han regalado otra joya de CD Projekt: The Witcher 3. Pintan bastos para el blog.

En fin, el caso es que, entre partida y partida, entre mongoles invasores y las provocaciones de Jhonny Silverhand, sentí la necesidad de seguir con mi afición extrema hacia la música. Un podcast tiene mucho más trabajo de edición y un artículo requiere documentación, análisis, revisiones; así que crucé el camino de menor resistencia: grabé una sesión de temporada. Una sesión, cabe añadir, que pretendía ser la última que tuviera como base la makina actual, o lo que queda de ella, por lo que exigió que rebañara el tarro de mermelada hasta dejarlo cristalino. Ya no hay más de donde rascar, me dije.

No obstante, desde que preparé esta sesión a mediados del mes pasado, la makina ha experimentado un avance significativo que, desde luego, no esperaba en asboluto: han aparecido nuevos sellos que operan a velocidad de crucero a manos de productores que regresan con fuerza y con una calidad difícil de encontrar en años pasados. Será la pandemia, serán las ganas de fiesta, será el éxito de algunos canales de YouTube, será la vuelta de EQ+T... no sé exactamente qué ha sido o dejado de ser, pero el hecho cierto es que la makina vuelve. Regresa. Me da una patada en la boca cuando entono el requiem en mis podcast. Y no podría parecerme mejor.

Así que, como con la cervezas en el bar, esta sesión de temporada será la penúltima. O la antepenúltima. O sencillamente la de primavera de 2021. Chi lo sa.

Tracklist

DJ HARDBEAT - SPRING SESION 2021

1.- AVB feat SDA - In & Out Of Love (Hixxy, Sy & Unknown Remix)
2.- DJ Virus - Masterz Of Bass (Blutonium Boy Hardstyle Mix)
3.- Plus System - This Is How We Do It (Original Mix)
4.- Al-Khemiens Present DJ Robert & DJ Sisu - The Hard Beats
5.- Javi Tracker & Alex - Old Sensations
6.- Cross-B & Raul Lokura Presents DJ Fires - Blue Fire (Original mix)
7.- Kase.O - El Círculo (Intro)
8.- DJ Konec - Would Suck
9.- Ger and Enef - Male-K
10.- Gammer - Re Sauce VIP
11.- Audio Damage - Garlic Breath Tosser (Trance Generators Remix)
12.- Da-Paka - Free Your Energy
13.- Javi Tracker - 4 The Mc's
14.- Ruboy - Good Vibrations
15.- Mugi - Pure Sentiment
16.- DJ Sanlok - Thunder Base
17.- Lazzard - Go (Original Mix)
18.- Autokriminal - D.N.G.
19.- Fraktal feat Sarah De Warren - Rainbows
20.- Lupo & David-D - LSD
21.- David Traya & DJ Destruxion - Microworld X
22.- Hypasonic - Lost Without You (Squad E Remix)
23.- DJ T-TY - Crazy Scratch
23.- Pastis & Xavi BCN - Mer
25.- Brain 16 - Acid Devil (TB Mix)
26.- Raul Lokura - Aura
27.- Shox vs Uri Track - Action Reaction
20.12.2020 11:27

Son las dos de mañana. Miro por la ventana con no poca aprensión y compruebo que Cerdanyola del Vallés se continúa pareciendo al pueblo del aterrador videojuego Silent Hill. El día anterior al que escribo estas líneas cayó sobre mi pueblo un diluvio que pareció anegarlo todo, destruyendo tendido eléctrico, vehículos, casas y minando ya la depauperada moral que venimos arrastrando; y dejando, tras de sí, no sólo los mencionados estragos, sino una espesa niebla que, durante esta noche de insomnio, me está produciendo una profunda desazón cada vez que desvío la mirada hacia la ventana. De momento, parece que Pyramid Head no ha hecho acto de presencia, pero teniendo en cuenta el desarrollo de este siniestro 2020, tampoco parecería una idea descabellada: pandemias, diluvios, destrucción, restricciones, soledad, ruina económica, y no descarto que, antes de acabar el año, alguna infamia se una a las ya mencionadas, al puro estilo de las diez plagas de Egipto. Desazón, sí. Aprensión, también. La moral por los suelos.

Después de la tormenta viene la calma. Un día más es un día menos. Saldremos más fuertes. Estímulos esperanzadores que recibes e intentas creer, pero el tiempo pasa, y ni calma, ni días de menos, ni fuerza de ninguna clase. Imagino que cosa parecida pensarían los ingleses durante la Segunda Guerra Mundial al leer los carteles pegados por todo Londres que rezaban Keep Calm and Carry On; pero comparar a Winston Churchill con Pedro Sánchez es como comparar a un caballo alazán con una hiena. No es lo mismo, desde luego. Y toda esa retahíla de hueca esperanza dicha en boca de traicioneros ganapanes no hacen sino acrecentar nuestra desesperanza y minar todavía más nuestra moral, pues nos da la sensación que somos putas que, encima, ponen la cama.

Así que sí, estamos solos ante este terrorífico 2020 que, por suerte, llega a su fin. Desde luego, no sé si el 2021 nos va a traer más raciones del mismo puchero, pero yo, aunque no crea en propósitos de año nuevo, he decidido hacerme uno que os hago extensivo a vosotros: dejar atrás la tristeza, la melancolía y la desazón. Porque sí, para los millenials y centenials y demás débiles seres humanos nacidos a partir de 1980, esta situación puede ser apocalíptica, pero nuestros abuelos vivieron una maldita guerra, pasaron hambre, recibieron balazos, y nunca les vi llorar por las esquinas. Nuestros padres trabajaban 25 horas al día en trabajos de mierda y les quedaba tiempo para llevarnos al parque. Este 2020 es, a todos los efectos, una cálida charca de agua frente a los fríos océanos que ha tenido que atravesar la humanidad y nuestras quejas infantiles tienen que quedar atrás.

