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11.07.2021 18:49

A finales del año 2015, preparé un podcast cuyo objeto era alzar la voz contra los que propugnan que, a partir de los 30 años, tu bagaje musical se detiene y sólo disfrutas con lo que has venido acumulado hasta esa edad. Me negué a aceptarlo y hoy, 6 años después, sino sin aceptarlo, aunque reconozca que cada vez tengo más dificultades. No todo el monte es orégano, por supuesto, ni siquiera una pequeña parcela del bosque, pero como aquella familia de trompetas amarillas que aparecen bajo el musgo pisoteado, hay música para el que la sabe buscar; cosa que lleva tiempo y paciencia, cabe señalar.

Si con otros estilos mi esperanza se mantiene baja, pero estable, con la makina mi esperanza rozaba el cero absoluto; pero me equivocada. Vaya, si me equivocaba. Y vaya si me alegro de meter la pata en este caso. Durante el 2020 y lo que llevamos de 2021, han surgido numerosos proyectos, no sólo de producción, sino de mezcla, que han permitido focalizar en música toda aquella energía que el confinamiento pandémico generó; siendo, ésta, consecuencia positiva de una situación tan desagradable como la que todavía estamos viviendo. El caso es que la makina, tímidamente, pero con un empaque que no veía desde hacía muchos años, ha empezado a abrirse un nuevo camino, ha brotado de sus cenizas ya frías. Y tiene parte de culpa un tal Rubén Moreno, que seguro que conoceréis...

Os podría explicar muchos dimes y diretes, deciros quién, cómo y dónde, pero estamos hablando de música, así que considero que una sesión puede decir mucho más que mil palabras. Así que escuchad, disfrutad, sonreíd de nuevo, pues, aunque nos pille con canas en la barba, no vamos a dejar escapar esta nueva oportunidad. Aunque sea flor de un día.

DJ HARDBEAT - SUMMER SESION 2021

Tracklist

1.- Codo & Gonza - Already Gone
2.- Lola & Konec - Spook 2
3.- Victor Ronda & DJ Contra - Final Destiny
4.- Ruboy vs Aier – Microwaves
5.- Could - I Can Make This
6.- DJ Puchy & Javier Guerrero - Symphony Melody
7.- Trance Generators - Bang The Drums
8.- Al Storm & Euphony feat Laelia - Never Loved Me
9.- Wasi & BCN - Technoban
10.- Insert Coin - Makina Station
11.- SK9 - Tube (Size Mix)
12.- DJ Sami & DJ Kubik - Mistake 101
13.- Xque? vol 3 - Base Cara B
14.- Be Loud - Red Space
15.- DJ Eirbee - Evolution Base
16.- Insert Coin - The Ultimate
17.- Ruboy - Demolition Base
18.- Pastis & Xavi BCN - Amanecer by Cogo
19.- Poker Bases EP - Tete Level
20.- Antuan - Speed Bass
21.- DJ Pastis - Return To Classics
22.- Marquiz de Sade - Sadizm
20.06.2021 14:08

HÉROE POSTMODERNO (Para vacuna, la que tengo entre las piernas).

Después de muchos, muchos, muchos años de aficionado a la pornografía, he visto, literalmente, de todo. Internet es un agujero negro de depravación y cualquier fetiche, por raro, disparatado o cochino que sea, encuentra su lugar. Yo, que públicamente diré que soy un hombre de gustos muy normales, buceo en páginas web de pornografía en streaming buscando vídeos de lo más normales; es decir, enanos albinos hermafroditas penetrando analmente a abuelas negras con los pezones anillados. Cosas así. El caso es que, con tantos años de almanaque marrano a mis espaldas, he tenido el placer de conocer el freakismo más absoluto dentro de este mundo.

Y ojo, no digo freak en el mal sentido, como por ejemplo el turbio Torbe, sino a peña que huye del clásico concepto del tío mazado con polla gorda. En el caso que nos ocupa, polla tiene, y mucha, pero lo que hay detrás de ese gran miembro es un chavalillo delgado con cara de panoli. Érase, en definitiva, un actor porno a un rabo pegado, llamado Jordi, pero oriundo de Ciudad Real. No en vano, se hace llamar Jordi El Niño Polla. Especializado en follar con maduras ya sea haciéndose pasar por doctor, por amigo del hijo de la madre cachonda, por adolescente aturdido, por tímido virgen o por pardillo random que oculta tener más polla que brazo, se ha currado una exitosa carrera. Y me parto con él. Es un tío que ha sabido explotar su condición y que nos enseña su periplo profesional a través de una serie llamada “Mi dura vida” en YouTube. Y que, como os imaginaréis, es carne de meme.

Hace unos años, en un viaje norteamericano que realizó durante varios meses patrocinado por la productora Brazzers, consistente en recorrer ese país de Este a Oeste ofreciendo su gran atributo a toda madura que se terciase, hizo un sketch fabuloso en el que se hacía pasar por doctor para darle amor a una enfermera de busto generoso. Veni, vidi, vici, llegó, penetró y eyaculó sobre el rostro de Brooklyn Blue. Una escena pornográfica más, al cabo, con un guion pésimo que recrea una situación absurda, pero que dejó el terreno abonado para que una pandemia rescatara esas imágenes.

El seguimiento de la pandemia de COVID-19, por sus especiales características y por la época histórica que le ha tocado en suerte, ha encontrado en las redes sociales e Internet, en general, su principal medio de información; con todo lo bueno y lo malo que ello representa. Las fake news eran y continúan siendo cosa habitual y tienes que estar muy atento para que no te la den con queso, como se suele decir. Y los trolls -¡Ay, mis queridos trolls!-, han hecho su trabajo; y cómo:

Para empezar con el periplo troll de nuestro polludo heroe, nos retrotraemos a los peores momentos de la pandemia de COVID-19. Denominado falsamente como Pedro, Jordi El Niño Polla se coló con su disfraz de médico cachondo en un memorial efectuado en la Catedral de Lima, Perú, dedicado a las víctimas del COVID-19Algún desaprensivo introdujo esta fotografía como si nuestro querido Jordi hubiera fallecido combatiendo la pandemia cuando, en realidad, seguía follando como si no hubiera un mañana con hermosas chicas; eso sí, con mascarilla y previo PCR. Me diréis, a ver, colársela a un eclesiástico peruano quizás no es lo más difícil del mundo, y en ello os tengo que dar la razón. Así que va, le doy un 6, nos echamos las risas de rigor y corremos un tupido velo. Pero ahí no acaba la cosa.

No sé para vosotros, pero para mí, si hay algo más repugnante que una mosca verde posada sobre tu comida o ver a un perro comiéndose su propio excremento, es ver a un político utilizando la corrección política y la falsa empatía para ganarse el cariño del populacho. Y por eso, cuando meten la pasta hasta el fondo, no puedo sino alegrarme; y si, además, participa en ello Jordi El Niño Polla en ello, muchísimo mejor. En este particular caso, trolls mediante, corrió por las redes esta imagen:

Como os imaginaréis, toda la generación boomer, a excepción de los aficionados a la pornografía -que no son pocos, cabe señalar-, cayó en la trampa y compartió esa imagen por todas sus redes sociales, para regocijo y jolgorio de gente como yo, que veía a su madre o abuela con una fotografía de Jordi El Niño Polla en el WhattsApp; pero se supone que un político tiene sus asesores, sus herramientas para combatir la desinformación o, maldita sea, más capacidad para esquivar estos memes. Craso error. Una diputada del PP de Asturias, Reyes Fernández, trasladó el pésame a todos los familiares de “Alberto Sánchez” en una comparecencia pública en la Junta General del Principado. Maravilloso. Esta vez sí, os doy un puto 9.

Un héroe sin capa, sin lugar a dudas. ¿Os dejáis vacunar por él?

23.05.2021 10:44

Han pasado más de 20 años, pero hay sensaciones que no se olvidan. De hecho, es un recuerdo vívido, colorido, rodeado de tal halo de fantasía que muchas veces creo que lo vivió otra persona, en otro planeta, en otra dimensión. Pero no, fui yo, estuve ahí, viví aquéllo, escuché aquellas canciones mientras sonreía, aguantaba un cubata de Ballantines con Red Bull en la mano y lucía torpemente mis pantalones blancos de campana, mi camiseta arrapada, mi pelo engominado y mis 16 años recién estrenados. Todo era nuevo, todo era interesante, atrayente, magnético. Todo era nuevo menos Franco Battiato, que no sólo iba a marcar mi generación, sino que llevaba décadas marcándolas.

Cerco un centro di gravità permanente”, decía una canción, mientras los 130 bpm’s de la versión italodance de Eiffel 65 de este clásico de Franco Battiato hacían que mi corazón se acelerara, mi cuerpo se moviera y mis ojos se cerraran. Las luces de la discoteca parpadeaban a mi alrededor y, en ese momento, mi centro de gravedad era ése. Ese era mi mundo. Mi momento. “Che non mi faccia mai cambiare idea sulle cose, sulla gente”, continuaba, y yo bailaba, sonreía, vivía con una intensidad adolescente que ahora, a mis 36 años, sueño con volver a sentir fuera del país de los recuerdos; pues la discoteca a la que me refiero fue demolida hace más de una década, los pantalones de campana ya no me caben y aquél inocente, inexperto e apasionado adolescente ha dejado paso a un abogado que se niega a crecer, pero que lo ha hecho, muy a su pesar, siguiendo el implacable dictado de las agujas del reloj.

Voglio vederti danzare, come le zingare del deserto” decía otra canción que, directamente, me volvía completamente loco. Y la veía bailar, a ella, a esa chica rubia, morena o pelirroja, qué más da, que hacía palpitar mis hormonas, que ya de por si estaban al borde de la ebullición. Y bailaba yo también, saltando, moviendo los brazos, la cadera, las piernas, sin que pudiera hacer nada por evitarlo. En este caso, era una versión de Prezioso feat Marvin de otro clásico de Franco Battiato. “Gira tutt'intorno la stanza, mentre si danza, danza”, decía el estribillo, como una explosión de felicidad, de energía, de buen rollo. De la música que me hacía vibrar. Cada semana esperaba esa canción. Cada vez que entraba en la discoteca. Cada sábado por la tarde. Era un himno. Era el himno. Era la banda sonora de una época maravillosa.

Por eso, cuando escuché que Franco Battiato había fallecido, una parte de mí murió con él. Por supuesto, nos queda su música, nos queda su voz, nos quedan los momentos en los que nos acompañó, pero el mundo es ahora un poco menos luminoso, un poco más triste, un poco más frío y distante. Por ello, hoy escribo estas líneas. Por él, por mí, por todos los que amamos la música. Por ese siglo XX que poco a poco se nos escapa entre los dedos para dar paso a este futuro incierto de redes sociales, de pantallas, de aislamiento, de ausencia de contacto humano.

Y para hacer frente a tanta melancolía, os dejo una preciosa canción que ofrece un rayo de esperanza y que, pese a su antigüedad, está más vigente que nunca: Pobre patriaSí, cambiará. Verás que cambiará. 

Arrivederci, Franco.

11.05.2021 19:49

Creo que, desde que cree la web, nunca he estado tanto tiempo sin publicar nada, pero siempre hay una primera vez para todo y este 2021, a diferencia de los años anteriores, han emergido duros competidores a mi afición escritora y podcastera: dos videojuegos supremos. ¿Qué? ¿Os esperabais otra cosa? ¿Un hijo, quizás? ¿Un tardío entusiasmo por la jardinería de marihuana o el bricolaje? Al final, por mucho que haga dos días que haya cumplido los 36 años, sigo con mis perpétuos 25 años mentales que, si todo va según mis previsiones, mantendré hasta que estire la pata. Así que sí, videojuegos. Y qué videojuegos: Ghost of Tsushima y Cyberpunk 2077. Y lo peor es que para mi cumpleaños me han regalado otra joya de CD Projekt: The Witcher 3. Pintan bastos para el blog.

En fin, el caso es que, entre partida y partida, entre mongoles invasores y las provocaciones de Jhonny Silverhand, sentí la necesidad de seguir con mi afición extrema hacia la música. Un podcast tiene mucho más trabajo de edición y un artículo requiere documentación, análisis, revisiones; así que crucé el camino de menor resistencia: grabé una sesión de temporada. Una sesión, cabe añadir, que pretendía ser la última que tuviera como base la makina actual, o lo que queda de ella, por lo que exigió que rebañara el tarro de mermelada hasta dejarlo cristalino. Ya no hay más de donde rascar, me dije.

No obstante, desde que preparé esta sesión a mediados del mes pasado, la makina ha experimentado un avance significativo que, desde luego, no esperaba en asboluto: han aparecido nuevos sellos que operan a velocidad de crucero a manos de productores que regresan con fuerza y con una calidad difícil de encontrar en años pasados. Será la pandemia, serán las ganas de fiesta, será el éxito de algunos canales de YouTube, será la vuelta de EQ+T... no sé exactamente qué ha sido o dejado de ser, pero el hecho cierto es que la makina vuelve. Regresa. Me da una patada en la boca cuando entono el requiem en mis podcast. Y no podría parecerme mejor.

Así que, como con la cervezas en el bar, esta sesión de temporada será la penúltima. O la antepenúltima. O sencillamente la de primavera de 2021. Chi lo sa.

