La pastilla roja

22.06.2017 18:51

A Neo no se le plantea un problema de fácil resolución. Pudiera parecerlo para el espectador, pegado en el asiento de la sala de cine, esperando que Morfeo nos muestre las maravillas que esconde tras sus futuristas gafas de sol y su enigmática figura; pero verlo es una cosa y hacerlo otra muy distinta. Y seamos sinceros, siempre nos acabamos tomando la pastilla azul. Preferimos mantenernos seguros en nuestra safe zone, utilizando terminología moderna. Lo malo conocido, etcétera. Tomar decisiones radicales en nuestra vida es realmente complicado. Dar un giro de 180 grados. Tomarnos la pastilla roja y salir de Matrix para aprender cosas que no queremos aprender, ver cosas que no queremos ver, sentir cosas que no queremos sentir. La verdad tiene un precio. Y no hay trago más amargo que el de la lucidez.

En ocasiones, la pastilla roja no nos conduce a un mundo nuevo, sino que nos ofrece una visión real del mundo que ya nos rodea. La pastilla azul, a veces, no es más que un ventanal ahumado que no nos permite ver la luz del sol. Niebla. Cerrazón. Un muro. En cualquier caso, es lo conocido, lo que nos hace sentirnos seguros, lo que nos pide el cuerpo, lo que nos evade del sol que brilla en el exterior, pero también de los horrores que podríamos llegar a contemplar allá fuera. Mejor me quedo aquí, decimos. Dame otra pastilla. De las azules, por favor.

Las drogas, sean cuales sean, nos seducen primero, nos proporcionan placer después y nos aprisionan entre sus cuatro paredes al cabo. El mundo es un lugar gris, aburrido, duro y cruel. El alcohol nos libera de nuestros miedos y nos hace ser más locuaces. La marihuana nos hará mandar a todo y a todos a hacer gárgaras. La cocaína nos hará mirar con condescendencia, nos elevará por encima del resto. La metanfetamina nos hará volar, literalmente, y nos adentrará en un mundo nuevo, diferente, colorido, fascinante. Y las pastillas, mediante su inyección química, nos evadirán incluso de nuestro propio cuerpo. Las drogas, al final, son la pastilla azul: nos transportan a un lugar placentero, irreal, alejado de la cruda verdad; o, al menos, nos ofrece un modo diferente de verla. Como un caleidoscopio, elegimos nuestro color favorito, azul, por ejemplo, y evitamos el rojo a toda costa. Para qué, pensamos. Qué sentido tiene sufrir teniendo pastillas azules a espuertas y a nuestro alcance.

Pero es una trampa. Una trampa que puede ser mortal. Me diréis, bueno, yo me drogo, seguramente tú te drogas, o tu madre, cuando se toma un ibuprofeno; o nuestro jefe, cuando se bebe tres cafés por la mañana; o nuestra abuela, que se toma una infusión de tila, en el fondo se está drogando. El hecho de que una droga sea legal o no lo sea es más una cuestión puramente normativa, formal, convencional, tanto es así como de otro modo: en definitiva, el hecho cierto es que todos nos drogamos y tampoco es algo que debería provocarnos escándalo. Y es cierto. No lo niego. Pero la trampa no está en drogarse. La trampa no es la pastilla azul. La trampa es olvidar que existe la pastilla roja. Caer en un pozo azul del que no podemos salir.

No hace ni una semana que uno de los mejores dj’s de este país decidió tomarse la pastilla roja: desintoxicarse de las drogas. Como imaginaréis, el hecho de utilizar el símil de las pastillas no era arbitrario, sino que tiene mucho sentido: me refiero a David Álvarez, más conocido como DJ Pastis. Pocas cosas puedo decir que no sepáis ya sobre él: residente de Pont Aeri durante sus primeros años, residente de la mítica discoteca Xque? durante más de 10 años, residente de la Sala Activa; esto es, una leyenda dentro del mundo de la makina. Y, además, habiendo tenido la ocasión de haberlo conocido en persona por mi parte, puedo decir, así mismo, que tiene muy buen fondo. Su vida ha sido, es y siempre será la música; y ello está por encima de todo. Bueno, realmente, no de todo: las drogas han formado parte de su vida durante sus más de 30 años en activo y de ello puede dar fe su actual estado. No es nada agradable comprobar cómo la droga ha destrozado física y mentalmente a una persona tan brillante, tan fiestera, tan melómana. Y como makinero, como seguidor de su música, como persona a la que sus mezclas y canciones han hecho muy feliz, como adolescente que en su momento lo tuvo como referente, no podría estar más complacido con la decisión que ha tomado. Mi blog es un lugar humilde, con poco recorrido, y mucho más si me comparo con otros medios generalistas que se han hecho eco de la noticia, pero desde aquí, sin ninguna pretensión adicional, le ofrezco mi apoyo y le envío todas las fuerzas que sean posibles.

Dicho esto, drogaos lo que queráis. No seré yo, ni nadie, el que prohíba el consumo de ninguna suerte de sustancia que permita la evasión, ni el que siquiera lo rechace moralmente. Pero no os olvidéis de la pastilla roja. Y, si necesitáis ayuda, pedidla. Como ha hecho David. De lo contrario, el azul acabará con vosotros. Tarde, temprano, poco a poco; físicamente, mentalmente, socialmente. No importa cómo, ni cuándo, ni qué: sencillamente acabará con vosotros.

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