Así que yo me quedo con Winston Churchill y su frase, pues un inglés desembarcando en Normandía tenía más motivos para tener la moral por los suelos que un pajero en pijama confinado en su vivienda con Internet, calefacción, nachos con queso y una esperanza de vida, pese al SARS-CoV-2, que duplica la de principios del siglo XX. Así que Keep Calm, sí, mantened la calma, levantad la barbilla, sonreíd a la vida que tenemos, pese a todo, y bailad, aunque sea en casa. A la mierda el pesimismo, los lloriqueos, las noticias de terror, el miedo y, por supuesto, los que pretendan deciros cómo os tenéis que sentir. La esperanza, al cabo, es lo último que se pierde, ¿verdad?

Así que, con todos vosotros, os presento una sesión makinera que destila buen rollo y que espero que os pueda ayudar en este propósito de año nuevo. Puedo, podéis, podemos. Y no me refiero al partido político, precisamente.

Keep Calm and Dance for Hope

1.- Rolo & Ruboy feat Marian Dacal - Love 4 Harmony (Extended Mix)
2.- Remixes 02 - Base X (Original Version)
3.- Re-Con - God's Child
4.- DJ Baruk & Dan - The Wharf
5.- Obsys - Spektrum
6.- DJ Sow - Modular Xciter
7.- SFDK - Después De (Acapella)
8.- Zairon - Acid Park (Zatox Remix)
9.- Technikore feat Lisa Abbott - My Intention (Dougal & Gammer Mix)
10. 2 Brothers of Hardstyle - I Love This Record (2 Brothers of Hardstyle remix)
11.- Roger Hard - Poison Synth (Suppository 4 Rookies)
12.- K-Rlos DJ - Convoluted 
13.- Raul Lokura - Base Rlk Vol 1
14.- DJ Jos-L - Tattoo (Hard Remix)
15.- Gacia, Julio and Torria - Take That 
16.- Heaven 7 - Hozelock (Original Mix) 
17.- Bart Spinelli feat Mad Bob - Fuera De Cavessa
18.- Scott Brown feat Cat Knight - All About You
19.- DJ Meet - H2SO4 (Original Mix)
20.- Sepi & Bull - Amazing
21.- DJ Mochue & DJ Gino - Dinner 09
22.- CJ Alarm - Gravitation
23.- Overdrums - Informations (Brain Ovulation Remix)
24.- JD-KiD & Kimet - Be Here With You
 
03.11.2020 18:15

Artículo anterior de la seriehttps://www.granollersonfire.com/news/historias-de-espana-de-pandemia-a-pandemia-1918-vii/

Miedo. Quizás más nervios que miedo, es posible, pero ambos sentimientos se entremezclaban para convertirse en, sencillamente, un nudo en el estómago. Un sencillo mensaje propició la aparición de este cóctel de sensaciones: Sergio, has tenido contacto estrecho con una persona positiva, es decir, portadora de SARS-CoV-2. De momento, esa persona es asintomática, pero hay que seguir los correspondientes protocolos. Y así lo hice: llamé a mi Centro de Atención Primaria, tomaron nota de la situación y me dijeron que me llamaría un “gestor COVID”, profesión de nuevo cuño que resulta del todo estrafalaria, pero que parecen ser la piedra angular del seguimiento del virus. Del rastreo, siguiendo su propia terminología. En poco menos de dos horas, recibo la llamada: toca hacerse el famoso test PCR. No me entusiasma la idea de que me alguien urge en mi nasofaringe, pero la prueba, en sí, no me añade nerviosismo adicional, sino que esa intranquilidad me la proporciona la remota posibilidad de que sea positivo en SARS-CoV-2. Llega el día, entro en el centro médico, buenas tardes, vengo a lo mismo que toda esta gente que está haciendo cola, entro en una sala y una doctora, simpática y empática, me dice que me baje la mascarilla y mire hacia adelante. Uno, dos, tres, cuatro y cinco. En cada fosa nasal. No duele, escuece un poco y me provoca una lágrima en mi ojo izquierdo. No es para tanto, pienso, y sólo me queda esperar. Por suerte, la espera es tan corta como un giro de nuestro planeta sobre su propio eje: Soy negativo. Se deshace el nudo.

Y es que, por mucho que yo, con mis artículos, pretenda seguramente con poco éxito que no sucumbáis al pánico, no puedo pediros, como no puedo pedírmelo a mí mismo, que no estéis nerviosos, que no tengáis miedo, que no estéis expectantes, que no os afecte esta pandemia desde una perspectiva psicológica. Mi experiencia personal, al cabo, ha sido insignificante, pues la persona positiva es totalmente asintomática -de hecho, a fecha actual, ya ha dado negativo en la consecutiva PCR que le hicieron 15 días después- y todos sus contactos estrechos hemos resultado ser negativos; pero para otras personas, en otros contextos, el asunto no se ha limitado a un simple nudo en el estómago. Por ello, quiero que quede muy claro que yo en ningún caso me identifico con aquellos que niegan la pandemia, que carecen de empatía con los fallecidos y enfermos, que justifican su irresponsabilidad constante en base a su individualidad, sino que pretendo buscar un equilibrio entre el pánico absoluto, paralizante, y el pasotismo extremo, peligroso e inconsciente.

La situación de alerta subjetiva , además, se corresponde con la alerta objetiva actual, con independencia de que la sobrexposición mediática sea asfixiante y demagoga hasta decir basta y de que las medidas políticas que están adoptando sean –pues no lo parecen, lo son- erráticas, caóticas e improvisadas, tal y como puse de manifiesto en el anterior artículo. La pandemia continúa avanzando de manera imparable, sobre todo en la vieja Europa, y las perspectivas no son nada halagüeñas.  En definitiva, el amarillismo y la incompetencia no están reñidas con una realidad bien complicada. Para muestra, los siguientes datos:

- En Catalunya, mi Comunidad Autónoma, tal y como extraigo de la página web en la que se informa a la ciudadanía de la evolución de la pandemia, se han detectado durante el mes de octubre de 2020 la cantidad de 101.225 casos nuevos, lo que implica un incremento porcentual de un 301,72 % con respecto a los casos detectados en septiembre de este año (33.549).