Tracklist

DJ HARDBEAT - SPRING SESION 2021

1.- AVB feat SDA - In & Out Of Love (Hixxy, Sy & Unknown Remix)
2.- DJ Virus - Masterz Of Bass (Blutonium Boy Hardstyle Mix)
3.- Plus System - This Is How We Do It (Original Mix)
4.- Al-Khemiens Present DJ Robert & DJ Sisu - The Hard Beats
5.- Javi Tracker & Alex - Old Sensations
6.- Cross-B & Raul Lokura Presents DJ Fires - Blue Fire (Original mix)
7.- Kase.O - El Círculo (Intro)
8.- DJ Konec - Would Suck
9.- Ger and Enef - Male-K
10.- Gammer - Re Sauce VIP
11.- Audio Damage - Garlic Breath Tosser (Trance Generators Remix)
12.- Da-Paka - Free Your Energy
13.- Javi Tracker - 4 The Mc's
14.- Ruboy - Good Vibrations
15.- Mugi - Pure Sentiment
16.- DJ Sanlok - Thunder Base
17.- Lazzard - Go (Original Mix)
18.- Autokriminal - D.N.G.
19.- Fraktal feat Sarah De Warren - Rainbows
20.- Lupo & David-D - LSD
21.- David Traya & DJ Destruxion - Microworld X
22.- Hypasonic - Lost Without You (Squad E Remix)
23.- DJ T-TY - Crazy Scratch
23.- Pastis & Xavi BCN - Mer
25.- Brain 16 - Acid Devil (TB Mix)
26.- Raul Lokura - Aura
27.- Shox vs Uri Track - Action Reaction
20.12.2020 11:27

Son las dos de mañana. Miro por la ventana con no poca aprensión y compruebo que Cerdanyola del Vallés se continúa pareciendo al pueblo del aterrador videojuego Silent Hill. El día anterior al que escribo estas líneas cayó sobre mi pueblo un diluvio que pareció anegarlo todo, destruyendo tendido eléctrico, vehículos, casas y minando ya la depauperada moral que venimos arrastrando; y dejando, tras de sí, no sólo los mencionados estragos, sino una espesa niebla que, durante esta noche de insomnio, me está produciendo una profunda desazón cada vez que desvío la mirada hacia la ventana. De momento, parece que Pyramid Head no ha hecho acto de presencia, pero teniendo en cuenta el desarrollo de este siniestro 2020, tampoco parecería una idea descabellada: pandemias, diluvios, destrucción, restricciones, soledad, ruina económica, y no descarto que, antes de acabar el año, alguna infamia se una a las ya mencionadas, al puro estilo de las diez plagas de Egipto. Desazón, sí. Aprensión, también. La moral por los suelos.

Después de la tormenta viene la calma. Un día más es un día menos. Saldremos más fuertes. Estímulos esperanzadores que recibes e intentas creer, pero el tiempo pasa, y ni calma, ni días de menos, ni fuerza de ninguna clase. Imagino que cosa parecida pensarían los ingleses durante la Segunda Guerra Mundial al leer los carteles pegados por todo Londres que rezaban Keep Calm and Carry On; pero comparar a Winston Churchill con Pedro Sánchez es como comparar a un caballo alazán con una hiena. No es lo mismo, desde luego. Y toda esa retahíla de hueca esperanza dicha en boca de traicioneros ganapanes no hacen sino acrecentar nuestra desesperanza y minar todavía más nuestra moral, pues nos da la sensación que somos putas que, encima, ponen la cama.

Así que sí, estamos solos ante este terrorífico 2020 que, por suerte, llega a su fin. Desde luego, no sé si el 2021 nos va a traer más raciones del mismo puchero, pero yo, aunque no crea en propósitos de año nuevo, he decidido hacerme uno que os hago extensivo a vosotros: dejar atrás la tristeza, la melancolía y la desazón. Porque sí, para los millenials y centenials y demás débiles seres humanos nacidos a partir de 1980, esta situación puede ser apocalíptica, pero nuestros abuelos vivieron una maldita guerra, pasaron hambre, recibieron balazos, y nunca les vi llorar por las esquinas. Nuestros padres trabajaban 25 horas al día en trabajos de mierda y les quedaba tiempo para llevarnos al parque. Este 2020 es, a todos los efectos, una cálida charca de agua frente a los fríos océanos que ha tenido que atravesar la humanidad y nuestras quejas infantiles tienen que quedar atrás.

Así que yo me quedo con Winston Churchill y su frase, pues un inglés desembarcando en Normandía tenía más motivos para tener la moral por los suelos que un pajero en pijama confinado en su vivienda con Internet, calefacción, nachos con queso y una esperanza de vida, pese al SARS-CoV-2, que duplica la de principios del siglo XX. Así que Keep Calm, sí, mantened la calma, levantad la barbilla, sonreíd a la vida que tenemos, pese a todo, y bailad, aunque sea en casa. A la mierda el pesimismo, los lloriqueos, las noticias de terror, el miedo y, por supuesto, los que pretendan deciros cómo os tenéis que sentir. La esperanza, al cabo, es lo último que se pierde, ¿verdad?

Así que, con todos vosotros, os presento una sesión makinera que destila buen rollo y que espero que os pueda ayudar en este propósito de año nuevo. Puedo, podéis, podemos. Y no me refiero al partido político, precisamente.

Keep Calm and Dance for Hope

1.- Rolo & Ruboy feat Marian Dacal - Love 4 Harmony (Extended Mix)
2.- Remixes 02 - Base X (Original Version)
3.- Re-Con - God's Child
4.- DJ Baruk & Dan - The Wharf
5.- Obsys - Spektrum
6.- DJ Sow - Modular Xciter
7.- SFDK - Después De (Acapella)
8.- Zairon - Acid Park (Zatox Remix)
9.- Technikore feat Lisa Abbott - My Intention (Dougal & Gammer Mix)
10. 2 Brothers of Hardstyle - I Love This Record (2 Brothers of Hardstyle remix)
11.- Roger Hard - Poison Synth (Suppository 4 Rookies)
12.- K-Rlos DJ - Convoluted 
13.- Raul Lokura - Base Rlk Vol 1
14.- DJ Jos-L - Tattoo (Hard Remix)
15.- Gacia, Julio and Torria - Take That 
16.- Heaven 7 - Hozelock (Original Mix) 
17.- Bart Spinelli feat Mad Bob - Fuera De Cavessa
18.- Scott Brown feat Cat Knight - All About You
19.- DJ Meet - H2SO4 (Original Mix)
20.- Sepi & Bull - Amazing
21.- DJ Mochue & DJ Gino - Dinner 09
22.- CJ Alarm - Gravitation
23.- Overdrums - Informations (Brain Ovulation Remix)
24.- JD-KiD & Kimet - Be Here With You
 
03.11.2020 18:15

Artículo anterior de la seriehttps://www.granollersonfire.com/news/historias-de-espana-de-pandemia-a-pandemia-1918-vii/

Miedo. Quizás más nervios que miedo, es posible, pero ambos sentimientos se entremezclaban para convertirse en, sencillamente, un nudo en el estómago. Un sencillo mensaje propició la aparición de este cóctel de sensaciones: Sergio, has tenido contacto estrecho con una persona positiva, es decir, portadora de SARS-CoV-2. De momento, esa persona es asintomática, pero hay que seguir los correspondientes protocolos. Y así lo hice: llamé a mi Centro de Atención Primaria, tomaron nota de la situación y me dijeron que me llamaría un “gestor COVID”, profesión de nuevo cuño que resulta del todo estrafalaria, pero que parecen ser la piedra angular del seguimiento del virus. Del rastreo, siguiendo su propia terminología. En poco menos de dos horas, recibo la llamada: toca hacerse el famoso test PCR. No me entusiasma la idea de que me alguien urge en mi nasofaringe, pero la prueba, en sí, no me añade nerviosismo adicional, sino que esa intranquilidad me la proporciona la remota posibilidad de que sea positivo en SARS-CoV-2. Llega el día, entro en el centro médico, buenas tardes, vengo a lo mismo que toda esta gente que está haciendo cola, entro en una sala y una doctora, simpática y empática, me dice que me baje la mascarilla y mire hacia adelante. Uno, dos, tres, cuatro y cinco. En cada fosa nasal. No duele, escuece un poco y me provoca una lágrima en mi ojo izquierdo. No es para tanto, pienso, y sólo me queda esperar. Por suerte, la espera es tan corta como un giro de nuestro planeta sobre su propio eje: Soy negativo. Se deshace el nudo.

Y es que, por mucho que yo, con mis artículos, pretenda seguramente con poco éxito que no sucumbáis al pánico, no puedo pediros, como no puedo pedírmelo a mí mismo, que no estéis nerviosos, que no tengáis miedo, que no estéis expectantes, que no os afecte esta pandemia desde una perspectiva psicológica. Mi experiencia personal, al cabo, ha sido insignificante, pues la persona positiva es totalmente asintomática -de hecho, a fecha actual, ya ha dado negativo en la consecutiva PCR que le hicieron 15 días después- y todos sus contactos estrechos hemos resultado ser negativos; pero para otras personas, en otros contextos, el asunto no se ha limitado a un simple nudo en el estómago. Por ello, quiero que quede muy claro que yo en ningún caso me identifico con aquellos que niegan la pandemia, que carecen de empatía con los fallecidos y enfermos, que justifican su irresponsabilidad constante en base a su individualidad, sino que pretendo buscar un equilibrio entre el pánico absoluto, paralizante, y el pasotismo extremo, peligroso e inconsciente.

La situación de alerta subjetiva , además, se corresponde con la alerta objetiva actual, con independencia de que la sobrexposición mediática sea asfixiante y demagoga hasta decir basta y de que las medidas políticas que están adoptando sean –pues no lo parecen, lo son- erráticas, caóticas e improvisadas, tal y como puse de manifiesto en el anterior artículo. La pandemia continúa avanzando de manera imparable, sobre todo en la vieja Europa, y las perspectivas no son nada halagüeñas.  En definitiva, el amarillismo y la incompetencia no están reñidas con una realidad bien complicada. Para muestra, los siguientes datos:

- En Catalunya, mi Comunidad Autónoma, tal y como extraigo de la página web en la que se informa a la ciudadanía de la evolución de la pandemia, se han detectado durante el mes de octubre de 2020 la cantidad de 101.225 casos nuevos, lo que implica un incremento porcentual de un 301,72 % con respecto a los casos detectados en septiembre de este año (33.549).

- En España, la situación es mucho más moderada, como puede comprobarse en la página web del Ministerio de Sanidad, pero se verifica su tendencia alcista: se han detectado durante el mes de octubre de 2020 la cantidad de 434.829 casos nuevos, lo que implica un incremento porcentual de un 54,87% con respecto a los casos detectados en septiembre de este año (298.215).

- Francia y el Reino Unido, han superado, con creces, el millón de casos, superando a los países inicialmente más afectados por la pandemia durante la primera ola, como España o Italia. En concreto, nuestro vecino, Francia, ha pasado de 616.986 casos totales detectados a fecha 1 de octubre de 2020 a 1.458.999 casos totales detectados a fecha 1 de noviembre de 2020; lo que implica que en sólo un mes se han detectado más casos que en los seis meses anteriores sumados.

Bien es cierto, como indiqué en el anterior artículo, que la tasa de mortalidad de la COVID-19 continúa bajando, acercándose más a su mortalidad real que a la mortalidad artificialmente elevada que se dilucidó al principio de la pandemia; y todo ello pese a que el Ministerio de Sanidad, por enésima vez, haya cambiado el criterio de contabilización de los fallecidos, añadiendo al recuento total los casos sospechosos de COVID-19, pero que no han sido comprobados mediante PCR o test de antígenos. De hecho, resulta especialmente llamativo que esta circunstancia se pueda comprobar en un solo mes. Veamos, por un lado, cuál era la tasa de mortalidad en fecha 1 de octubre de 2020:

 

Y comparémosla con la tasa de mortalidad en fecha 1 de noviembre de 2020:

Como veréis, en los cálculos he añadido a Catalunya, pues es la región en la que vivo y en la que más me afectan las complicaciones sociales del SARS-CoV-2; y también podréis ver que nada tienen que ver las cifras que ofrece la Generalitat sobre Catalunya con las que ofrece el Gobierno de España sobre esta misma Comunidad Autónoma. ¿A quién nos creemos? Lo dejo a vuestro criterio. 

En cualquiera de los casos, a nivel global, ha habido una reducción de la tasa de mortalidad de la COVID-19, pese al incremento exponencial de los nuevos contagios, como podemos comprobar en este gráfico combinado en el que he recopilado los datos de contagios y fallecimientos en todo el mundo por quincenas, estableciendo una tasa de mortalidad parcial para cada uno de estos periodos temporales:

Sin embargo, pese a todo lo expuesto, se está produciendo una circunstancia ajena al incremento exponencial de los contagios, a la disminución de la tasa de mortalidad, al periodismo basura que hace carnaza de los fallecidos, a los políticos que no rastrean la enfermedad para evitar su propagación sino para llevarse un buen pellizco económico; o a mis datos, objetivos, pero fríos: la saturación hospitalaria. Ése es el asunto ciertamente preocupante en la actualidad y puede poner el jaque sanitario a nuestra sociedad si no se toman medidas, pues no sólo implica a los enfermos de COVID-19, sino a cualquier persona, con independencia de su patología, que necesita asistencia médica y que ante una falta de recursos puede verse desamparada. Para hacer frente al problema, según mi humilde opinión, disponemos de dos herramientas: la disminución del contacto social, por parte de los ciudadanos, para evitar la propagación de la enfermedad; y la dotación adicional de materiales, profesionales y centros médicos, por parte de los políticos, para poder atender a los enfermos.

En fin, fijada la situación actual, expuesto el problema, planteadas algunas herramientas de resolución que parece, al menos, lógicas, lo que cabe plantearnos es cómo están respondiendo las autoridades ante la actual coyuntura. Qué medidas, en definitiva, se están tomando al respecto. Ya comprobamos los vaivenes, los disparates y la incompetencia de la que hicieron sobrada gala durante la primera ola, como expuse en los anteriores artículos, pero quizás el Gobierno, tanto estatal como regional, ha aprendido de sus errores y está actuando como se espera de él tras la experiencia acumulada… ¿o no? Veamos.

Las medidas adoptadas por los responsables políticos ante la segunda ola de SARS-CoV-2

Durante la primera quincena de octubre de 2020, la situación que se estaba produciendo en la Comunidad de Madrid que ya apunté en el anterior artículo se fue extendiendo a prácticamente todas las Comunidades Autónomas. Sirva como ejemplo de este agravamiento de la situación epidemiológica comparar la incidencia acumulada (casos por cada 100.000 habitantes) de mi Comunidad Autónoma, Cataluña: si bien el día 1 de octubre de 2020 era de 144,80, el día 15 de octubre de 2020 alcanzó la cifra de 272,26; es decir, casi el doble, siendo el incremento exponencial; pues una semana después, es decir, el día 22 de octubre de 2020, llegaba a 429,66; y dos semanas después, es decir, el día 29 de octubre de 2020, llegaba a 680,55.

Ante estas circunstancias, toda vez que el sistema sanitario empezaba a estar ciertamente tensionado, las Comunidades Autónomas, que en régimen de cogobernanza con el Estado gestionan la pandemia en la actualidad, solicitaron al Gobierno de España que se tomaran medidas. La gran pregunta era, ¿qué medidas se iban a tomar? Los medios de comunicación, estos grandes aliados del poder, fueron allanando el terreno a los responsables políticos para que nos sirvieran de cena una medida que, con independencia de si es o no adecuada, hizo que más de uno arqueáramos la ceja o, directamente, nos preguntáramos si habíamos retrocedido de siglo: el toque de queda.

