Los vimana

30.04.2015 10:46

Como sabréis, dediqué el veintitresavo programa de Granollers On Fire a un estilo musical electrónico absolutamente esencial para mí como lo es el goa trance. Pocos estilos musicales son capaces de transmitirme energía de una manera tan directa, tan potente y tan fiestera. Si cierro los ojos mientras escucho goa trance, me vienen muchas imágenes a la cabeza, pero una de ellas siempre es una pista de discoteca con personas bailando de manera demencial. Si no habéis tenido el placer de conocerlo, aprovecho este artículo del blog para recomendaros este estilo y, por supuesto, mis On Namah Shivaya.

Si bien una de las imágenes recurrentes en mis ensoñaciones goescas es una sala de baile, este estilo permite que enfoquemos nuestra imaginación hacia otras situaciones. De hecho, por ese motivo, mi primer podcast goesco comienza con un viaje espacial a la luna más cercana a Júpiter, continúa a través de los siete cielos judíos, pasa por el Ramayana, y acaba imaginando los himnos de eventuales civilizaciones extraterrestres. Todo ello, y mucho más, me venía a la cabeza de manera natural mientras escuchaba esta música. Así que utilizando la música como conector, a continuación nos adentraremos un poco en esta imaginaria goesca y conoceremos un poco más sobre los vimana:

Si habéis escuchado el podcast, sabréis que la espectacular canción goa trance de Etnica – Vimana nos daba la solución al problema del transporte espacial, puesto que en los diferentes programas del On Namah Shivaya tendremos que movernos de luna jupiterina. Y, por mediación de la misma, o mejor dicho, atraídos por el intrigante título de la canción, descubrimos que los vimana eran naves voladoras míticas hinduístas que datan del siglo III antes de Cristo.

Unas naves que, como imaginaréis, han procurado que las calenturientas mentes de los conspiranoicos las vincularan a una posible presencia extraterrestre en la antigua India y, por supuesto, con un posible contacto entre estos seres venidos de otros mundos y los habitantes de la zona, que como no comprendían lo que ocurría, creyeron que eran dioses y construyeron un relato a partir de un hecho inexplicable. No obstante, si nos basamos en la ortodoxia analítica, es decir, en la navaja de Ockham, lo más probable es que los vimana fueran sencillamente recreaciones de carácter religioso sin una correspondencia con la realidad. De hecho, el concepto de los vimana ya es suficientemente fascinante como para que le añadamos otro tipo de fabulaciones.

Ya en el Rig-veda, el texto escrito más antiguo de la India, que data de aproximadamente el siglo XIV antes de Cristo, menciona que el Dios solar Suria, entre otros, empleaban “carros alados llevados por caballos” para desplazarse. No hablan directamente de los vimana, sino que intentaban explicar el hecho por el cual los astros celestes, que eran sus dioses, se mantenían en el firmamento. Y de esta prematura visión celeste fue elaborándose el concepto de los vimana.

Realmente, el texto que asienta el concepto, y que le otorga una representación muy diferente a un carro alado, es el Ramayana. Este poema épico hinduista del siglo III antes de Cristo realiza numerosas alusiones a los vimana, y nos presenta al vimana más fabuloso de todos los tiempos: el Pushpaka, propiedad del demonio Rávana, que tenía nada menos que diez cabezas y veinte brazos. Un verdadero palacio flotante.

Este espectacular vimana participó en las guerras entre los dioses del panteón budista. Sin embargo, este palacio volador no le sirvió para ganar la guerra y murió a manos del Dios Rama, tal y como concluye el poema épico que hemos mencionado anteriormente. De este modo, Visnú, materializado mediante su avatar Rama, volvió a reinar sobre la Tierra, anteriormente gobernada por el demonio Rávana, y ocupó su puesto como Dios Supremo junto con Shiva y Brahmá.

Desde luego, una historia fascinante que nos ha desplazado a la antigua India para comprobar que las naves espaciales no sólo son una creación tecnológica y cultural occidental, sino que ya fueron imaginadas por los teólogos de la Antigua India. Evidentemente, de la imaginación a la construcción tecnológica hay un gran trecho, pero la mente humana ya miraba hacia las estrellas en busca de respuestas mucho antes de que la civilización occidental iniciara su etapa ilustrada.

 

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