- En España, la situación es mucho más moderada, como puede comprobarse en la página web del Ministerio de Sanidad, pero se verifica su tendencia alcista: se han detectado durante el mes de octubre de 2020 la cantidad de 434.829 casos nuevos, lo que implica un incremento porcentual de un 54,87% con respecto a los casos detectados en septiembre de este año (298.215).

- Francia y el Reino Unido, han superado, con creces, el millón de casos, superando a los países inicialmente más afectados por la pandemia durante la primera ola, como España o Italia. En concreto, nuestro vecino, Francia, ha pasado de 616.986 casos totales detectados a fecha 1 de octubre de 2020 a 1.458.999 casos totales detectados a fecha 1 de noviembre de 2020; lo que implica que en sólo un mes se han detectado más casos que en los seis meses anteriores sumados.

Bien es cierto, como indiqué en el anterior artículo, que la tasa de mortalidad de la COVID-19 continúa bajando, acercándose más a su mortalidad real que a la mortalidad artificialmente elevada que se dilucidó al principio de la pandemia; y todo ello pese a que el Ministerio de Sanidad, por enésima vez, haya cambiado el criterio de contabilización de los fallecidos, añadiendo al recuento total los casos sospechosos de COVID-19, pero que no han sido comprobados mediante PCR o test de antígenos. De hecho, resulta especialmente llamativo que esta circunstancia se pueda comprobar en un solo mes. Veamos, por un lado, cuál era la tasa de mortalidad en fecha 1 de octubre de 2020:

 

Y comparémosla con la tasa de mortalidad en fecha 1 de noviembre de 2020:

Como veréis, en los cálculos he añadido a Catalunya, pues es la región en la que vivo y en la que más me afectan las complicaciones sociales del SARS-CoV-2; y también podréis ver que nada tienen que ver las cifras que ofrece la Generalitat sobre Catalunya con las que ofrece el Gobierno de España sobre esta misma Comunidad Autónoma. ¿A quién nos creemos? Lo dejo a vuestro criterio. 

En cualquiera de los casos, a nivel global, ha habido una reducción de la tasa de mortalidad de la COVID-19, pese al incremento exponencial de los nuevos contagios, como podemos comprobar en este gráfico combinado en el que he recopilado los datos de contagios y fallecimientos en todo el mundo por quincenas, estableciendo una tasa de mortalidad parcial para cada uno de estos periodos temporales:

Sin embargo, pese a todo lo expuesto, se está produciendo una circunstancia ajena al incremento exponencial de los contagios, a la disminución de la tasa de mortalidad, al periodismo basura que hace carnaza de los fallecidos, a los políticos que no rastrean la enfermedad para evitar su propagación sino para llevarse un buen pellizco económico; o a mis datos, objetivos, pero fríos: la saturación hospitalaria. Ése es el asunto ciertamente preocupante en la actualidad y puede poner el jaque sanitario a nuestra sociedad si no se toman medidas, pues no sólo implica a los enfermos de COVID-19, sino a cualquier persona, con independencia de su patología, que necesita asistencia médica y que ante una falta de recursos puede verse desamparada. Para hacer frente al problema, según mi humilde opinión, disponemos de dos herramientas: la disminución del contacto social, por parte de los ciudadanos, para evitar la propagación de la enfermedad; y la dotación adicional de materiales, profesionales y centros médicos, por parte de los políticos, para poder atender a los enfermos.

En fin, fijada la situación actual, expuesto el problema, planteadas algunas herramientas de resolución que parece, al menos, lógicas, lo que cabe plantearnos es cómo están respondiendo las autoridades ante la actual coyuntura. Qué medidas, en definitiva, se están tomando al respecto. Ya comprobamos los vaivenes, los disparates y la incompetencia de la que hicieron sobrada gala durante la primera ola, como expuse en los anteriores artículos, pero quizás el Gobierno, tanto estatal como regional, ha aprendido de sus errores y está actuando como se espera de él tras la experiencia acumulada… ¿o no? Veamos.

Las medidas adoptadas por los responsables políticos ante la segunda ola de SARS-CoV-2

Durante la primera quincena de octubre de 2020, la situación que se estaba produciendo en la Comunidad de Madrid que ya apunté en el anterior artículo se fue extendiendo a prácticamente todas las Comunidades Autónomas. Sirva como ejemplo de este agravamiento de la situación epidemiológica comparar la incidencia acumulada (casos por cada 100.000 habitantes) de mi Comunidad Autónoma, Cataluña: si bien el día 1 de octubre de 2020 era de 144,80, el día 15 de octubre de 2020 alcanzó la cifra de 272,26; es decir, casi el doble, siendo el incremento exponencial; pues una semana después, es decir, el día 22 de octubre de 2020, llegaba a 429,66; y dos semanas después, es decir, el día 29 de octubre de 2020, llegaba a 680,55.

Ante estas circunstancias, toda vez que el sistema sanitario empezaba a estar ciertamente tensionado, las Comunidades Autónomas, que en régimen de cogobernanza con el Estado gestionan la pandemia en la actualidad, solicitaron al Gobierno de España que se tomaran medidas. La gran pregunta era, ¿qué medidas se iban a tomar? Los medios de comunicación, estos grandes aliados del poder, fueron allanando el terreno a los responsables políticos para que nos sirvieran de cena una medida que, con independencia de si es o no adecuada, hizo que más de uno arqueáramos la ceja o, directamente, nos preguntáramos si habíamos retrocedido de siglo: el toque de queda.

Sí, lo sé, en el fondo es una medida equivalente a un confinamiento domiciliario parcial, cosa que ya hemos sufrido durante la primera ola de SARS-CoV-2, pero el término, la expresión en sí, el concepto, nos lleva necesariamente a pensar en una guerra o un conflicto militar interno; pues es en ese contexto cuando se han aplicado los toques de queda históricamente, tanto en España como en el resto del mundo. De hecho, en nuestro país, el último toque de queda que se recuerda fue el que el decretó el Teniente General Jaime Milans del Bosch durante el golpe de estado de 1981. Tanques en Valencia. Ésa es la imagen que me viene a la mente cuando hablamos de esta figura de control social.