Sí, lo sé, en el fondo es una medida equivalente a un confinamiento domiciliario parcial, cosa que ya hemos sufrido durante la primera ola de SARS-CoV-2, pero el término, la expresión en sí, el concepto, nos lleva necesariamente a pensar en una guerra o un conflicto militar interno; pues es en ese contexto cuando se han aplicado los toques de queda históricamente, tanto en España como en el resto del mundo. De hecho, en nuestro país, el último toque de queda que se recuerda fue el que el decretó el Teniente General Jaime Milans del Bosch durante el golpe de estado de 1981. Tanques en Valencia. Ésa es la imagen que me viene a la mente cuando hablamos de esta figura de control social.

No obstante, por un desafortunado mimetismo con otros países de Europa, el Gobierno de España llegó a la conclusión de que era la mejor medida que podía tomar para frenar la segunda ola. Y, estado de alarma mediante, en fecha 25 de octubre de 2020 aprobó la resolución legal que limitaba, de nuevo, nuestros derechos constitucionales, dejando en manos de las Comunidades Autónomas la ampliación, moderación y suspensión de estas medidas en función de sus criterios sanitarios:

- Implantación de toque de queda nocturno: Queda prohibido circular por las vías o espacios de uso público entre las 23:00 y las 6:00 horas, con excepciones.

Cierre perimetral de las Comunidades Autónomas.

- Limitación de concurrencia de más de 6 personas en espacios públicos o privados.

De nuevo en la brecha, amigos míos, otra vez”, podría deciros, recurriendo a la celebérrima cita de Shakespeare en su inmortal obra de teatro de Enrique V, pero, sinceramente, el cuerpo no me pide que cierre la cita completa, compeliéndoos a que “aprestéis los dientes, abráis las ventanas de la nariz, contengáis el aliento y concentréis el espíritu a su máxima altura”, pues empiezo a estar de esta pandemia realmente hastiado, fatigado, harto, aburrido, enfadado, nervioso, intranquilo; dicho en román paladino: estoy hasta los cojones. Y no soy el único. No obstante, asumo mi parcela de responsabilidad y acato esta norma.

Del mismo modo que acato esta norma, estoy acatando las que la Generalitat de Catalunya ha aprobado en base a la misma: se ha procedido al cierre de bares y restaurantes y, además, se ha impuesto un cierre perimetral por municipios durante el fin de semana; es decir, que no puedes salir de tu pueblo o ciudad desde las 6:00h del viernes hasta las 6:00h del lunes. Más limitaciones, más restricciones; pero oye, las asumo, por responsabilidad, pues, en efecto, como he comentado anteriormente, la reducción de la interacción social es una de las herramientas que tenemos para frenar la expansión del SARS-CoV-2.

No sólo yo, claro, sino gran parte de la ciudadanía, pese al agotamiento mental, pese a tener que vivir con miedo, restricciones y en muchos casos ruina económica, a pesar de lo que ya empiezan a llamar como fatiga pandémica, nos hemos tragado este sapo e incluso no ponemos mala cara al masticarlo. La paciencia es un bien fungible que, como el dinero de muchas cuentas bancarias, empieza a acabarse, pero nos aferramos a los últimos euros que nos quedan. Es lo que toca, ¿no?

Pues parece que no. Al menos, no para todos. Y es que se dio la fabulosa circunstancia de que, mientras los simples mortales estamos sometidos a todo lo expuesto, el diario El Español, de Pedro J. Ramírez, celebró su quinto cumpleaños el día 26 de octubre de 2020 en el Casino de Madrid con 150 invitados con cena de gala, copas y todos los lujos imaginables. A esa fiesta, que por cierto se celebró de noche, asistió lo más granado de la sociedad española, como la Presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, el Presidente del Partido Popular, Pablo Casado, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, la Fiscal General del Estado, Dolores Delgado, y tres ministros del actual Gobierno de España, entre los que se encontraba Salvador Illa, que asume la cartera de Sanidad. Aquí os pongo unas imágenes de este evento que, como he indicado, son absolutamente fabulosas:

Y me diréis, ¿qué tiene esto de fabuloso? La paradoja. La paradoja que se produce al comprobar que, mientras los ciudadanos estamos pagando un alto precio social sometidos a restricciones al derecho de reunión, a un toque de queda, al cierre de negocios de restauración y a la ruina económica, la plana mayor de la política española asiste a una gala nocturna con más de cien invitados a cenar las sabrosas viandas que les prepara un chef con 2 estrellas Michellin y a beber buenos licores; estando algunos de ellos sin mascarilla, claro. Añadiéndole al asunto, para mayor escarnio, la concurrencia del Ministro de Sanidad, actuando como aquellos médicos que te pedían que dejaras de fumar con un puro en la boca y la consulta llena de humo.

Pero es que la cosa no se queda aquí. ¿Os acordáis de las dos herramientas para frenar el colapso hospitalario derivado de la expansión incontrolada del SARS-CoV-2? Mientras los ciudadanos utilizamos la única que disponemos, que es el distanciamiento social, ya sea voluntario u obligatorio, asumiendo el sacrificio que supone, la clase política, no sólo incumple esta herramienta, sino que además inutiliza la que a ellos les corresponde, que es el refuerzo del sistema sanitario: los Presupuestos Generales del Estado para 2021 rebajan en un 3,7% su inversión en salud pública (pasando de los 37,6 millones de euros en 2020 a 36,2 millones de euros en 2021) pese a la saturación hospitalaria actual. Doble infamia para el Ministro de Sanidad.

¿Indignante? Mucho. ¿Vergonzoso? Hasta el hartazgo. Y es que, si nos tenemos que sacrificar, si tenemos que asumir pérdidas, si tenemos que tomar medidas, éstas deben alcanzar a todo el mundo. El cansancio frente a la pandemia ya no alcanza únicamente al virus en sí, sino a tener que soportar que un político me exija que no vaya a cenar con mis amigos o familia mientras él asiste a galas de lujo nocturnas. Tener que aguantar que hablen de saturación hospitalaria y que su única respuesta sea el medieval confinamiento, útil pero insuficiente, en lugar de rascarse el bolsillo, recortar gastos absurdos y reforzar la salud pública. Tener que sufrir sus tórridas aventuras sexuales con medidas totalitarias que van aplicando aquí y allí como conejos sacados de una chistera que buscan más el control social que el control del virus. Tener, en definitiva, que aguantar estos desagravios además de la enfermedad y la muerte.

Psicológicamente, ya no sólo tenemos que lidiar con la propia pandemia, sino con esta gestión nefasta de la misma. Y someter a la población a semejante presión durante mucho tiempo no sé en qué puede desembocar. Eso debería darnos más miedo que la propia COVID-19.

28.09.2020 20:19

Artículo anterior de la seriehttps://www.granollersonfire.com/news/historias-de-espana-de-pandemia-a-pandemia-1918-vi/

Muerte. Cada día, al levantarme por la mañana y servirme un café mientras con torpes andares camino por la cocina, enciendo la radio y escucho muerte. También escucho otras cosas, por supuesto -conceptos, voces y siglas que se han introducido en mi vida sin previo aviso y que, ahora mismo, son tan comunes en mi vocabulario como los buenos días que le doy a mi mujer en ese tempranero momento del día-: ERTE, PCR, confinamiento, contacto estrecho, mascarilla, rastreo, contagio, asintomático, segunda ola, cuarentena, vacuna, limitación y, mi preferida: prohibición. Y cada día, al levantarme, huelo el café, tras paladearlo. Cuando su amargo aroma inunda mis fosas nasales y su intenso sabor provoca una reacción en mis papilas gustativas, respiro profundamente: sin tos, ahogo o fiebre, es el único método que tengo para comprobar en mi casa y en zapatillas que el SARS-CoV-2, de momento, no ha venido a visitarme. O, al menos, no se ha manifestado; por lo que, sin saberlo, puedo formar parte del curioso colectivo de los asintomáticos. Me encojo de hombros. Yo qué sé.

Por costumbre, aunque el estado de alarma haya quedado lejos, así como el confinamiento –pues, aunque diga el Presidente del Gobierno que no existió en mayo, a mí me pareció tal cosa-, reviso diariamente los reportes que tanto la Generalitat de Catalunya como el Gobierno del Estado facilita sobre el avance de la pandemia. Tenía pensado dar por finalizada mi serie de artículos sobre el SARS-CoV-2, pero si en 28 días se crea un hábito, imaginaos en más de 90. Y el caso es que, más de tres meses después de publicar el último artículo sobre la COVID-19, continúo con mis Excels: casos confirmados, fallecimientos, porcentajes, incrementos parciales, etcétera. No me lleva más de medio minuto completar los campos de manera diaria, a decir verdad, y me gusta tener cierta sensación de control, aunque sea falsa.

En fin, esto debe ser la cacareada nueva normalidad. Muertes para desayunar, estadísticas a media mañana, teletrabajo el resto del día. Yo, por mi parte, en lo que puedo, intento desterrar el nuevo epíteto de la vieja normalidad, y aunque lleve mascarilla y cumpla las medidas de seguridad e higiene que recomiendan las autoridades, intento seguir con mi vida: vacaciones en Asturias, viernes con los amigos, visitas a familiares. Incluso asistí al entierro de mi pobre abuela Pilar, que expiró por motivos que nada tienen que ver con la pandemia y que, si seguís mis artículos, ya conoceréis. He aceptado esta situación y la intento sobrellevar de la mejor manera posible, buscando el punto medio aristotélico, como siempre: ni pánico, ni pasotismo. Ni terror, ni negación. The show must go on.

Sigo pensando, como intenté dejar patente en los anteriores artículos, que la mejor manera de relativizar lo que está pasando es analizarlo con cierta frialdad. Por las mañanas, cuando escucho la radio, no me interesan las opiniones de analfabetos contertulios suscritos a la secta del lugar común ni las sentencias pretenciosas de expertos de la nada que sólo generan miedo: quiero números para trabajar. Yo ya sacaré, en su caso, mis propias conclusiones. Por eso he seguido rellenando mis tablas de cálculo. Por eso, pese a tanta sobrexposición sobre la muerte y la enfermedad, mantengo una postura de calma tensa. Por eso he decidido seguir con mis artículos, pues no sólo me ayudan a aplicar este sano relativismo frente a la pandemia, sino que, quizás, y sólo quizás, consigo que otras personas vean las cosas de otra manera frente a un catastrofismo que sólo nos llevará a la depresión; no sólo económica, sino mental. Pues el pánico sigue siendo nuestro peor enemigo.

La situación de la pandemia a principios de octubre de 2020

Desde una cuestión puramente numérica, los datos que nos ofrecen las diferentes autoridades nos muestran, de manera muy clara, que la pandemia de SARS-CoV-2 está muy lejos de darse por terminada. Como podemos comprobar en la base de datos elaborada por el CSSE de la Universidad norteamericana Johns Hopkins, que continúa siendo una absoluta referencia para controlar la evolución de la pandemia a nivel global, los nuevos casos de contagio de SARS-CoV-2 continúan creciendo en prácticamente todos los países del mundo; si bien, la progresión está lejos de ser exponencial. El caso es que la cifra de contagios detectados, a fecha de 1 de octubre de 2020, ha alcanzado la cantidad de 34.048.480; y, asimismo, se ha superado el simbólico número de 1.000.000 de fallecidos a causa del COVID-19; concretamente, la cantidad de 1.015.429. Para que nos hagamos una idea de la magnitud de estas cifras, hasta esa fecha, el virus ha infectado a una población equivalente a la censada en Canadá y ha propiciado la muerte de una población equivalente a la censada en las ciudades de Sevilla y Córdoba juntas.

En España, tras el mes de calma que siguió la llegada de la llamada nueva normalidad, hemos comenzado, de nuevo, una progresión diabólica que nos ha llevado de 300 contagios al día en junio de 2020 a más de 11.000 a principios de octubre de este mismo año y que nos ha catapultado, de nuevo, a la cima de los países más afectados de Europa. A fecha 1 de octubre de 2020, acumulamos 778.607 casos y 31.973 fallecidos, según datos oficiales, con  una Comunidad de Madrid absolutamente desbocada y que, a la práctica, ha sufrido la intervención del Ministerio de Sanidad, pese a la foto de las banderitas de la semana pasada. Dicho de otro modo, estamos claramente ante la famosa segunda ola. Como el sarcasmo de la miel sobre hojuelas ya me lo conocéis, recurriré a otro dulce más castizo para referirme a la situación de nuestro país: torrijas con canela en rama.

¿Y, además de este pulso político entre Isabel Díaz Ayuso y Pedro Sánchez sobre la capital, qué más han hecho las autoridades frente a la situación actual? Prohibir y obligar. Y es que quién querría otorgar más fondos a la sanidad pública, contratar más enfermeros y médicos, hacer una búsqueda más activa del virus o tratar de unificar una respuesta basada en criterios lógicos cuando es mucho más barato, sencillo y fácil de asimilar para nuestra sociedad ultramontana una buena prohibición, una obligación absoluta o una buena dosis de culpa colectiva. Primero fue la mascarilla obligatoria en la vía pública. Luego, la prohibición de fumar al aire libre. Más tarde, la limitación de reuniones; primero diez, luego seis, mañana seguramente persona y media. Y todo ello en un caos normativo causado por la derivación de funciones del Estado a las Comunidades Autónomas, que, como verdaderas taifas, han “combatido al virus” a su libre antojo, picadas entre ellas para ver quién prohíbe más o se saca el conejo más gordo de la chistera en lugar de colaborar entre ellas y con el Estado desde la cercanía institucional con el territorio. Desde luego, bien lejos de la  famosa cogobernanza que tan bonito se las prometía; siendo el ejemplo de Isabel Díaz Ayuso un paradigma de otros tantos que, al parecer, no molestan al Ejecutivo central por motivos que nada tienen que ver con la sanidad. La gestión política actual de la COVID-19 en España se parece, en definitiva, y para que os quedéis con una imagen, a una viñeta de la 13 Rúe del Percebe del gran Francisco Ibáñez, como con buen criterio señalan en este artículo del New York Times: "La incompetencia de los políticos españoles puede ser tan mortal como la COVID-19".

Espera, Sergio. Para. Quieto. Stop. Si pretendías que tus lectores huyeran del pánico provocado por la pandemia, estás siendo del todo contraproducente. Pero en este punto me gustaría deslindar la COVID-19 de la gestión política; pues sobre la primera puedo ofrecer datos estadísticos que nos ofrecen una perspectiva diferente, quizás incluso tranquilizadora, pero sobre la segunda, mi desasosiego es tan profundo como puede serlo el vuestro. En todo caso, eso es harina de otro costal. Otra guerra que sí que tenemos más que perdida.

