Ein Sommernachtstraum

20.08.2019 13:20

"Aquí se suicidó Adolf Hitler", dijo el guía zaragozano que con gran pasión nos había estado mostrando los lugares más emblemáticos del centro de la capital de Alemania, la Nueva York europea, la ciudad del Museo de Pérgamo, atravesada por el río Spree; la metrópoli del Muro, que pagó y sigue pagando los pecados de aquél que se suicidó en ese aquí al que se refería el guía zaragozano, señalando un simple aparcamiento situado en el centro de Berlín. No había placa, ni oficial reconocimiento, ni tan siquiera una señal en esa pequeña superficie berlinesa que recordara ese evento. Los alemanes, con buen criterio, quieren evitar la existencia de deshonrosos peregrinajes hacia su figura. Pero fue en ese lugar. Una bala y una cápsula de cianuro. Insuficiente gasolina para eliminar todo rastro de su cuerpo, asunto que le obsesionaba tras comprobar qué hicieron los partisanos con el cadáver de Mussolini. Pasó a mis pies, años antes de que naciera mi padre. Cerca, pero lejos. Allí.

Libros, documentales, artículos, biografías e incluso su propio libelo han pasado por mis ojos. Nada me acerca a él desde una perspectiva política y pocas personas habrá en este mundo más contrarias que un servidor frente a esa particular ideología fascista y nacionalista que surgió en aquella Alemania de entreguerras. No obstante, siempre me ha fascinado su figura. ¿Cómo fue posible? ¿Qué tenía? ¿Cómo lo hizo? Y ahí estaba yo, en el lugar en el que murió por su propia mano, a poca distancia del Memorial del Holocausto y de un símbolo absoluto del poder germano: la Puerta de Brandemburgo. No mentiré si os digo que me hallaba abrumado. Y abrumado seguí al recorrer las calles de aquella histórica ciudad que fue completamente arrasada, dividida, aplastada, pero que hoy rezuma vida, cultura, dominio económico, social y territorial. Sentí su poder. Sentí Europa.

Sin embargo, también sentí tristeza. El Muro se ha convertido en poco menos que una burda atracción turística. El famoso Checkpoint Charlie era un hervidero de turistas haciéndose fotos con unos actores que representaban a marines norteamericanos y que te insultaban de manera grosera si les hacías una foto sin abonar la pertinente exacción. Las pintadas del estilo “Paco estuvo aquí” o “Maricarmen y Antonio, siempre juntos” ensuciaban con superficialidad, poco respeto y desmemoria las obras que verdaderos artistas plasmaron sobre el East Side Gallery. El famoso Ampelmännchen, icónica imagen de semáforo que representa a un caballero transitando por un paso de cebra, disponía de tienda propia, en la que podrías adquirir calzoncillos, calcetines, gorras, camisetas y cualquier elemento turístico que pueda pasar por tu cabeza con dicho avatar serigrafiado. Y, entre toda esta basura, los berlineses siguen teniendo un muro en su cabeza. Siguen afectados por su cruda historia, aunque la repugnancia del turismo haya trivializado todo lo que allí aconteció.

Agridulces sensaciones que, en todo caso, no desvirtuaron el sueño berlinés que ha tenido lugar a mediados de este caluroso agosto. Nada escapa a los claroscuros, al cabo. Sin embargo, me faltó algo. Me faltó noche. Me falto recorrer las míticas discotecas berlinesas que hicieron a esta ciudad la cuna de la electrónica. Me quedé con las ganas de entrar en el Berghain, mezclarme con extraños personajes, escuchar techno y electro de la mejor factura, sumergirme en ese onirismo musical que merece todo sueño de verano. Sentir el poder de la música y no solo el poder telúrico de la olvidada Prusia. Los claroscuros, por supuesto, también atañen a las experiencias vitales. Incluso a los sueños.

Como siempre, no obstante lo anterior, la música se abre camino. Si no es allí, es aquí. Si no es en una mítica discoteca alemana, es en mi pequeño santuario hogareño. Si no es la selección musical de un tercero, es la mía. Y con estas sensaciones, con estos pensamientos, tras haber despertado de este sueño de verano berlinés, tras haber recorrido sus calles, recreado su historia, recordado a sus mitos y comprobado sus defectos, pese a todo ello y gracias a todo ello, he preparado una sesión para la ocasión que ahora comparto con todos vosotros. Escuchadla en honor a Berlín. Pensad en su futuro, que es el nuestro. Pensad en lo que provoca el nacionalismo exaltado, la ideología fanática, el levantamiento de muros entre hermanos. No olvidéis su historia, que es la nuestra. Y como dice la canción, “dance for paradise”.

Tracklist

DJ HaRdBeAt - Ein Sommernachtstraum

1.- Monolink - Father Ocean (Ben Böhmer Remix)
2.- Stefano Noferini - Norway Road (Original Mix)
3.- Deadmau5 feat Kaskade - I Remember (Original Mix)
4.- Patrik Soderbom - Capo (Original Mix)
5.- Jeremy Olander - Panorama (Original Mix)
6.- Prosdo - Fck Monday
7.- Worakls - Adagio For Square
8.- Brain 16 - Acid Devil (TB Mix)
9.- Paradis - Toi et Moi
10.- Avrosse - Gangster (Original Mix)
11.- Chris Isaak - Wicked Game (Chillion Remix)
12.- Louie Cut - Sassy (Original Mix)
13.- Hans Zimmer - Time (Aalson Remix)
14.- Paul Ritch - Sombrero (Original mix)
15.- Way Out West - Lullaby Horizon (Ben Bohmer Extended Mix)
16.- Guy Gerber & Shlomi Aber - Sea Of Sand (Original Mix)
17.- Corner - Big Bang! (Original Mix)
18.- Late Night Alumni - Constellations
19.- Joachim Pastor - Kenia
20.- Stefano Noferini - Mexico (Original Mix)
21.- Teho - Elephants (Original mix)

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