No obstante, por un desafortunado mimetismo con otros países de Europa, el Gobierno de España llegó a la conclusión de que era la mejor medida que podía tomar para frenar la segunda ola. Y, estado de alarma mediante, en fecha 25 de octubre de 2020 aprobó la resolución legal que limitaba, de nuevo, nuestros derechos constitucionales, dejando en manos de las Comunidades Autónomas la ampliación, moderación y suspensión de estas medidas en función de sus criterios sanitarios:

- Implantación de toque de queda nocturno: Queda prohibido circular por las vías o espacios de uso público entre las 23:00 y las 6:00 horas, con excepciones.

Cierre perimetral de las Comunidades Autónomas.

- Limitación de concurrencia de más de 6 personas en espacios públicos o privados.

De nuevo en la brecha, amigos míos, otra vez”, podría deciros, recurriendo a la celebérrima cita de Shakespeare en su inmortal obra de teatro de Enrique V, pero, sinceramente, el cuerpo no me pide que cierre la cita completa, compeliéndoos a que “aprestéis los dientes, abráis las ventanas de la nariz, contengáis el aliento y concentréis el espíritu a su máxima altura”, pues empiezo a estar de esta pandemia realmente hastiado, fatigado, harto, aburrido, enfadado, nervioso, intranquilo; dicho en román paladino: estoy hasta los cojones. Y no soy el único. No obstante, asumo mi parcela de responsabilidad y acato esta norma.

Del mismo modo que acato esta norma, estoy acatando las que la Generalitat de Catalunya ha aprobado en base a la misma: se ha procedido al cierre de bares y restaurantes y, además, se ha impuesto un cierre perimetral por municipios durante el fin de semana; es decir, que no puedes salir de tu pueblo o ciudad desde las 6:00h del viernes hasta las 6:00h del lunes. Más limitaciones, más restricciones; pero oye, las asumo, por responsabilidad, pues, en efecto, como he comentado anteriormente, la reducción de la interacción social es una de las herramientas que tenemos para frenar la expansión del SARS-CoV-2.

No sólo yo, claro, sino gran parte de la ciudadanía, pese al agotamiento mental, pese a tener que vivir con miedo, restricciones y en muchos casos ruina económica, a pesar de lo que ya empiezan a llamar como fatiga pandémica, nos hemos tragado este sapo e incluso no ponemos mala cara al masticarlo. La paciencia es un bien fungible que, como el dinero de muchas cuentas bancarias, empieza a acabarse, pero nos aferramos a los últimos euros que nos quedan. Es lo que toca, ¿no?

Pues parece que no. Al menos, no para todos. Y es que se dio la fabulosa circunstancia de que, mientras los simples mortales estamos sometidos a todo lo expuesto, el diario El Español, de Pedro J. Ramírez, celebró su quinto cumpleaños el día 26 de octubre de 2020 en el Casino de Madrid con 150 invitados con cena de gala, copas y todos los lujos imaginables. A esa fiesta, que por cierto se celebró de noche, asistió lo más granado de la sociedad española, como la Presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, el Presidente del Partido Popular, Pablo Casado, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, la Fiscal General del Estado, Dolores Delgado, y tres ministros del actual Gobierno de España, entre los que se encontraba Salvador Illa, que asume la cartera de Sanidad. Aquí os pongo unas imágenes de este evento que, como he indicado, son absolutamente fabulosas:

Y me diréis, ¿qué tiene esto de fabuloso? La paradoja. La paradoja que se produce al comprobar que, mientras los ciudadanos estamos pagando un alto precio social sometidos a restricciones al derecho de reunión, a un toque de queda, al cierre de negocios de restauración y a la ruina económica, la plana mayor de la política española asiste a una gala nocturna con más de cien invitados a cenar las sabrosas viandas que les prepara un chef con 2 estrellas Michellin y a beber buenos licores; estando algunos de ellos sin mascarilla, claro. Añadiéndole al asunto, para mayor escarnio, la concurrencia del Ministro de Sanidad, actuando como aquellos médicos que te pedían que dejaras de fumar con un puro en la boca y la consulta llena de humo.

Pero es que la cosa no se queda aquí. ¿Os acordáis de las dos herramientas para frenar el colapso hospitalario derivado de la expansión incontrolada del SARS-CoV-2? Mientras los ciudadanos utilizamos la única que disponemos, que es el distanciamiento social, ya sea voluntario u obligatorio, asumiendo el sacrificio que supone, la clase política, no sólo incumple esta herramienta, sino que además inutiliza la que a ellos les corresponde, que es el refuerzo del sistema sanitario: los Presupuestos Generales del Estado para 2021 rebajan en un 3,7% su inversión en salud pública (pasando de los 37,6 millones de euros en 2020 a 36,2 millones de euros en 2021) pese a la saturación hospitalaria actual. Doble infamia para el Ministro de Sanidad.

¿Indignante? Mucho. ¿Vergonzoso? Hasta el hartazgo. Y es que, si nos tenemos que sacrificar, si tenemos que asumir pérdidas, si tenemos que tomar medidas, éstas deben alcanzar a todo el mundo. El cansancio frente a la pandemia ya no alcanza únicamente al virus en sí, sino a tener que soportar que un político me exija que no vaya a cenar con mis amigos o familia mientras él asiste a galas de lujo nocturnas. Tener que aguantar que hablen de saturación hospitalaria y que su única respuesta sea el medieval confinamiento, útil pero insuficiente, en lugar de rascarse el bolsillo, recortar gastos absurdos y reforzar la salud pública. Tener que sufrir sus tórridas aventuras sexuales con medidas totalitarias que van aplicando aquí y allí como conejos sacados de una chistera que buscan más el control social que el control del virus. Tener, en definitiva, que aguantar estos desagravios además de la enfermedad y la muerte.