A mí, sobre todo, me interesan los números actuales. Puros, sin tratamiento, desnudos. Sobre ello, y concretamente sobre la percepción que tiene la ciudadanía sobre la mortalidad del SARS-CoV-2, es sobre lo que pretendo profundizar. Y es que, sobre este particular, las cosas han cambiado para bien. Maldita sea, de vez en cuando, y pese a todo, no viene mal alguna buena noticia, aunque sea relativa y en perspectiva.

La tasa de mortalidad del SARS-CoV-2 a principios de octubre de 2020

Una de las primeras aristas del complejo poliedro de la pandemia de SARS-CoV-2 que analicé, precisamente, en el primer artículo que le dediqué, es la tasa de letalidad de la COVID-19. Los datos disponibles en aquel prematuro momento arrojaban unas cifras que se antojaban poco fiables y que podían distorsionar bastante la realidad de la pandemia. En concreto, en fecha 1 de abril de 2020, las cifras eran las siguientes:

La tasa de mortalidad del SARS-CoV-2, con estas cifras sobre la mesa, era estremecedora, sobre todo en nuestro país, con una tasa de letalidad que se asemejaba a las propias de enfermedades como el tifus o la meningitis y que multiplicaba por 734 la de la gripe estacional. Por supuesto, la tasa de letalidad variaba de una manera muy pronunciada en función de la edad del contagiado, pasando de un 0,2% en los contagiados cuyas edades se comprendían entre los 20 y los 40 años a un 25% en personas mayores de 90 años; y, además, no se disponía de sistema de rastreo de asintomáticos ni se detectaban todos los contagiados, como ya expuse en su momento. En cualquier caso, las cifras eran, cuanto menos, preocupantes, teniendo en cuenta la facilidad del contagio de la COVID-19.

Transcurridos seis meses desde este hito temporal, es decir, a fecha 1 de octubre de 2020, la perspectiva ha variado muy positivamente, pese al incremento considerable de casos detectados y fallecidos por la enfermedad. La fiabilidad de la tasa de mortalidad en la actualidad continúa sin ser fiable al 100%, por supuesto, ya no sólo por los motivos ya señalados en el párrafo anterior, sino porque que la pandemia continúa activa y parece que le espera un recorrido más largo del que a todos nos gustaría; no obstante, la perspectiva es mucho más halagüeña que en fecha 1 de marzo de 2020. A saber:

 

Por lo pronto, y sin entrar a valorar las causas, nos topamos con que la tasa de mortalidad, en España, se ha reducido a menos de la mitad; y que, a nivel internacional, se ha reducido por debajo del 3% y baja día a día. Y este número, en crudo, es, por sí solo, una muy buena noticia: el virus es menos mortal de lo que parecía hace medio año. Literalmente.

En cualquier caso, sí, hay que entrar a valorar las causas, ya que ello nos permitirá tener mucha más información al respecto y comprender que esta variabilidad no es aleatoria y responde a una lógica que nada tiene que ver con una ciencia infusa numerológica. A continuación, os expongo cuales son las causas que, a mi juicio, han moderado la tasa de mortalidad de la COVID-19, adecuándola a una realidad imposible de determinar a principios del brote pandémico:

a) Detección de asintomáticos: En el primer artículo que dediqué al SARS-CoV-2 en fecha 1 de abril de 2020, ya puse de manifiesto que existía un porcentaje muy elevado de personas infectadas que no presentaban sintomatología (asintomáticos) que, al no ser detectados, no se contabilizaban en los registros, provocando un aumento irreal de la tasa de mortalidad; pues solo quien presentaba síntomas se desplazaba a un centro de salud para hacerse una PCR. A fecha actual, se realizan búsquedas activas para rastrear los rebrotes y evitar la llamada transmisión comunitaria, es decir, el contagio descontrolado. Si bien estas tareas de rastreo son insuficientes, el hecho cierto es que, en España, más de la mitad de los casos que se detectan diariamente son asintomáticos, como podemos comprobar en este g ráfico actualizado correspondiente a la actualización 219 de la COVID-19 que emitió el Ministerio de Sanidad en 1 de octubre de 2020:

b) Más PCR, más casos detectados: Resulta lógico, ¿verdad? Una enfermedad de sintomatología tan variable, que puede confundirse con una gripe, un simple resfriado o una gastroenteritis, requiere necesariamente de un cribado muy importante para conocer cuál es su incidencia real, pues de lo contrario, sólo se detectan los casos graves que acaban en el hospital o que fallecen. Por ello, el hecho de que España haya duplicado los tests PCR que se realizan semanalmente a toda la población, implica necesariamente el conocimiento de casos asintomáticos, muy leves o leves que, anteriormente, no se tenían en consideración; creándose una artificialmente elevada tasa de mortalidad. Para comprobar esta circunstancia, basta con comparar las 777.208 pruebas PCR que se han hecho durante la última semana de septiembre -como verificamos en la actualización 219 del Ministerio de Sanidad a la que nos hemos referido anteriormente- con las que se han hecho desde el inicio de la pandemia:

c) Tratamiento hospitalario suficiente: Todos recordamos, con angustia, los criterios de triaje para el ingreso en las Unidades de Cuidados Intensivos que se aplicaron durante la primera ola de la pandemia, dejando sin asistencia médica a personas con pocas expectativas de supervivencia frente a otras por razón del colapso del sistema sanitario. La falta de recursos y la saturación absoluta de las UCI propiciaron muertes que, seguramente, podrían haberse evitado. Pues bien, este horrible escenario, de momento, no se está produciendo en esta segunda ola, pues las UCI’s no están en absoluto tensionadas: a nivel estatal, todavía se dispone de una capacidad superior al 80% para asumir eventuales incrementos derivados de la COVID-19, pues sólo un 18,13 % de las camas están ocupadas -de acuerdo con los datos que extraemos de la actualización 219 del Ministerio de Sanidad a la que nos hemos referido anteriormente-. En definitiva, se puede atender a todo el mundo adecuadamente.

En consecuencia, el escenario ha variado ostensiblemente y, seamos claros, a mucho mejor. Al efecto de que podáis ver, de una manera muy visual, la diferencia entre la tasa de mortalidad de la primera ola y la correspondiente a lo que llevamos de segunda ola, he elaborado un gráfico en el que he recopilado los datos de contagios y fallecimientos en España por quincenas, estableciendo una tasa de mortalidad parcial para cada uno de estos periodos temporales. De ese modo, disponemos de la perspectiva suficiente para comparar ambas oleadas pandémicas que nos puede ofrecer, el menos, una herramienta para huir del pánico que tanto pretenden medios de comunicación:

Visto el gráfico y los datos que extraemos en base a la base de datos que lo he construido, podemos alcanzar una serie de conclusiones objetivas que fortalecerán, todavía más, esta huida del pánico hacia una calma tensa, pero tranquila, pausada, moderada. Hacia el uso racional de los datos:

- Durante la quincena comprendida entre el 15 y el 30 de septiembre de 2020, se han detectado prácticamente los mismos casos (166.022) que durante todo el mes de abril de 2020 (169.880); siendo la tasa de mortalidad parcial de este último periodo de un 1,08 %, muy inferior a la de abril de 2020 (11,07%) -es decir, 10 veces inferior-.

- Si bien durante la primera ola (comprendida entre el 1 de marzo de 2020 y el 31 de mayo de 2020), la tasa de mortalidad parcial era de un 8,47%, durante lo que llevamos de segunda ola (que comenzó en fecha 15 de julio de 2020), la tasa de mortalidad parcial es de un 0,51%; es decir, 16 veces inferior.

- Durante lo que llevamos de segunda oleada, han fallecido 3.378 personas, equivalente a una tercera parte de las personas que fallecieron en abril de 2020 (10.390); dicho de otro modo, han fallecido de media unas 1.350 personas al mes durante la segunda ola, prácticamente una octava parte que en abril de 2020.

- De acuerdo al Informe Epidemiológico nº 46 emitido por el RNVE en fecha 30 de septiembre de 2020, la tasa de mortalidad desde el 10 de mayo de 2020 en enfermos de la COVID-19 con edades inferiores a los 60 años es de un 0,049%, según comprobamos en este gráfico:

El tratamiento informativo de la mortalidad en España desde una perspectiva histórica

Muertes. Cada día, al levantarme por la mañana y servirme un café mientras con torpes andares camino por la cocina, enciendo la radio y escucho muerte. Así he empezado el artículo y así podría darlo por acabado, pues es la consigna informativa que, a nivel mediático, ha acabado empapándonos como una lluvia fina pero constante. Esto ocurre este año 2020, en efecto, pero el año pasado, por poner un ejemplo prototípico, las muertes que estaban de moda –perdonad la expresión, pero es que es así- eran las que se producían por violencia de género. Durante ese año 2019, los periodistas de la carroña rebuscaban en los Juzgados para buscar mujeres muertas a manos de sus parejas para poder decir: “¡Extra, extra, otra muerte más para contabilizar!”

Y así es como se crea una alarma social: mediante una sobrexposición mediática de algo tan duro como la muerte para generar un impacto emocional. Y si adoleces de perspectiva, la alarma se convierte en pánico. En definitiva, está pasando con la COVID-19, pero no es nuevo de ahora. 

Analicemos un poco más este ejemplo de alarma informativa: De acuerdo a este artículo de La Vanguardia de 2 de enero de 2020, “al menos 55 mujeres han perdido la vida a manos de sus parejas o exparejas en 2019, a falta de dos días para que se cierre el año. Así, en este ejercicio se ha registrado un nuevo repunte y la cifra de víctimas mortales es la más alta desde 2015, de acuerdo a los datos oficiales.”. ¿Repunte? Vaya, me suena ese término. “La presidenta de la Federación Nacional de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas, Ana María Pérez del Campo, también sostiene que el aumento del terrorismo de género se debe a la irrupción de Vox en las instituciones”. ¿Terrorismo de género? ¿Culpabilizar a un partido? Vaya, esto es muy específico, pero pretende generar lo mismo que con la pandemia de SARS-CoV-2: miedo, terror, pánico.

El caso es que, si tenemos en cuenta que, en España, había, a fecha 20 de enero de 2020, 20.562.370 mujeres mayores de 16 años –es decir, en edad de sufrir violencia de género-, se da la circunstancia de que murieron a manos de sus parejas un 0,0002675% de la población femenina mayor de 16 años en 2019. Por supuesto, yo opino que una es demasiado y que nadie debería ser asesinado por razón de su sexo, ni en el seno de una relación de pareja tóxica, ni en ninguna circunstancia, pero, ¿se justifica el pánico en base a una estadística tan minúscula? ¿Es España una sociedad extremadamente machista y víctima de “terrorismo de género” porque 55 malnacidos mataron a sus parejas cuando, según un estudio de la Universidad de Georgetown, es el quinto país del mundo en ratio de igualdad -es decir, sólo por debajo de Islandia, Noruega, Suiza y Eslovenia-? Por supuesto, la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres es absolutamente vital en una sociedad libre, ¿pero el escollo a este objetivo es tan generalizado como para colmar titulares de prensa día sí, día también? Evidentemente, con los números en la mano, no lo es. Es pura política mediática. Es la creación de un estado de opinión para justificar medidas que, en otra circunstancia, nadie aceptaría, como u n desigual criterio penal ante un mismo hecho delictivo en base a tu sexo .

En fin, es un jardín que no quería pisar, pero creo que sirve como paradigma para lo que quiero poner de manifiesto. No por el hecho en sí ni por las medidas que creo que se deberían adoptar, no por el qué, ni el por qué, en los que no voy a entrar, sino por el cómo. Sobre su tratamiento informativo. Y es aquí, en este punto, cuando debemos poner las cifras en perspectiva para conocer su alcance real y poder sacar nuestras propias conclusiones, seguramente alejadas del morbo, de los buitres sentimentales, del amarillismo noticiario, de la justificación de medidas que no tienen un vínculo con la realidad.

Perspectiva. Datos. Esto es lo que pretendía ofreceros desde que decidí preparar este artículo y es exactamente lo que os ofrece el cuadro que he adjuntado ut supra. Realizando una comparativa de los datos que ofrece el Instituto Nacional de Estadística de España en 13 años seleccionados de manera expresa –en concreto, los años que median entre 1915 y 1922, con la pandemia de A/H1N1 de 1918 en el periodo central, y los últimos cuatro años en los que se disponen de datos consolidados-, podemos comprobar cuál es el alcance real de la mortalidad en España. Así, cuando nos digan que tal día han muerto tantas personas, seremos capaces de contextualizar la cifra en lugar de entrar en un injustificado pánico. Veamos:

- Previamente a la llegada de la pandemia de A/H1N1 de 1918, en España moría una media de 1.242 personas diarias, de las cuales, 224 correspondían a muertes derivadas de enfermedades del aparato respiratorio (entre las que se encuentra la gripe, la bronquitis, la pulmonía, etcétera).

- Durante la pandemia de A/H1N1 de 1918, añadiéndole el año siguiente, en España murieron una media de 1.614 personas diarias, de las cuales, 498 correspondieron a muertes derivadas de enfermedades del aparato respiratorio.

- El exceso de mortalidad en 1918 y 1919 con respecto a 1917 fue de 247.066 personas.

- Previamente a la llegada de la pandemia de SARS-CoV-2 de 2020, en España moría una media de 1.140 personas diarias, de las cuales, 136 correspondían a muertes derivadas de enfermedades del aparato respiratorio.

Sí, es así. Cada día, en España, durante los últimos cuatro años, murieron cada día más de 130 personas de gripes, resfriados, bronquitis y pulmonías. ¿Verdad es que eso no lo sabíais? ¿Verdad que durante esos años ni siquiera le habríais dado importancia a esta circunstancia? ¿Verdad que no os imaginabais que, cada año, muere una media de 420.000 personas en España? ¿Verdad que no erais conscientes de que, a principios del siglo XX, morían el doble de personas que ahora, teniendo en cuenta que moría una media de 453.000 personas al año con la mitad de población? Así que, cada vez que escuchéis por la radio que han muerto durante el día de hoy tantas personas por esto o por aquello -sea el COVID-19 o un asesinato-, tened en cuenta que, en el mismo periodo temporal, más de mil personas han expirado por otras cuestiones sin que nadie informe de ello, sin que nadie le dé un tratamiento prioritario. Sin que nadie se entere más allá de sus familiares y allegados.

Por supuesto, todavía tardaremos mucho en saber cuál será el exceso de mortalidad del año 2020 para conocer el alcance real de la mortalidad del SARS-CoV-2 en la sociedad española, pero de momento, tenemos las conclusiones parciales del MoMo (Informes de Monitorización de la Mortalidad diaria), que arrojan, a fecha 1 de octubre de 2020, un exceso de mortalidad de 44.781 personas que se concentraron, en un 95%, en marzo y abril de 2020; pero que, desde mayo de 2020, se mantienen en ratios prácticamente normales:

Estos son los datos. Si bien han sido trabajados, he tratado de ser muy honesto y no jugar con ellos, sino únicamente compartimentarlos y realizar comparativas, porcentajes y sumatorios; extrayendo conclusiones exentas de mi propia subjetividad. Estos son los datos. Crudos, objetivos, puros. Libres de opinión. Libres de sentimientos. Libres de miedo. Sacad, en consecuencia, vuestras propias conclusiones.

28.05.2020 00:03

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Lunes, 25 de mayo de 2020. Cerdanyola del Vallès. El mundo ha cambiado, pero, afortunadamente, no del modo al que se refiere Galadriel en La Comunidad del Anillo. Al cabo, se trata de un mero formalismo, ya que mucha gente está haciendo literalmente lo que le viene en gana desde hace semanas, pero traspasar la línea que separa la Fase 0 de la Fase 1 del Plan de desescalada del Gobierno de España en plena pandemia de SARS-CoV-2 es, cuanto menos, un avance significativo. El confinamiento se relaja, como no podría ser de otra manera, de manera paulatina, por lo que este pequeño paso nos encamina hacia el principio del fin. Por supuesto, puede haber rebrotes, segundas oleadas, repuntes, llamadlo como queráis; pero, de momento, podemos celebrar una victoria parcial, pese a las víctimas que, por desgracia, han quedado en el camino. A mí me espera una barbacoa con los amigos, una visita a mi madre y a mis suegros, una recuperación del contacto social que nos había sido arrebatado… y una cerveza bien fría en una terraza, que a día de hoy ya ha pasado del futuro al pasado. Así que, tras seis artículos dedicados al maldito COVID-19, la perspectiva sanitaria se vislumbra halagüeña; de hecho, en mi comarca, que contiene muchos más habitantes que la de Frodo Bolsón, llevamos seis días sin un nuevo contagio, según los datos de la Generalitat de Catalunya

Mientras tanto, es decir, mientras se reactiva la sociedad más allá del permiso de poder dar cuatro paseos limitados por absurdas franjas horarias y mientras los epidemiólogos advierten que estamos cerca de arrinconar al SARS-CoV-2, el Gobierno de España parece haber perdido la calculadora y no sólo está omitiendo a la ciudadanía datos de evidente relevancia informativa, sino que está cometiendo errores de cálculo verdaderamente esperpénticos. Si bien es cierto que, según indica una de las caras más destacadas de esta pandemia, el doctor Fernando Simón, se ha modificado, por séptima vez, la estrategia de vigilancia del COVID-19 y por tanto han variado los criterios de notificación de las Comunidades Autónomas, se han producido dos circunstancias de difícil justificación: En primer lugar, el Ministerio de Sanidad ha indicado que, desde el día 17 de mayo de 2020, únicamente ofrecerán los datos de los recuperados de COVID-19 semanalmente y no diariamente, como hasta esa fecha; pero el hecho cierto es que, habiendo transcurrido 13 días desde que realizó ese comunicado, todavía no han facilitado esa información. En segundo lugar, se ha producido un hecho insólito en todos los países del mundo que se hallan inmersos en la pandemia: el día 25 de mayo de 2020 resucitaron 1918 fallecidos por COVID-19, es decir, pasamos de 28.752 fallecidos a 26.834. Si los católicos montaron una religión en base a un único revivido, imaginaos a qué altar debemos elevar al ministro de Sanidad, Salvador Illa.

Con el objeto de poner negro sobre blanco, un servidor ha tenido que recurrir directamente a los datos que ofrecen las Comunidades Autónomas para hacerse una imagen de la incidencia real de la pandemia a fecha actual; es decir, para conocer la cifra de casos activos y casos resueltos de COVID-19 que existen en España a día de hoy. A este respecto, cabe señalar que ha sido mucho más sencillo de lo esperado, pues prácticamente todas las Comunidades Autónomas ofrecen con total transparencia este tipo de datos; por lo que, pese a que el Ministerio de Sanidad no ofrece la cifra actual de recuperados del COVID-19, no me ha costado más de media hora recopilarlos y verificar que, a 28 de mayo de 2020, se han recuperado 173.654 personas de la infección provocada por SARS-CoV-2; es decir, un 73 % de los casos detectados, o lo que es lo mismo, más de 23.000 personas adicionales a las que ha reconocido el Ministerio de Sanidad desde 17 de mayo de 2020 (150.376). En consecuencia, únicamente quedan 37.133 casos activos de los 237.906 detectados hasta esta fecha; esto es, un 15,61 %. A continuación, consigno cifra y fuente por Comunidad Autónoma, para que vosotros mismos podáis realizar esta comprobación si lo estimáis oportuno:

 

Mismo criterio he seguido en aras a extraer información sobre la reducción de casi 2.000 fallecidos por COVID-19 el día 25 de mayo de 2020: buscar información en las Comunidades Autónomas. No he sido capaz de detectar a qué se debe esta grave discrepancia, pero sí que he podido realizar una comparativa que pone de manifiesto en cifras un asunto que he venido repitiendo en los últimos artículos: la Comunidad de Madrid y Cataluña reportan el doble de fallecidos a causa del COVID-19 de los que informa el Ministerio de Sanidad; situación, ésta, que resulta más concordante con los reportes del sistema de vigilancia MoMo (que alerta de las desviaciones de mortalidad en base a las estimaciones del año inmediatamente anterior), que confirman la existencia de 43.034 fallecidos más que el año pasado en el periodo estudiado.

Las cifras de fallecidos por COVID-19 ofrecidas por los Gobiernos regionales de Madrid y Cataluña en comparación con las ofrecidas por el Ministerio de Sanidad, si nos centramos en el día 28 de mayo de 2020, son las siguientes:

Mientras tanto, es decir, mientras millones de españoles intentan recuperar su vida social y económica pese a este incomprensible baile de cifras que no se da en ningún otro país occidental, el Gobierno de España, no contento con ello, trata de minar todavía más la confianza de la población en su gestión con declaraciones disparatadas y actuaciones políticas cuestionables: por un lado, la vicepresidenta primera del Gobierno de España, Carmen Calvo, siguiendo la estela de dar extravagantes explicaciones sobre la desigual expansión del SARS-CoV-2 más propias de una pitonisa que ve el futuro en vísceras de batracio que de una ministra, señaló hace unos días, literalmente, que “Nueva York, Madrid, Teherán y Pekín están casi en línea recta, y son las grandes ciudades donde se ha dado un problemón del demonio”. Como dice la canción: Izquierda, derecha, left, rigth. No merece ni comentario. Por otro lado, el Ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha destituido al Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid, Diego Pérez de los Cobos, al no revelarle información reservada mientras estaba actuando como policía judicial, lo que representa una grave intromisión a la independencia judicial. Mismo destino ha sufrido el “número tres” de la Guardia Civil, sin que hasta la fecha se conozca el motivo. Peligrosas consecuencias de este Ejecutivo que lleva más de dos meses con poderes absolutos gracias al estado de alarma.

 

Mientras tanto, es decir, mientras podemos reunirnos con nuestros amigos y abrazar a nuestros familiares, no sólo tenemos que soportar los dislates del Gobierno, sino que nos encontramos con una oposición que trata de medrar pandemia mediante. La crítica constructiva a las actuaciones del Gobierno, que como siempre digo es absolutamente indispensable y que yo, personalmente, siempre intento ejercer, sea quien sea el que gobierne, ha dejado paso a una retahíla de demagogia que peca, precisamente, del mismo defecto que se le puede achacar a los partidos que forman el Gobierno de España: el populismo. Las manifestaciones de Núñez de Balboa o del barrio de Salamanca, en Madrid, que tenían un trasfondo más político que jurídico por mucha libertad que se pusieran por montera, han sido fagocitadas por el partido VOX, que las ha utilizado para sus propios intereses partidistas. Me da verdadera vergüenza ver a los dirigentes del partido subidos a un autobús, alegres, vitoreando una manifestación que empacha de banderas de España y hiede a reaccionario, aprovechando el tirón mediático de la pandemia para rascar apoyos populares.

Otros partidos, como BILDU, han tratado de derogar de manera íntegra la reforma laboral de 2012 por la puerta de atrás, aprovechando su apoyo contingente al estado de alarma decretado por la emergencia sanitaria para aplicar sus políticas partidistas; dicho de otro modo, aplicando un chantaje al Gobierno de España que, gracias a la ministra de economía, Nadia Calviño, no llegó a buen puerto, pues el acuerdo fue modificado pocas horas después. Por otro lado, la opinión pública tuvo que saber, por mediación del grupo político Ciudadanos, que el apoyo de ERC a la enésima prórroga al estado de alarma quería estar vinculado a la reactivación de la mesa de negociación del conflicto catalán. Más partidismo. La emergencia sanitaria, al cabo, queda en segundo plano, como una especie de peana que permite auparse para tratar de alcanzar los objetivos más espurios.

Por último, para evitar que se me tache de adhesión por omisión de crítica, debo decir que tampoco me alineo con PP o Ciudadanos, que están más instalados en el tacticismo político que en poner soluciones sobre la mesa. Pablo Casado, destructivo; Inés Arrimadas, mendicante y prestando apoyos a cambio de promesas vacías. Un desastre político.

En definitiva, y como corolario, mientras la ciudadanía trata de despertar de una pesadilla sanitaria, nuestros gobernantes, presentes, pasados o futuribles, nos instalan en otra pesadilla de diferente naturaleza, pero que nos impide dormir por las noches. Ya no es el miedo a la pandemia, que parece estar remitiendo adecuadamente y que, en pocas semanas, si todo va según lo previsto, puede estar más que controlada; sino el miedo a que se aproveche esta situación excepcional para echar madera a los populismos que ya ardían y que ahora iluminan con una intensidad cegadora. Pasar del miedo al odio, de la solidaridad al frentismo, del respeto a la ofensa, me lleva a concluir que la pandemia no va a servir para mejorarnos como sociedad, sino que va a procurar que todavía empeoremos más. Nos hundimos en el cieno de un guerracivilismo fratricida que parecía tan olvidado como la pandemia de 1918 cuando hasta un mensaje de concordia como el que realizó Santiago Segura en Twitter ha provocado respuestas de odio desmedido. Así nos luce el pelo, como a Pablo Iglesias, con sus arrebatos discursivos más propios de un pirómano que de un vicepresidente del Gobierno. 

Que la política española vuelva a su repugnante maniqueísmo entre rojos y fachas, en principio, es una buena señal, pues implica que la pandemia de SARS-CoV-2 está más controlada de lo que nos dicen, toda vez que se está utilizando ya como arma arrojadiza y no como un problema real de consecuencias devastadoras; pero por desgracia reafirma la reflexión con la que inicié esta serie de artículos sobre el COVID-19: la pandemia no va a cambiar nada. Seguiremos igual de egoístas, igual de ajenos a nuestra fragilidad vital, igual de faltos de empatía y sentido de sociedad. El mismo pánico que nos hizo enloquecer frente a la pandemia se utilizará, ahora, para hacernos enloquecer en otras cuestiones, continuando en nuestra particular escalada frenética hacia ninguna parte. O hacia el precipicio, que es lo más probable.

Dicho lo cual, ya no queda pulpa en esta naranja, pues a estas alturas sólo deja en nuestro paladar el agrio sabor de su cáscara. Mi intención, con este sexto artículo de mi serie dedicada al SARS-CoV-2, era plantear cuestiones jurídicas relativas a la necesariedad del estado de alarma a estas alturas de la gestión de la pandemia, pero el disparate es tan mayúsculo que he perdido las ganas de tratar de racionalizar la utilización de este instrumento constitucional. Al final, dará lo mismo, pues hay diferentes criterios igualmente válidos que, al cabo, poco a nada modificará nuestro día a día como ciudadanos. Por ello, más allá de una fotografía de cómo encuentro el panorama actualmente, considero innecesario ir más allá. Y aunque la curva, a nivel global, todavía crece, hay motivos para la esperanza.

En consecuencia, doy por finalizada mi serie de artículos relativos al SARS-CoV-2 y a la pandemia del año 2020, así como la comparativa que, en los primeros artículos, realicé sobre la pandemia del año 1918. Por mi parte, está todo dicho. La crisis económica que se avecina es harina de otro costal, al cabo, y ya nada tiene que ver con confinamientos, desescaladas o nuevas normalidades, policías de balcón, mascarillas o estudios de seroprevalencia, sino con una escasez económica cuya comparativa no encontramos en 1918, sino en otras fechas: 1939 o 2008, por poner ejemplos recientes. De momento, ya se ha comunicado el cierre de la fábrica de Nissan en Barcelona, que implica el despido de casi 3.000 trabajadores directos. Tenemos que agarrarnos los machos.

Hemos vivido y estamos viviendo un momento histórico que sin duda será recordado. En unos años, quizás, todo lo que consigné en estas páginas sólo son disparates u opiniones basadas en la falta de información. En unos años, quizás, echaremos culpas o daremos las gracias; o puede que no hagamos ni una cosa, ni la otra, y todo siga igual. En unos años, quizás, comprenderemos mejor al SARS-CoV-2, conviviremos con él o bien nos habrá afectado otra pandemia. Quién sabe.

Al final, sólo os pido una cosa: que nunca olvidéis estas miradas. Lo demás, dejará de importar pronto.

15.05.2020 09:39

Artículo anterior de la seriehttps://www.granollersonfire.com/news/historias-de-espana-de-pandemia-a-pandemia-1918-iv/

Aquí sigo. Aquí seguimos. Aguantando, todavía, el chaparrón. Lo peor de todo es que, igual que el resto de españoles, he tenido la mala suerte de tener que soportar el chaparrón bajo una plancha metálica que hace un ruido insoportable, atroz, que nos impide pensar con claridad. Y es que al lógico miedo al SARS-CoV-2 debemos añadir unas ruidosas interferencias políticas que nos provocan todavía más ansiedad. Al principio, y dentro de la seguridad del confinamiento total, la consigna era clara; grave, pero clara. Ahora, que hemos entrado en la llamada fase de desescalada, palabra de nuevo cuño que me resulta ya insufrible de tanto oírla, sólo hay caos. Ruido. No sabemos si el estado de alarma es o no necesario. No sabemos si salir o si quedarnos en casa, aunque esté permitido en algunos casos y con restricciones. No entendemos por qué no cambiamos de Fase de desescalada, por qué una provincia sí y otra no, qué criterios se siguen, quién lo decide. No tenemos ni idea de cuándo volveremos a nuestra vida ordinaria ni qué demonios significa eso de la “nueva normalidad” que profiere el Presidente del Gobierno unas dos o tres veces por minuto en cada una de sus soporíferas comparecencias de fin de semana que tanto se asemejan al Aló Presidente venelozano. La plancha metálica nos está volviendo completamente locos. Y no deja de llover. Clank, clank, clank.