Psicológicamente, ya no sólo tenemos que lidiar con la propia pandemia, sino con esta gestión nefasta de la misma. Y someter a la población a semejante presión durante mucho tiempo no sé en qué puede desembocar. Eso debería darnos más miedo que la propia COVID-19.

28.09.2020 20:19

Artículo anterior de la seriehttps://www.granollersonfire.com/news/historias-de-espana-de-pandemia-a-pandemia-1918-vi/

Muerte. Cada día, al levantarme por la mañana y servirme un café mientras con torpes andares camino por la cocina, enciendo la radio y escucho muerte. También escucho otras cosas, por supuesto -conceptos, voces y siglas que se han introducido en mi vida sin previo aviso y que, ahora mismo, son tan comunes en mi vocabulario como los buenos días que le doy a mi mujer en ese tempranero momento del día-: ERTE, PCR, confinamiento, contacto estrecho, mascarilla, rastreo, contagio, asintomático, segunda ola, cuarentena, vacuna, limitación y, mi preferida: prohibición. Y cada día, al levantarme, huelo el café, tras paladearlo. Cuando su amargo aroma inunda mis fosas nasales y su intenso sabor provoca una reacción en mis papilas gustativas, respiro profundamente: sin tos, ahogo o fiebre, es el único método que tengo para comprobar en mi casa y en zapatillas que el SARS-CoV-2, de momento, no ha venido a visitarme. O, al menos, no se ha manifestado; por lo que, sin saberlo, puedo formar parte del curioso colectivo de los asintomáticos. Me encojo de hombros. Yo qué sé.

Por costumbre, aunque el estado de alarma haya quedado lejos, así como el confinamiento –pues, aunque diga el Presidente del Gobierno que no existió en mayo, a mí me pareció tal cosa-, reviso diariamente los reportes que tanto la Generalitat de Catalunya como el Gobierno del Estado facilita sobre el avance de la pandemia. Tenía pensado dar por finalizada mi serie de artículos sobre el SARS-CoV-2, pero si en 28 días se crea un hábito, imaginaos en más de 90. Y el caso es que, más de tres meses después de publicar el último artículo sobre la COVID-19, continúo con mis Excels: casos confirmados, fallecimientos, porcentajes, incrementos parciales, etcétera. No me lleva más de medio minuto completar los campos de manera diaria, a decir verdad, y me gusta tener cierta sensación de control, aunque sea falsa.

En fin, esto debe ser la cacareada nueva normalidad. Muertes para desayunar, estadísticas a media mañana, teletrabajo el resto del día. Yo, por mi parte, en lo que puedo, intento desterrar el nuevo epíteto de la vieja normalidad, y aunque lleve mascarilla y cumpla las medidas de seguridad e higiene que recomiendan las autoridades, intento seguir con mi vida: vacaciones en Asturias, viernes con los amigos, visitas a familiares. Incluso asistí al entierro de mi pobre abuela Pilar, que expiró por motivos que nada tienen que ver con la pandemia y que, si seguís mis artículos, ya conoceréis. He aceptado esta situación y la intento sobrellevar de la mejor manera posible, buscando el punto medio aristotélico, como siempre: ni pánico, ni pasotismo. Ni terror, ni negación. The show must go on.

Sigo pensando, como intenté dejar patente en los anteriores artículos, que la mejor manera de relativizar lo que está pasando es analizarlo con cierta frialdad. Por las mañanas, cuando escucho la radio, no me interesan las opiniones de analfabetos contertulios suscritos a la secta del lugar común ni las sentencias pretenciosas de expertos de la nada que sólo generan miedo: quiero números para trabajar. Yo ya sacaré, en su caso, mis propias conclusiones. Por eso he seguido rellenando mis tablas de cálculo. Por eso, pese a tanta sobrexposición sobre la muerte y la enfermedad, mantengo una postura de calma tensa. Por eso he decidido seguir con mis artículos, pues no sólo me ayudan a aplicar este sano relativismo frente a la pandemia, sino que, quizás, y sólo quizás, consigo que otras personas vean las cosas de otra manera frente a un catastrofismo que sólo nos llevará a la depresión; no sólo económica, sino mental. Pues el pánico sigue siendo nuestro peor enemigo.

La situación de la pandemia a principios de octubre de 2020

Desde una cuestión puramente numérica, los datos que nos ofrecen las diferentes autoridades nos muestran, de manera muy clara, que la pandemia de SARS-CoV-2 está muy lejos de darse por terminada. Como podemos comprobar en la base de datos elaborada por el CSSE de la Universidad norteamericana Johns Hopkins, que continúa siendo una absoluta referencia para controlar la evolución de la pandemia a nivel global, los nuevos casos de contagio de SARS-CoV-2 continúan creciendo en prácticamente todos los países del mundo; si bien, la progresión está lejos de ser exponencial. El caso es que la cifra de contagios detectados, a fecha de 1 de octubre de 2020, ha alcanzado la cantidad de 34.048.480; y, asimismo, se ha superado el simbólico número de 1.000.000 de fallecidos a causa del COVID-19; concretamente, la cantidad de 1.015.429. Para que nos hagamos una idea de la magnitud de estas cifras, hasta esa fecha, el virus ha infectado a una población equivalente a la censada en Canadá y ha propiciado la muerte de una población equivalente a la censada en las ciudades de Sevilla y Córdoba juntas.

En España, tras el mes de calma que siguió la llegada de la llamada nueva normalidad, hemos comenzado, de nuevo, una progresión diabólica que nos ha llevado de 300 contagios al día en junio de 2020 a más de 11.000 a principios de octubre de este mismo año y que nos ha catapultado, de nuevo, a la cima de los países más afectados de Europa. A fecha 1 de octubre de 2020, acumulamos 778.607 casos y 31.973 fallecidos, según datos oficiales, con  una Comunidad de Madrid absolutamente desbocada y que, a la práctica, ha sufrido la intervención del Ministerio de Sanidad, pese a la foto de las banderitas de la semana pasada. Dicho de otro modo, estamos claramente ante la famosa segunda ola. Como el sarcasmo de la miel sobre hojuelas ya me lo conocéis, recurriré a otro dulce más castizo para referirme a la situación de nuestro país: torrijas con canela en rama.