Los datos, a fecha de hoy, son objetivamente buenos. Evidentemente, cada persona que fallece a causa del COVID-19 tenía nombres, apellidos, familiares, amigos, una vida que desarrollar, así que reducirla a un simple número resulta escalofriante desde una perspectiva humana, pero no tenemos otro modo de verificar la incidencia social de la enfermedad. El caso es que, desde el día 24 de abril de 2020, y teniendo en cuenta los datos oficiales del Gobierno de España, cuya validez continúo poniendo en entredicho, las personas que han superado la enfermedad han rebasado los casos activos. Ese cruce de magnitudes en el gráfico se esperaba, nunca mejor dicho, como agua de mayo y, desde entonces, los casos activos de COVID-19 no han dejado de descender pese a los nuevos contagios. Como podéis ver en el gráfico, hubo un descontrol bastante pronunciado entre el día 15 y 24 de abril de 2020 que se debió, según indican fuentes gubernamentales, a que se contaban como nuevos casos detectados aquellos que daban positivo en la prueba serológica de anticuerpos, que se sumaban a los casos detectados por PCR (la “polymerase chain reaction”, en inglés, es la prueba diagnóstica más precisa que se dispone actualmente que verifica la presencia de coronavirus activos en un paciente). Este criterio tiene cierta lógica, puesto que, si tienes anticuerpos, no eres un nuevo contagiado, sino una persona que ya ha pasado la enfermedad, por lo que se podría generar una distorsión irreal de la curva de contagios. En consecuencia, es un error bien subsanado. 

Por ello, con independencia del baile de cifras que continúa existiendo con las Comunidades Autónomas, como por ejemplo en Catalunya –asunto en el que no ahondaré, pues ya lo puse de manifiesto en el anterior artículo y todavía no disponemos de datos suficientes para extraer conclusiones válidas- o en Madrid, y de lo lamentable que resulta tener que poner a casi 30.000 fallecidos sobre la mesa, podemos asegurar que lo peor ha pasado; al menos, en lo referente a la pandemia y a su grado de incidencia poblacional, porque si nos centramos en las medidas del Gobierno para gestionar esta nueva situación, lo peor está por llegar.

De nuevo, hago una advertencia que ya he hecho en los anteriores artículos pero que no me cansaré de repetir: soy perfectamente consciente de que, ante esta situación inédita, cualquier decisión que se adopte será criticada. También sé que, cuando no se tienen responsabilidades, todo el mundo se saca de la chistera un conejo mágico que todo lo arregla, cosa muy diferente a la que te encuentras frente a la realidad del problema, que desbordaría al más preparado. Por esa razón, como habréis visto, he sido muy benévolo con mis críticas al Gobierno de España, siendo consciente de la situación excepcional a la que se enfrenta; pero hay asuntos que no he podido pasar por alto y actuaciones que, con independencia de la situación en la que se encuentren, resultan censurables. De un tiempo a esta parte, mi confianza roza mínimos históricos y mi benevolencia se agota, como mi paciencia, así que estoy empezando a ser más contundente porque creo que es lo que tiene que hacer un ciudadano con sus gobernantes. Comprensivo, sí, pero exigente. Crítico. Y cuando nada menos que la vicepresidenta cuarta del Gobierno de España, Teresa Ribera, señala, campanuda, que la pandemia está más controlada en Portugal que en España porque “está más al oeste de China, como si el SARS-CoV-2 se hubiera expandido siguiendo los flujos del aire y cuando en países como Japón, que está a 500 km de China, está la situación mucho más controlada que en España, pues qué queréis que os diga, yo tiro la toalla. O son idiotas o nos toman por idiotas. Y ninguna de las dos opciones me sirve de consuelo.

En fin, llegados a este punto, siguiendo con la serie de artículos que he dedicado a la pandemia de SARS-CoV-2, procederé al análisis de la nueva situación en la que entramos e intentaré poner blanco sobre negro, para ver si entre todos podemos comprender qué podemos y qué no podemos hacer, pues hay más inseguridades que certezas; y no tanto sanitarias, como jurídicas. En este caso, por ausencia de información, no voy a poder realizar comparativa alguna con lo que hizo el Gobierno de España ante la pandemia de A/H1N1 de 1918, puesto que no he podido verificar si existió plan, guía o proceso de retroceso de las medidas adoptadas para frenar la mal llamada gripe española; por lo que nos tendremos que mantener en este 2020 y realizar, en su caso, comparativas actuales con otros países de nuestro entorno.

La atenuación de las medidas de confinamiento durante la primera oleada de SARS-CoV-2

Plan para la transición hacia una nueva normalidad”. Desde luego, con este título, bien podría parecer un libro de autoayuda de discutible calidad o el anuncio de una conferencia de un líder espiritual adicto a los psicotrópicos; pero no, con esta rúbrica nos presenta el Gobierno de España su proyecto de “desescalada”. Sí, otro neologismo más para nuestro diccionario del coronavirus.

¿Y qué es eso de la nueva normalidad? La R.A.E. fija, en su segunda acepción, que la palabra normal se relaciona con lo habitual y ordinario. En su segunda acepción, habla de algo que se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano. Por ello, el planteamiento referido a la nueva normalidad tiene problemáticas de carácter nuclear, conceptual: si es nuevo, no es normal, ni habitual, ni ordinario ¿Y qué es eso de la desescalada? Imagino que alguna mente brillante ha recurrido a terminología de esta naturaleza para que todo el mundo entienda de qué demonios estamos hablando: “mire, señor ciudadano, un escalador sube por la montaña, llega a la cima, se hace una foto y luego desescala, es decir, vuelve a bajar, ya que le está esperando un almuerzo de cuchara que no se lo salta un gitano. ¿Entiende?”. Acompañar explicación para memos con palmada en la espalda y mirada condescendiente. Frente a ello, sólo puedo concluir que estos neologismos creados ad hoc por un comité político tienen más de marketing o de control del relato que otro tipo de lógica.

En fin, cuestiones terminológicas aparte, a finales de abril de 2020, habiéndose superado la situación de colapso hospitalario y tras haber dejado atrás el famoso pico de contagios, era preciso que el Gobierno de España adoptara medidas de recuperación de la actividad y atenuación del confinamiento (¿veis? No es tan difícil utilizar términos coherentes con la lógica lingüística). El confinamiento no es una solución en sí misma, sino sencillamente una medida de contención de la pandemia que, una vez controlada, no tiene sentido mantener; por lo que pasamos al siguiente nivel que consiste en ir relajando poco a poco y con prudencia el confinamiento generalizado.

Al objeto de acometer esta atenuación de las medidas de confinamiento, el Gobierno de España ha establecido una serie de criterios que pueden encuadrarse en dos grupos diferenciados pero concurrentes en su aplicación: por un lado, medidas de carácter personal; por el otro, medidas de carácter social.

En primer lugar, analizaremos las medidas de atenuación del confinamiento de carácter personal, es decir, que afectan a los ciudadanos con independencia de factores sociales, territoriales, económicos o sanitarios. Son medidas individuales que están enfocadas directamente a la movilidad personal o, en caso de personas dependientes, a la movilidad familiar. A este respecto, es necesario que igualmente vayamos igualmente por partes.

En fecha 25 de abril de 2020, se emitió la Orden Ministerial SND/370/2020 por parte del Ministro de Sanidad que regulaba medidas de desconfinamiento parcial y regulado para los menores de 14 años, en virtud de la cual, se permitía que un adulto pudiera salir de su domicilio con sus hijos una vez al día en un radio de un kilómetro con respecto al domicilio. El objeto de la medida era permitir que los menores de edad pudieran salir a jugar o a que sencillamente les diera el aire, pero, evidentemente, debían continuar respetándose las medidas habituales de distancia interpersonal e higiene aplicables hasta la fecha.

Pasó lo que tenía que pasar: muchos adultos aprovecharon la medida para salir de casa, utilizando a sus hijos como excusa. No todo el mundo, por supuesto, pero sí una parte reseñable de la población recurrió a nuestra habitual picaresca para saltarse el confinamiento. Antes de que llegara esta medida, los que teníamos perro éramos unos afortunados; ahora, iban a ser los padres, que además disponían de una franja horaria muy amplia para poder salir a la calle sin justificación. En este caso, no puedo sino eludir cualquier responsabilidad del Gobierno, pues la medida era necesaria y muy beneficiosa para los menores de edad. Tampoco existe responsabilidad alguna en los menores, ni que decirlo tiene. El problema, en todo caso, se ha producido por la irresponsabilidad de algunos padres, que mientras charlaban con otros padres, sin respetar distancias ni higiene, permitían que sus hijos se mezclaran con otros niños sin control. Bonita estampa para empezar la famosa desescalada.

En fecha 2 de mayo de 2020, se emitió la Orden Ministerial SND/380/2020 por parte del Ministro de Sanidad que regulaba medidas de desconfinamiento parcial y regulado para los mayores de 14 años, en virtud de la cual, se establecían las siguientes franjas horarias para la realización de las siguientes actividades, en las que deberán respetarse las medidas habituales de distancia interpersonal e higiene aplicables hasta la fecha:

- De 06:00 a 10:00h y de 20:00h a 23:00h: Los ciudadanos con edades comprendidas entre los 14 y los 70 años podrán realizar deporte individual y paseos. Los paseos deberán realizarse a una distancia no superior a un kilómetro con respecto al domicilio. El deporte individual, dentro del propio municipio.

- De 10:00 a 12:00h y de 19:00h a 20:00h: Los ciudadanos con edades superiores a 70 años podrán realizar deporte individual y paseos siguiendo análogos criterios de distancia a los ya indicados.

- De 12:00h a 19:00h: Se aplica Orden SND/370/2020 en relación con los menores de edad.

- De 23:00h a 06:00h: Sólo se permiten salidas debidamente justificadas; esto es, una suerte de toque de queda, pese a que no se indique de manera expresa.

En este caso, de nuevo, ha pasado lo que tenía que pasar y, además, era de prever: muchas personas han aprovechado estas medidas de alivio del confinamiento para reunirse con sus amigos, hacer corrillos en mitad de la vía pública, hacer quedadas de runners y desempolvar aquellos estridentes chándals de los años 80 del armario para simular que realizas una actividad deportiva cuando tu objetivo era beberte unas latas de cerveza con los parroquianos habituales de tu bar de referencia, cambiando la barra y el camarero por un banco y una bolsa de plástico; sin olvidarse de los chavales haciendo botellones, por supuesto. Y aunque reconozco que me provoca hilaridad ver viejos en reunión bebiendo yonkilatas en yonkichándal como si fueran adolescentes fumándose unos leños, estas actuaciones irresponsables podrían provocar un repunte de infecciones por COVID-19. Entiendo la hinchazón de gónadas tras 60 días de arresto domiciliario, pero coño, aguantemos un poco más.

No obstante, hay un hecho que, con independencia del respeto a las normas dictadas por el Gobierno, se produce invariablemente: la movilidad ciudadana se concentra masivamente en determinados horarios y, en consecuencia, se provocan concentraciones ingentes de personas. Os pongo un ejemplo personal: en un paseo de una hora por mis habituales rutas, me he llegado a cruzar con más de 500 personas, es decir, más del triple de las que me encontraba en una situación de normalidad.

En consecuencia, considero que la fijación de franjas horarias es un error mayúsculo, pues al reducir el periodo temporal, aumenta el flujo de personas. Llevada a la práctica esta medida, se producen situaciones incoherentes: si yo salgo a pasear con mi perra a las 2:00h, no me cruzaré con nadie y las posibilidades de contagio se reducen a la nada, pero estaría incumpliendo la normativa. Vamos, que el remedio está resultando peor que la enfermedad y es que el exceso de regulación, en ocasiones, es tan pernicioso como su defecto. Y como una imagen vale más que mil palabras, os dejo una fotografía realizada la semana pasada en el paseo marítimo de Barcelona. Juzgad vosotros mismos.

En segundo lugar, analizaremos las medidas de atenuación de confinamiento de carácter social, es decir, que afectan a la apertura de comercios, al restablecimiento de la actividad laboral y a la reactivación económica, cultural y social del país. Las medidas afectan principalmente a empresas, asociaciones y fundaciones, por lo que se enfoca en las actividades permitidas más que en las personas que las proveen. Y es aquí donde interviene el ya mencionado “Plan para la transición hacia una nueva normalidad”.

En fecha 28 de abril de 2020, se adoptó un acuerdo en el seno del Consejo de Ministros que, de manera previa a su publicitación ciudadana, se tituló sencillamente como plan para la desescalada, en virtud del cual, se establecían cuatro diferentes fases hasta alcanzar la llamada nueva normalidad. Estas fases, que tienen una duración prevista de 15 días, no se superan únicamente con el paso del tiempo, sino que exigen el cumplimiento de una serie de parámetros; por lo que, teniendo en cuenta la diferente incidencia de la pandemia en el territorio español y las diferentes capacidades sanitarias de cada uno de estos territorios, el análisis de la conveniencia de cambio de fase se circunscribe a la provincia, en la Península, o la isla, en Canarias y Baleares. Dicho de otro modo, cada provincia o isla tendrá su propia velocidad de desescalada. Las fases previstas son las siguientes:

- FASE 0: Esta fase, llamada preparatoria, implica la implantación de las medidas de carácter social que hemos relacionado anteriormente, la apertura de bares y restaurantes sólo para pedidos a domicilio y la apertura de otro tipo de establecimientos con cita previa y atención individual. Resulta de aplicación en todo el territorio nacional a partir de 2 de mayo; a excepción de algunas islas, que pasan directamente a la Fase 1.

- FASE 1: En esta fase, se permite la apertura del pequeño comercio, la apertura de bares y restaurantes para poder consumir únicamente en las terrazas y con una ocupación máxima del 30 % de su aforo, la apertura de lugares de culto con aforo limitado y la reactivación de la actividad turística, así como la posibilidad de visitar a familiares y amigos. Para más detalle, leer la Orden SND/399/2020, de 9 de mayo, emitida por el Ministerio de Sanidad.