¿Y, además de este pulso político entre Isabel Díaz Ayuso y Pedro Sánchez sobre la capital, qué más han hecho las autoridades frente a la situación actual? Prohibir y obligar. Y es que quién querría otorgar más fondos a la sanidad pública, contratar más enfermeros y médicos, hacer una búsqueda más activa del virus o tratar de unificar una respuesta basada en criterios lógicos cuando es mucho más barato, sencillo y fácil de asimilar para nuestra sociedad ultramontana una buena prohibición, una obligación absoluta o una buena dosis de culpa colectiva. Primero fue la mascarilla obligatoria en la vía pública. Luego, la prohibición de fumar al aire libre. Más tarde, la limitación de reuniones; primero diez, luego seis, mañana seguramente persona y media. Y todo ello en un caos normativo causado por la derivación de funciones del Estado a las Comunidades Autónomas, que, como verdaderas taifas, han “combatido al virus” a su libre antojo, picadas entre ellas para ver quién prohíbe más o se saca el conejo más gordo de la chistera en lugar de colaborar entre ellas y con el Estado desde la cercanía institucional con el territorio. Desde luego, bien lejos de la  famosa cogobernanza que tan bonito se las prometía; siendo el ejemplo de Isabel Díaz Ayuso un paradigma de otros tantos que, al parecer, no molestan al Ejecutivo central por motivos que nada tienen que ver con la sanidad. La gestión política actual de la COVID-19 en España se parece, en definitiva, y para que os quedéis con una imagen, a una viñeta de la 13 Rúe del Percebe del gran Francisco Ibáñez, como con buen criterio señalan en este artículo del New York Times: "La incompetencia de los políticos españoles puede ser tan mortal como la COVID-19".

Espera, Sergio. Para. Quieto. Stop. Si pretendías que tus lectores huyeran del pánico provocado por la pandemia, estás siendo del todo contraproducente. Pero en este punto me gustaría deslindar la COVID-19 de la gestión política; pues sobre la primera puedo ofrecer datos estadísticos que nos ofrecen una perspectiva diferente, quizás incluso tranquilizadora, pero sobre la segunda, mi desasosiego es tan profundo como puede serlo el vuestro. En todo caso, eso es harina de otro costal. Otra guerra que sí que tenemos más que perdida.

A mí, sobre todo, me interesan los números actuales. Puros, sin tratamiento, desnudos. Sobre ello, y concretamente sobre la percepción que tiene la ciudadanía sobre la mortalidad del SARS-CoV-2, es sobre lo que pretendo profundizar. Y es que, sobre este particular, las cosas han cambiado para bien. Maldita sea, de vez en cuando, y pese a todo, no viene mal alguna buena noticia, aunque sea relativa y en perspectiva.

La tasa de mortalidad del SARS-CoV-2 a principios de octubre de 2020

Una de las primeras aristas del complejo poliedro de la pandemia de SARS-CoV-2 que analicé, precisamente, en el primer artículo que le dediqué, es la tasa de letalidad de la COVID-19. Los datos disponibles en aquel prematuro momento arrojaban unas cifras que se antojaban poco fiables y que podían distorsionar bastante la realidad de la pandemia. En concreto, en fecha 1 de abril de 2020, las cifras eran las siguientes:

La tasa de mortalidad del SARS-CoV-2, con estas cifras sobre la mesa, era estremecedora, sobre todo en nuestro país, con una tasa de letalidad que se asemejaba a las propias de enfermedades como el tifus o la meningitis y que multiplicaba por 734 la de la gripe estacional. Por supuesto, la tasa de letalidad variaba de una manera muy pronunciada en función de la edad del contagiado, pasando de un 0,2% en los contagiados cuyas edades se comprendían entre los 20 y los 40 años a un 25% en personas mayores de 90 años; y, además, no se disponía de sistema de rastreo de asintomáticos ni se detectaban todos los contagiados, como ya expuse en su momento. En cualquier caso, las cifras eran, cuanto menos, preocupantes, teniendo en cuenta la facilidad del contagio de la COVID-19.

Transcurridos seis meses desde este hito temporal, es decir, a fecha 1 de octubre de 2020, la perspectiva ha variado muy positivamente, pese al incremento considerable de casos detectados y fallecidos por la enfermedad. La fiabilidad de la tasa de mortalidad en la actualidad continúa sin ser fiable al 100%, por supuesto, ya no sólo por los motivos ya señalados en el párrafo anterior, sino porque que la pandemia continúa activa y parece que le espera un recorrido más largo del que a todos nos gustaría; no obstante, la perspectiva es mucho más halagüeña que en fecha 1 de marzo de 2020. A saber:

 

Por lo pronto, y sin entrar a valorar las causas, nos topamos con que la tasa de mortalidad, en España, se ha reducido a menos de la mitad; y que, a nivel internacional, se ha reducido por debajo del 3% y baja día a día. Y este número, en crudo, es, por sí solo, una muy buena noticia: el virus es menos mortal de lo que parecía hace medio año. Literalmente.

En cualquier caso, sí, hay que entrar a valorar las causas, ya que ello nos permitirá tener mucha más información al respecto y comprender que esta variabilidad no es aleatoria y responde a una lógica que nada tiene que ver con una ciencia infusa numerológica. A continuación, os expongo cuales son las causas que, a mi juicio, han moderado la tasa de mortalidad de la COVID-19, adecuándola a una realidad imposible de determinar a principios del brote pandémico:

a) Detección de asintomáticos: En el primer artículo que dediqué al SARS-CoV-2 en fecha 1 de abril de 2020, ya puse de manifiesto que existía un porcentaje muy elevado de personas infectadas que no presentaban sintomatología (asintomáticos) que, al no ser detectados, no se contabilizaban en los registros, provocando un aumento irreal de la tasa de mortalidad; pues solo quien presentaba síntomas se desplazaba a un centro de salud para hacerse una PCR. A fecha actual, se realizan búsquedas activas para rastrear los rebrotes y evitar la llamada transmisión comunitaria, es decir, el contagio descontrolado. Si bien estas tareas de rastreo son insuficientes, el hecho cierto es que, en España, más de la mitad de los casos que se detectan diariamente son asintomáticos, como podemos comprobar en este g ráfico actualizado correspondiente a la actualización 219 de la COVID-19 que emitió el Ministerio de Sanidad en 1 de octubre de 2020:

b) Más PCR, más casos detectados: Resulta lógico, ¿verdad? Una enfermedad de sintomatología tan variable, que puede confundirse con una gripe, un simple resfriado o una gastroenteritis, requiere necesariamente de un cribado muy importante para conocer cuál es su incidencia real, pues de lo contrario, sólo se detectan los casos graves que acaban en el hospital o que fallecen. Por ello, el hecho de que España haya duplicado los tests PCR que se realizan semanalmente a toda la población, implica necesariamente el conocimiento de casos asintomáticos, muy leves o leves que, anteriormente, no se tenían en consideración; creándose una artificialmente elevada tasa de mortalidad. Para comprobar esta circunstancia, basta con comparar las 777.208 pruebas PCR que se han hecho durante la última semana de septiembre -como verificamos en la actualización 219 del Ministerio de Sanidad a la que nos hemos referido anteriormente- con las que se han hecho desde el inicio de la pandemia:

c) Tratamiento hospitalario suficiente: Todos recordamos, con angustia, los criterios de triaje para el ingreso en las Unidades de Cuidados Intensivos que se aplicaron durante la primera ola de la pandemia, dejando sin asistencia médica a personas con pocas expectativas de supervivencia frente a otras por razón del colapso del sistema sanitario. La falta de recursos y la saturación absoluta de las UCI propiciaron muertes que, seguramente, podrían haberse evitado. Pues bien, este horrible escenario, de momento, no se está produciendo en esta segunda ola, pues las UCI’s no están en absoluto tensionadas: a nivel estatal, todavía se dispone de una capacidad superior al 80% para asumir eventuales incrementos derivados de la COVID-19, pues sólo un 18,13 % de las camas están ocupadas -de acuerdo con los datos que extraemos de la actualización 219 del Ministerio de Sanidad a la que nos hemos referido anteriormente-. En definitiva, se puede atender a todo el mundo adecuadamente.

En consecuencia, el escenario ha variado ostensiblemente y, seamos claros, a mucho mejor. Al efecto de que podáis ver, de una manera muy visual, la diferencia entre la tasa de mortalidad de la primera ola y la correspondiente a lo que llevamos de segunda ola, he elaborado un gráfico en el que he recopilado los datos de contagios y fallecimientos en España por quincenas, estableciendo una tasa de mortalidad parcial para cada uno de estos periodos temporales. De ese modo, disponemos de la perspectiva suficiente para comparar ambas oleadas pandémicas que nos puede ofrecer, el menos, una herramienta para huir del pánico que tanto pretenden medios de comunicación:

Visto el gráfico y los datos que extraemos en base a la base de datos que lo he construido, podemos alcanzar una serie de conclusiones objetivas que fortalecerán, todavía más, esta huida del pánico hacia una calma tensa, pero tranquila, pausada, moderada. Hacia el uso racional de los datos:

- Durante la quincena comprendida entre el 15 y el 30 de septiembre de 2020, se han detectado prácticamente los mismos casos (166.022) que durante todo el mes de abril de 2020 (169.880); siendo la tasa de mortalidad parcial de este último periodo de un 1,08 %, muy inferior a la de abril de 2020 (11,07%) -es decir, 10 veces inferior-.

- Si bien durante la primera ola (comprendida entre el 1 de marzo de 2020 y el 31 de mayo de 2020), la tasa de mortalidad parcial era de un 8,47%, durante lo que llevamos de segunda ola (que comenzó en fecha 15 de julio de 2020), la tasa de mortalidad parcial es de un 0,51%; es decir, 16 veces inferior.

- Durante lo que llevamos de segunda oleada, han fallecido 3.378 personas, equivalente a una tercera parte de las personas que fallecieron en abril de 2020 (10.390); dicho de otro modo, han fallecido de media unas 1.350 personas al mes durante la segunda ola, prácticamente una octava parte que en abril de 2020.

- De acuerdo al Informe Epidemiológico nº 46 emitido por el RNVE en fecha 30 de septiembre de 2020, la tasa de mortalidad desde el 10 de mayo de 2020 en enfermos de la COVID-19 con edades inferiores a los 60 años es de un 0,049%, según comprobamos en este gráfico:

El tratamiento informativo de la mortalidad en España desde una perspectiva histórica

Muertes. Cada día, al levantarme por la mañana y servirme un café mientras con torpes andares camino por la cocina, enciendo la radio y escucho muerte. Así he empezado el artículo y así podría darlo por acabado, pues es la consigna informativa que, a nivel mediático, ha acabado empapándonos como una lluvia fina pero constante. Esto ocurre este año 2020, en efecto, pero el año pasado, por poner un ejemplo prototípico, las muertes que estaban de moda –perdonad la expresión, pero es que es así- eran las que se producían por violencia de género. Durante ese año 2019, los periodistas de la carroña rebuscaban en los Juzgados para buscar mujeres muertas a manos de sus parejas para poder decir: “¡Extra, extra, otra muerte más para contabilizar!”

Y así es como se crea una alarma social: mediante una sobrexposición mediática de algo tan duro como la muerte para generar un impacto emocional. Y si adoleces de perspectiva, la alarma se convierte en pánico. En definitiva, está pasando con la COVID-19, pero no es nuevo de ahora. 