- FASE 2: En esta fase, se permite la apertura de bares y restaurantes para poder consumir en el interior del local con una ocupación máxima del 50 % de su aforo, la apertura de cines, teatros y actos culturales con un máximo de un 30% de aforo y, si son al aire libre, sin superar los 400 clientes.

- FASE 3: Esta fase, llamada avanzada, implica la flexibilización de la movilidad general, la reanudación total de la actividad comercial con un aforo máximo del 50% y, en lo referido a la restauración, se permite el aforo total, siempre que se mantengan las distancias interpersonales.

Y hasta aquí puedo leer, porque nadie, ni siquiera el Gobierno de España, sabe definir qué será eso que ocurra después que nos encontremos todos en la tercera fase, como en la película. Puede que la nueva normalidad implique el contacto con alienígenas. Chi lo sa. Lo que tampoco sabemos, de momento, es quién decide qué territorio cambia o no de fase, ni qué criterios se están aplicando, pues de momento, han cambiado de fase algunas provincias que no deberían, como Vizcaya, y se han quedado en la fase 0 provincias que deberían, como Granada o todas las provincias de la Comunidad Valenciana. Y con deberían me refiero a los criterios generales que había dado el Gobierno de España a las Comunidades Autónomas, que, al parecer, van cambiando sin informar adecuadamente

 

No sólo encontramos problemáticas en cuanto al cambio de fase, sino con la aplicación práctica de las medidas que contiene cada una de estas fases. Y es que nos encontramos con agravios comparativos entre diferentes actividades económicas y ante la imposibilidad de reapertura de bares y restaurantes con un aforo que impide asumir siquiera los costes de mantener abierto el local. No es rentable abrir un bar que lleva dos meses cerrado para servir seis cervezas y dos cortados. Eso sin contar con los negocios que ya no van a volver a abrir nunca más.

En las últimas horas, el Gobierno de España nos ha sorprendido, además, con incomprensibles fases intermedias (0,5) y con una medida para reactivar el turismo que no merece ni el más mínimo comentario por lo descabellada que resulta: cuarentena obligatoria de 14 días para todos aquellos viajeros procedentes del extranjero. Seguimos para bingo. El caso es que hoy, a día 17 de mayo de 2020, nos encontramos con este panorama: 

Luces y sombras. Por supuesto, la reactivación de la economía exige rapidez, pero la contención de la pandemia exige prudencia; y tener que conjugar estos dos criterios es complejo. Soy consciente de ello. Por ello, repito, luces y sombras. Se han tomado medidas adecuadas, pero en algunos casos son incompletas, contraproducentes y variables, por lo que pueden resultar, a la postre, perniciosas. Así que, si como yo, comprobáis la existencia de errores, no dudéis en ponerlos de manifiesto, pues apoyar ciegamente al Gobierno de España por motivos ideológicos cuando está en juego nuestro futuro es tan nefasto como ponerles palos a las ruedas. La crítica es consustancial a la democracia y tenemos que evitar, siempre, por encima de esperanzas de falsa seguridad incluso en situaciones como ésta, la justificación de medidas autoritarias o que quebranten los derechos humanos, pues ya hay voces que están advirtiendo sobre esta peligrosa tendencia.

Llegados a este punto, y teniendo en cuenta la imposibilidad de comparar esta situación con lo acontecido durante la pandemia de 1918, considero que es un buen modo de finalizar el artículo realizando una comparativa, no histórica, sino actual, con las medidas de desconfinamiento y vuelta a la actividad ordinaria de otros países de nuestro entorno. Vamos a ver.

ALEMANIA: La mayor economía de la Zona Euro nunca llegó a aplicar unas medidas de confinamiento equiparables a las que se han acordado en España: desde el principio, si bien se ha impuesto el teletrabajo y se han impuesto determinadas restricciones, en Alemania se ha podido salir a la calle de manera individual sin horarios, toques de queda ni justificantes de ninguna clase. Al cabo, el Gobierno de Ángela Merkel ha seguido una estrategia que, en mi opinión, es mucho más efectiva que el confinamiento absoluto: tests PCR masivos a toda la población; en concreto, a fecha 6 de mayo, se habían realizado 2.800.000 tests a la población, a razón de 300.000 tests a la semana; es decir, a fecha actual, se habrán rebasado los 3.000.000 de tests. El triple que en España.

La vuelta a la actividad ordinaria en Alemania dio comienzo el 4 de mayo: los alumnos ya pueden volver a la escuela en todo el país, a excepción de Baviera, y pueden abrirse los comercios siempre que se pueda garantizar la distancia social. De hecho, se producirá la apertura de fronteras en menos de una semana, si bien se limitarán los viajes turísticos hasta el día 15 de junio. En cualquier caso, la consigna sigue siendo la misma que al principio: tests, tests y tests, como se deduce de la “Segunda Ley para la protección de la población en una situación de epidemia de importancia nacional” aprobada por el Gobierno federal alemán.

PORTUGAL: Nuestro país vecino y prácticamente hermano ha sido un ejemplo en la gestión de la pandemia por la rapidez y anticipación en la reacción frente al SARS-CoV-2. Se adoptaron medidas equivalentes a las que ha tomado España, pero se hizo antes y se hizo mejor; es decir, el hecho de que la oposición haya apoyado al Gobierno socialista de Antonio Costa desde el principio tiene más que ver con sus aciertos que con el apoyo acrítico y sin condiciones que tanto exige el Gobierno de España.

Las medidas de desconfinamiento que ha previsto el Gobierno portugués (palabra mucho más adecuada que "desescalada") no se dividen en fases variables por provincias, sino que se centran en un calendario ya prefijado para todo el territorio que establece medidas en función de la actividad. Por ejemplo: desde el día 4 de mayo de 2020, se permiten reuniones privadas de hasta 10 personas, apertura de pequeños comercios hasta 200 m2, así como bibliotecas y servicios públicos. A partir del día 18 de mayo de 2020, apertura de restaurantes, museos y monumentos, así como la reactivación de la actividad educativa con restricciones. Se estima que el 1 de junio de 2020, Portugal ya estará totalmente desconfinada, sin perjuicio de mantener las distancias interpersonales y las medidas de higiene.

 

ITALIA: Si otro país europeo ha sufrido una catástrofe sanitaria de gravedad semejante a la española ha sido Italia. Sus datos son tan escalofriantes como los nuestros: a fecha 16 de mayo de 2020, han fallecido más de 30.000 personas por COVID-19, que se concentran en un 50% en la preciosa Lombardía. Las medidas adoptadas para frenar la pandemia, como en Portugal, fueron muy parecidas a las que se tomaron en España, estableciéndose el confinamiento generalizado de la población.

En el país transalpino, según la información que extraemos del Ministero della Salute italiano, ha recurrido a un sistema de fases, pero que tiene su origen en el inicio de la pandemia, no en el inicio de la desescalada. La primera fase hace referencia a las medidas de contención del virus y la segunda fase, que dio comienzo en fecha 4 de mayo de 2020, hace referencia a las medidas de desconfinamiento y vuelta a la normalidad. En concreto, se permite la reapertura de prácticamente todos los pequeños negocios, a excepción de bares y restaurantes, que sólo podrán servir comida a domicilio; se permite la movilidad generalizada, con pequeñas restricciones, dentro de la región (nuestro equivalente serían las Comunidades Autónomas) y se acuerda la apertura de parques y jardines, siempre que se cumplan las distancias interpersonales y las medidas de higiene.

A partir del día 18 de mayo de 2020, en cumplimiento del calendario de la Fase 2, se permite la apertura de todos los comercios, incluidos bares y restaurantes; y, a partir del 2 de junio de 2020, se permite la movilidad sin restricciones por toda Italia. Además, el Gobierno de Italia ofrecerá 500 € a cada núcleo familiar italiano para incentivar el turismo interno; medida, ésta, que contrasta con el disparate propuesto por el Gobierno de España.

Podría seguir analizando otros países, como Francia, el Reino Unido o Suecia, siendo este último país especialmente interesante, pero el artículo ya me ha quedado demasiado largo y no quiero abrumaros con más datos. Sólo debo decirlos que mi modelo sería Alemania, pero ése es mi criterio, así que en todo caso dejo a vuestra elección valorar las medidas adoptadas por nuestro país en comparativa con los tres ejemplos internacionales que he puesto sobre la mesa.

Por último, repito mi consigna: no vendáis vuestros derechos por una falsa sensación de seguridad. No me entusiasman las frases épicas que han pasado de ser un modus vivendi a lucirse en camisetas de Zara, pero quiero reforzar la idea que os pretendo transmitir con una frase maravillosa que, a fecha actual, no se sabe si fue pronunciada originariamente por Emiliano Zapata, La Pasionaria o el Che Guevara: “Prefiero morir de pie que vivir arrodillado”. Pensad sobre ello.

16.04.2020 17:48

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Aprovechando que tengo a mi perra, Nymeria, durmiendo a pierna suelta a mis pies mientras redacto este artículo, voy a contaros un secreto: nunca os fieis de mí si os ofrezco un quesito. Sí, sí, ese queso cremoso que encontramos en cualquier supermercado en porciones triangulares que configuran una rueda de irresistible sabor. Seguramente lo sabe, porque los border collie son más inteligentes que la gran mayoría de los humanos, pero creo que lo acepta, pues concede que el beneficio es muy superior al coste. Cada vez que tengo que darle una pastilla para desparasitar, no tengo que hacer otra cosa que partirla en dos y meter cada mitad dentro de un quesito. Vista y no vista. Desaparece de mis manos de un lametón ansioso. Por supuesto, como pretenda darle la pastilla sin quesito, cierra la boca para que no se la introduzca en su interior y, si lo consigo, la escupe; pero a trozos y dentro de un quesito, ya podría darle una caja entera. Bajo la vista a mis pies y verifico que sigue durmiendo tras compartir con vosotros este truco insidioso. Mi secreto está a salvo.

Esta situación, que cualquiera que tenga mascota reconocerá con facilidad, me recuerda sospechosamente a lo que está haciendo con todos nosotros el Gobierno de España y los gobiernos regionales de las diferentes Comunidades Autónomas: ofreciéndonos pequeñas píldoras de la realidad del COVID-19 envueltas en sabroso quesito para que podamos digerirlas y, sobre todo, asumirlas. La duración del confinamiento y las patadas al balón que va dando el Ejecutivo español al estado de alarma, alargándolo cada quince días, es un buen ejemplo de que nos están dosificando la información: si el confinamiento en la provincia de Wuhan, China, ha durado 76 días, ni los estudios más optimistas podrían augurar que en España iba a durar sólo 15 días. Mención aparte merecen las cifras de fallecidos: al dictamen del Tribunal Superior de Justicia de Castilla La Mancha que indicaba que los fallecidos por COVID-19 eran al menos un 41,1 % superiores a los comunicados por el Gobierno de España, ahora se suma la Conselleria de Salud de la Generalitat de Catalunya que, a fecha 20 de abril de 2020, ha declarado que los fallecidos por COVID-19 en esta Comunidad Autónoma alc anzan los 8.441 frente a los 4.904 que, hasta la fecha, comunicaba –ya que ha tenido en cuenta no solo los fallecidos en hospitales, sino los que han fallecido en otras ubicaciones o en sus propios domicilios con cuadros clínicos compatibles con el COVID-19-. Esta modificación de criterio implica, en Catalunya, un aumento del 72,12 % sobre la cifra que se estaba comunicando hasta la fecha por parte de las autoridades regionales.

Este decalaje informativo puede deberse a la improvisación de actuación frente a un problema de nuevo cuño sin antecedentes analíticos, y algo de ello hay, en efecto, pero hay muchas informaciones que pueden llevarnos a pensar que el Gobierno está aplicando una política de control de daños para evitar más que la generación de pánico, una reacción negativa de la población frente a su gestión. Como ya dije, la percepción de la población es contingente, volátil, puede cambiar de hoy para mañana, pero el estado de cosas puede provocar que, de la percepción, que actúa de manera pasiva, se pase a la reacción, que actúa de manera activa. Y es que una cosa es reaccionar de manera positiva a las medidas de confinamiento decretadas por el Gobierno, por cuestión de responsabilidad y sentido de comunidad, y otra muy distinta comprar el empalagoso discurso triunfalista de un Ejecutivo nacional que habla de moral de victoria y de la "España de los balcones".

De hecho, el Gobierno de España está actuando de un modo indigno frente a las reacciones negativas a su gestión. Y ya no hablamos sólo contra su oposición política, sino contra la propia ciudadanía: el Ministro del Interior está monitorizando las redes sociales escudándose en la detección y represión de eventuales delitos de odio contra el Ejecutivo con el objetivo, como dijo el Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, el general José Manuel Santiago, de “minimizar ese clima contrario a la gestión del Gobierno”; o lo que es peor todavía: el socialista José Félix Tezanos ha cocinado una encuesta en abril de 2020, a través del Centro de Investigaciones Sociológicas, para preparar una censura gubernamental previa de la información sobre la pandemia a través de su sexta pregunta

Aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid para institucionalizar la voladura del artículo 18.1 (“Se garantiza el derecho (...) a la intimidad personal y familiar”) y del artículo 20.1.a) (“Se reconocen y protegen los derechos (...) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción”) de la Constitución española es ruín y miserable, además de muy peligroso para nuestra democracia. Explotar el miedo para silenciar al disidente ha sido la gota que ha colmado mi vaso; así que, antes de analizar la reacción de la población en general, quiero poner de manifiesto cuál está siendo la mía: reaccionar con responsabilidad frente a las medidas de confinamiento, pero reaccionar cada vez peor frente al Gobierno de España, pues deja entrever ciertos tintes totalitarios que van en contra de mis ideales más básicos. Hoy toca mojarse.

En fin, centrémonos y sigamos con la comparativa entre la epidemia de SARS-CoV-2 de 2020 y la pandemia de A/H1N1-18 de 1918 antes de que se me lleven los demonios. En este caso, continuando con la cuestión que he puesto sobre el tapete en la introducción al artículo, analizaremos la reacción de la población frente a ambas crisis sanitarias. En primer lugar, la reacción de la ciudadanía frente a las medidas adoptadas por el Gobierno y su incidencia social. En segundo lugar, la reacción de la ciudadanía frente al propio Gobierno.