Analicemos un poco más este ejemplo de alarma informativa: De acuerdo a este artículo de La Vanguardia de 2 de enero de 2020, “al menos 55 mujeres han perdido la vida a manos de sus parejas o exparejas en 2019, a falta de dos días para que se cierre el año. Así, en este ejercicio se ha registrado un nuevo repunte y la cifra de víctimas mortales es la más alta desde 2015, de acuerdo a los datos oficiales.”. ¿Repunte? Vaya, me suena ese término. “La presidenta de la Federación Nacional de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas, Ana María Pérez del Campo, también sostiene que el aumento del terrorismo de género se debe a la irrupción de Vox en las instituciones”. ¿Terrorismo de género? ¿Culpabilizar a un partido? Vaya, esto es muy específico, pero pretende generar lo mismo que con la pandemia de SARS-CoV-2: miedo, terror, pánico.

El caso es que, si tenemos en cuenta que, en España, había, a fecha 20 de enero de 2020, 20.562.370 mujeres mayores de 16 años –es decir, en edad de sufrir violencia de género-, se da la circunstancia de que murieron a manos de sus parejas un 0,0002675% de la población femenina mayor de 16 años en 2019. Por supuesto, yo opino que una es demasiado y que nadie debería ser asesinado por razón de su sexo, ni en el seno de una relación de pareja tóxica, ni en ninguna circunstancia, pero, ¿se justifica el pánico en base a una estadística tan minúscula? ¿Es España una sociedad extremadamente machista y víctima de “terrorismo de género” porque 55 malnacidos mataron a sus parejas cuando, según un estudio de la Universidad de Georgetown, es el quinto país del mundo en ratio de igualdad -es decir, sólo por debajo de Islandia, Noruega, Suiza y Eslovenia-? Por supuesto, la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres es absolutamente vital en una sociedad libre, ¿pero el escollo a este objetivo es tan generalizado como para colmar titulares de prensa día sí, día también? Evidentemente, con los números en la mano, no lo es. Es pura política mediática. Es la creación de un estado de opinión para justificar medidas que, en otra circunstancia, nadie aceptaría, como u n desigual criterio penal ante un mismo hecho delictivo en base a tu sexo .

En fin, es un jardín que no quería pisar, pero creo que sirve como paradigma para lo que quiero poner de manifiesto. No por el hecho en sí ni por las medidas que creo que se deberían adoptar, no por el qué, ni el por qué, en los que no voy a entrar, sino por el cómo. Sobre su tratamiento informativo. Y es aquí, en este punto, cuando debemos poner las cifras en perspectiva para conocer su alcance real y poder sacar nuestras propias conclusiones, seguramente alejadas del morbo, de los buitres sentimentales, del amarillismo noticiario, de la justificación de medidas que no tienen un vínculo con la realidad.

Perspectiva. Datos. Esto es lo que pretendía ofreceros desde que decidí preparar este artículo y es exactamente lo que os ofrece el cuadro que he adjuntado ut supra. Realizando una comparativa de los datos que ofrece el Instituto Nacional de Estadística de España en 13 años seleccionados de manera expresa –en concreto, los años que median entre 1915 y 1922, con la pandemia de A/H1N1 de 1918 en el periodo central, y los últimos cuatro años en los que se disponen de datos consolidados-, podemos comprobar cuál es el alcance real de la mortalidad en España. Así, cuando nos digan que tal día han muerto tantas personas, seremos capaces de contextualizar la cifra en lugar de entrar en un injustificado pánico. Veamos:

- Previamente a la llegada de la pandemia de A/H1N1 de 1918, en España moría una media de 1.242 personas diarias, de las cuales, 224 correspondían a muertes derivadas de enfermedades del aparato respiratorio (entre las que se encuentra la gripe, la bronquitis, la pulmonía, etcétera).

- Durante la pandemia de A/H1N1 de 1918, añadiéndole el año siguiente, en España murieron una media de 1.614 personas diarias, de las cuales, 498 correspondieron a muertes derivadas de enfermedades del aparato respiratorio.

- El exceso de mortalidad en 1918 y 1919 con respecto a 1917 fue de 247.066 personas.

- Previamente a la llegada de la pandemia de SARS-CoV-2 de 2020, en España moría una media de 1.140 personas diarias, de las cuales, 136 correspondían a muertes derivadas de enfermedades del aparato respiratorio.

Sí, es así. Cada día, en España, durante los últimos cuatro años, murieron cada día más de 130 personas de gripes, resfriados, bronquitis y pulmonías. ¿Verdad es que eso no lo sabíais? ¿Verdad que durante esos años ni siquiera le habríais dado importancia a esta circunstancia? ¿Verdad que no os imaginabais que, cada año, muere una media de 420.000 personas en España? ¿Verdad que no erais conscientes de que, a principios del siglo XX, morían el doble de personas que ahora, teniendo en cuenta que moría una media de 453.000 personas al año con la mitad de población? Así que, cada vez que escuchéis por la radio que han muerto durante el día de hoy tantas personas por esto o por aquello -sea el COVID-19 o un asesinato-, tened en cuenta que, en el mismo periodo temporal, más de mil personas han expirado por otras cuestiones sin que nadie informe de ello, sin que nadie le dé un tratamiento prioritario. Sin que nadie se entere más allá de sus familiares y allegados.

Por supuesto, todavía tardaremos mucho en saber cuál será el exceso de mortalidad del año 2020 para conocer el alcance real de la mortalidad del SARS-CoV-2 en la sociedad española, pero de momento, tenemos las conclusiones parciales del MoMo (Informes de Monitorización de la Mortalidad diaria), que arrojan, a fecha 1 de octubre de 2020, un exceso de mortalidad de 44.781 personas que se concentraron, en un 95%, en marzo y abril de 2020; pero que, desde mayo de 2020, se mantienen en ratios prácticamente normales:

Estos son los datos. Si bien han sido trabajados, he tratado de ser muy honesto y no jugar con ellos, sino únicamente compartimentarlos y realizar comparativas, porcentajes y sumatorios; extrayendo conclusiones exentas de mi propia subjetividad. Estos son los datos. Crudos, objetivos, puros. Libres de opinión. Libres de sentimientos. Libres de miedo. Sacad, en consecuencia, vuestras propias conclusiones.

Elementos: 1 - 10 de 104
1 | 2 | 3 | 4 | 5 >>

Contacto

Granollers On Fire granollersonfireweb@gmail.com