La reacción de la población ante las medidas adoptadas por el Gobierno y su incidencia social

En cuanto a la reacción de la sociedad española ante las medidas adoptadas por el Gobierno de España en la pandemia de 2020, es preciso tener en cuenta, desde una perspectiva comunicativa, que jamás, en toda la historia de la Humanidad, ha habido semejante nivel de acceso a la información por parte de toda la población: televisión, radio, redes sociales, prensa e Internet han actuado como difusores totales de las medidas de confinamiento acordadas por el Ejecutivo español, por lo que la práctica totalidad de la sociedad, desde el día 13 de marzo de 2020 –en el que se acordó la declaración del estado de alarma-, sabía cómo reaccionar frente a la pandemia desde una perspectiva social.

Por supuesto, no toda la información era definitiva y hubo mucha confusión al principio –confusión que todavía persiste en relación a cuestiones particulares, como ya hemos venido señalando-, pero la consigna general la captó todo el mundo: confinarse en sus domicilios hasta nueva orden con excepciones relacionadas con la adquisición de alimentos y, en algunos casos, con el desplazamiento al trabajo o la realización de algunas actividades. Y, de manera muy mayoritaria, la población ha actuado con una gran responsabilidad, como se deduce de los datos de disminución de la movilidad realizados por diversos organismos a través del rastreo de los teléfonos móviles:

a) De acuerdo a los datos facilitados por el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, realizando una comparativa de dos días concretos, uno previo a la declaración del estado de alarma (martes, 10/03/2020) y otro posterior (martes, 31/03/2020), extraemos que la movilidad general se ha reducido un 93% entre ambos periodos (pasando de 14.862.630 personas que no realizaron ningún desplazamiento en fecha 10/03/2020 a 28.770.859 personas que no realizaron ningún desplazamiento en fecha 31/03/2020). De hecho, el domingo día 29/03/2020, se quedó confinada en su casa la cifra de 31.893.921 personas, que representa un 65% de la población española.

b) Por otro lado, de acuerdo a las cifras facilitadas por Google en un estudio realizado no sólo en España, sino en prácticamente todos los países del mundo, se deduce que la movilidad en nuestro país durante la aplicación de las medidas de confinamiento se ha reducido una media de un 63% en cuanto a desplazamiento al trabajo, una media del 85% en cuanto al desplazamiento en transporte, tanto público como privado, y una media de 92% en cuanto al desplazamiento a centros comerciales, tiendas y locales de restauración.

En consecuencia, podemos aseverar que la reacción de la ciudadanía frente a las medidas adoptadas por el Gobierno ha sido ejemplar. Por supuesto, no todo el monte es orégano, y muchas personas se han saltado el confinamiento utilizando artificios de lo más inverosímil como ir a comprar yogures a más de 20 kilómetros de tu casa, pasear un perro de peluche, cazar Pokemon o dar de comer a las gallinas al pueblo de al lado. La típica picaresca española no acaba ahí: hay gente vendiendo marihuana a través de la aplicación Glovo o cocaína a través de envíos postales. Teledroga a domicilio. Todo ello ha supuesto que, hasta la fecha, haya más de 600.000 propuestas de sanción por saltarse el confinamiento

Por otro lado, la población, motu propio, sale cada día al balcón, a las 20:00h, para aplaudir a los profesionales de la sanidad que están en primera línea, expuestos y con pocos medios, tratando de salvar vidas. Cabe señalar que es una reacción que ha pasado de ser un reconocimiento a los sanitarios a un huero acto de autocomplacencia, ya que nada cuesta y cubre expediente; todo ello sin contar con los desaprensivos que, bien que aplauden en el balcón, pero no quieren a ningún médico o profesional expuesto en la comunidad de vecinos por ser infecciosos. Lo estéril siempre gusta en esta sociedad estupidizada, así que no debería sorprenderme.

 

Como conclusión, podemos indicar que la población, de manera general, ha estado a la altura de lo que se le exigía por los Poderes Públicos, reaccionando como debía, pero que también ha emergido, ante esta situación tan compleja, los peores instintos de algunas personas; lo cual no exige remisión a noticia o estudio, pues seguramente el lector conocerá casos concretos que hablan por sí solos.

En cuanto a la reacción de la sociedad española ante la pandemia de 1918, cabe señalar, de manera previa, que no existía televisión; que, pese a existir prensa escrita, la gran mayoría de la población era analfabeta; que la información no fluía como hoy en día a través de redes sociales; y que, al cabo, esta situación de desinformación de la ciudadanía no se aplicaba solo a la gestión de la pandemia, sino a todos los escenarios de sus vidas. Por ello, teniendo en cuenta este contexto social y el hecho de que el Gobierno de España de 1918 tomó pocas medidas sociales para frenar la pandemia, podría concluir perfectamente este apartado con la siguiente sentencia: la población no tenía ni la más remota idea de cómo reaccionar frente a la pandemia.

La ausencia de información oficial, no obstante, no implica necesariamente la inexistencia de información de alguna clase; pues siempre se busca llenar este vacío informativo ante un problema de tamaña gravedad. Un ejemplo de cómo se llenaban estos vacíos es la determinación del origen de la pandemia. Y es que cuando la epidemia de A/H1N1-18 se convirtió en objeto de tertulia habitual en los mentideros madrileños, surgieron opiniones de muy diversa naturaleza por parte de los profanos en la materia que se plantearon todo tipo de teorías: desde la hipótesis telúrica (la remoción de tierra en la ciudad de Madrid), la hipótesis “ecológica” (el virus lo causaba el quemado de hidrocarburos en los motores de los pocos vehículos que existían) a la hipótesis de la guerra bacteriológica (toda vez que en Europa estaba teniendo lugar la Gran Guerra, posteriormente conocida como la Primera Guerra Mundial).

A estos rumores y conspiraciones se sumaban algunas empresas que, sin ningún rubor, aprovechaban la circunstancia para recomendar el uso de sus productos para combatir al A/H1N1-18 sin ninguna base científica. Algunos de estos espacios publicitarios que encontramos en algunos medios como el centenario diario ABC o el periódico catalán La Vanguardia son realmente divertidos, vistos en perspectiva: “para huir de los enfriamientos no hay nada tan seguro, tan cómodo ni tan agradable como tomar a diario unas cuantas tazas del aromático, higiénico y exquisito café marca El Cafeto”; “Beba Ron Trinidad contra la Grippe”. Especial mención merece la cuña publicitaria del Jarabe Orive: “para precaver la epidemia reinante es necesario (...) extracto de naranjas amargas (...) y calmantes como la heroína; estos medicamentos, concienzudamente asociados, componen nuestro jarabe. Una dosis diaria evita el contagio.”. La solución según la publicidad, café, heroína y ron en cantidad. Qué bien me ha quedado el pareado, oiga.

De hecho, no os lo perdáis, hasta los fabricantes de bombillas Osram se subieron al carro de la publicidad engañosa que aprovechaba las circunstancias para medrar: “La epidemia de moda se combate y vence con rigurosa dieta, mucho aire y mucha luz. Mucha luz que solamente se obtiene con la lámpara de filamento metálico estirado e irrompible OSRAM”.

En consecuencia, nos encontramos con una población que debe enfrentarse a un problema médico sin unas consignas oficiales claras, que fundamentaba el origen de la pandemia en conspiraciones de toda clase y que era bombardeada constantemente con publicidades engañosas. Todo ello, sumado, provocó que la población reaccionara, a falta de otro remedio mejor, con miedo, aplicando el antiguo método del sálvese quien pueda. Esta situación la planteaba un articulista del diario madrileño El Liberal en un artículo de mediados de 1918: “Si unos le dicen al lector que no coma tales productos de la Naturaleza o de la industria, y otros le aconsejan que no se prive de comestible alguno, ¿en qué situación oscilante queda el lector? Si tales mentores Le recomiendan que no moleste sin motivo al Colegio Médico, y tales otros consejeros le invitan a llamar enseguida a toda la Facultad, ¿qué orientación de este diámetro toma el necesitado lector? (…) el lector crédulo y confiado no sabe si podrá beber sin previa destilación, o respirar sin máscara inmunizadora, o tener correspondencia escrita con sus amigos, o tomar café por las tardes, o besar a su Julieta por las noches. Y de todo ello se sigue una tremenda confusión y algo de otra enfermedad más peligrosa que la grippe, y que se llama por los aledaños de las antiguas puertas de la villa, canguelitis”.

Este miedo generalizado tuvo otra consecuencia: el aislamiento y repulsa social de los infectados de la enfermedad. Como vemos, esta reacción es demasiado habitual y generalmente está impulsada por el miedo; por lo que, si se está dando en 2020, imaginaos hasta qué punto era grave en 1918.

La reacción de la población frente al Gobierno

Lamentablemente, y por el motivo que he señalado unos párrafos atrás, para vislumbrar la reacción de la ciudadanía frente a Gobierno de España durante la pandemia de SARS-CoV-2 de 2020 no me fundamentaré en el informe del CIS de abril de este mismo año, ya que es demasiado evidente que es simple propaganda, como señalan incluso sus medios de comunicación más afines. Por ello, intentaré recurrir a otras fuentes no tan contaminadas por un Ejecutivo que parece ser alérgico a cualquier clase de autocrítica.

Pues bien, a pesar del evidente retraso en la adopción de medidas para combatir al COVID-19 por parte del Gobierno de España, la práctica totalidad de la población, oposición política incluida, apoyó a Pedro Sánchez ante la declaración del estado de alarma. El poso de desconfianza, por supuesto, ya existía, pues el Gobierno de España pasó de animar a que se participara en manifestaciones multitudinarias, como la del Día Internacional de la Mujer, a acordar el confinamiento de la sociedad española en un plazo de menos de una semana. Este acelerón llamó mucho la atención, por decirlo de alguna manera, pero ya habría tiempo para debatir si permitir que tuvieran lugar todos los eventos políticos, sociales, deportivos y culturales durante el fin de semana anterior al confinamiento de la población había sido un error fatal que propició la propagación del SARS-CoV-2. En ese momento tocaba cerrar filas y así se hizo.

No obstante, el alargamiento paulatino del confinamiento, que se ha venido ofreciendo en dosis controladas, sumado a una serie de errores y actuaciones negligentes por parte del Consejo de Ministros, empezó a permear en la población de una manera muy negativa. Como una lluvia fina pero constante, las críticas a la gestión del Gobierno se han venido intensificando con el paso del tiempo y todo hace suponer que continuarán aumentando hasta que la pandemia llegue a su fin. De momento, por razones obvias, tengo una visión parcial, pues todavía nos hallamos inmersos en esta crisis sanitaria.

Para fijar cuál es el estado de opinión general, al menos, a fecha de publicación de este artículo, he intentado buscar barómetros de opinión que me resultaran más verosímiles que el CIS para poder determinar cómo está reaccionando la población ante el Gobierno y he encontrado un estudio que parece cumplir con mis criterios. De hecho, este estudio, realizado por el Instituto Nacional de Estudios Analíticos y al que podéis tener acceso a través de este enlace, ha hecho un muestreo estadístico en más de 350.000 ciudadanos frente a los 3.000 realizados por el CIS, así que tanto las preguntas, sencillas y certeras, como las respuestas, con un muestreo más de mil veces superior al CIS, me resultan mucho más útiles que las facilitadas por José Félix Tezanos. Las principales conclusiones son las siguientes:

  • Un 67,9 % de los encuestados considera que la gestión de la pandemia de SARS-CoV-2 es un desastre.
  • Un 79,6 % de los encuestados considera que el Gobierno desoyó las advertencias de la OMS al mantener eventos deportivos y manifestaciones antes de acordar el confinamiento.
  • La nota media del Presidente del Gobierno se fija en un 3 sobre 10.
 

Lamentablemente, el Gobierno de España, como he indicado en la introducción de este artículo, coquetea con la censura de los medios críticos, lo cual está resultado, como era obvio, totalmente contraproducente, pues hasta sus más acérrimos voceros se le están revelando, como la Cadena Ser o el programa de Risto Mejide en Cuatro, sin olvidarse de Antonio Maestre. Esta tendencia me resulta, como ya he señalado anteriormente, no sólo un error de proporciones mayúsculas del Gobierno de España, sino un peligro frente a la libertad que atenta contra los derechos constitucionales más fundamentales

Y no, no tiene justificación de ninguna clase.

Por otro lado, la reacción de la población frente al Gobierno de España de 1918 y su gestión de la crisis sanitaria fue la esperada ante la situación de absoluto desamparo en la que se encontraban frente a la ausencia de medidas adecuadas y la falta de información: con una crítica feroz a la ineficaz gestión del Gobierno. La prensa, que, pese a introducir las cuñas publicitarias antes señaladas, era dirigida por periodistas y articulistas que actuaban como un verdadero contrapoder, se erigió junto con algunos diputados como representantes de este malestar popular.

El diario El Liberal, al que nos hemos referido anteriormente, reflejó esta indignación de la ciudadanía en un artículo de 12 de octubre de 1918 y, además, se hizo eco de los intentos de censura de la prensa divergente que el Gobierno de España estaba tratando de aplicar: “Todo el país cree que debe ponerse inmediatamente remedio a los estragos de este enemigo que nos ha entrado por las puertas. Sin embargo, el Gobierno -siempre diplomático y parsimonioso- se contenta con poner en movimiento unas estufas de desinfección y unos carritos de laboratorio con líquidos malolientes. Y el bacilo que se quiera asustar, que se asuste... ¡Ah, si este mal pudiera paliarse con la censura previa!... Pero, es más fácil poner mordaza en el comentario de los periódicos que prevenir medidas que inmunicen a un país o que atajen una epidemia al iniciarse su curso”.

 

Qué poco hemos cambiado, pardiez. Qué razón tenía Friedrich Nietzsche con su teoría del eterno retorno. Ahora se pretende vestir de bulos, desinformación o retórica destructiva de la oposición política a toda crítica a la gestión del Gobierno; antes, se tildaba de traidores a los que actuaban de ese modo; y, en ambos casos, se pretendía ocultar una gestión deficiente frente a una grave crisis sanitaria. Y esto no tiene nada que ver con colores políticos, pues Antonio Maura era conservador durante la crisis sanitaria de 1918 y Pedro Sánchez es progresista durante la crisis sanitaria de 2020. Esto no va de ideologías.

Así que, si tenéis que reaccionar, hacedlo. Exigid. Criticad. Es lo único que nos queda contra el poder, sea del color que sea, sea ante la circunstancia que sea. Y, sobre todo, pensad. Por vosotros mismos. Daos unos minutos para reflexionar, evitando replicar opiniones cocinadas en el despacho de un político o en una tertulia televisiva. Sólo entonces valdrá la pena salvarnos como sociedad.

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