Rapsodas del misógino

18.08.2016 17:28
Cualquiera que me conozca mínimamente sabrá que un servidor cree en la absoluta igualdad entre seres humanos, con independencia de sexo, religión, raza, condición sexual e incluso gusto musical. Esta última condición me cuesta, lo reconozco, pero con el paso de los años he adoptado una posición muy tolerante incluso con adoradores de la bachata. Vive y deja vivir, vamos. Y, bueno, realmente lo más complicado no es vivir según tus propios valores y criterios, sino que te dejen vivir como tal. Cuando eres un adolescente, lo complejo es tener personalidad propia y evitar caer en la pegajosa melaza de la moda del momento, como mosca en telaraña, que todo lo diluye y estupidiza; pero cuando te forjas tu personalidad propia, cuando haces lo que realmente quieres, lo complejo es que te dejen vivir en paz. Vamos, que la gente tiene la puta manía de decirte constantemente lo que tienes que hacer o lo que tienes que pensar. Erigirse en jueces de los demás. Y pocas cosas detesto más en este jodido mundo que la superioridad moral de determinadas personas. A mirar por encima del hombro a vuestra puta madre, amiguitos.
 
Dejando a un lado otras ideologías o posiciones sociales que habitúan a hacer gala de una arrogancia y superioridad moral verdaderamente irritante -como algunos, que no todos, los veganos, o algunos movimientos de izquierda- mis rayos y centellas se dirigirán, en esta ocasión, hacia el feminismo del siglo XXI. Y me jode tener que ponernos en el disparadero, os lo juro. Porque yo, como he dejado claro desde el principio, soy un absoluto defensor de la igualdad entre sexos, y debo ser de los pocos que predica con el ejemplo. Pero eso no es suficiente para el feminismo actual. A pesar que su objetivo fundamental durante gran parte del siglo XX fue ése, y no otro, ahora tenemos que soportar que una especie de adalides del movimiento señalen como machista hasta el acto de respirar. Entre el mansplaining, el manspreading, el machismo del ajedrez (véase más abajo), la prohibición de cualquier imagen de violencia contra una mujer, sea o no por razón de su sexo, la cantinela de los miembros y las miembras, y todo un piélago de gilipolleces de misma naturaleza, el movimiento feminista se ha convertido en una caricatura de sí mismo. Y como todo ofende, todo debe ser prohibido; y la mujer, que había alcanzado cierta igualdad, vuelve a sobreprotegerse por parte de estas absurdas reivindicaciones. Las propias feministas que niegan el axioma del sexo débil lo refuerzan con sus actos. 
Y mientras todas estas payasadas campan por sus respetos en el decadente Occidente, la ablación se practica sin reparo en media África, se viola a mujeres a pene lleno en países árabes, se somete a toda mujer gitana que se precie, en este mismo país, a un estado de total servidumbre al macho, se continúan haciendo anuncios de televisión con mujeres florero enseñando carne sin empacho alguno y, por supuesto, se baila en las discotecas música repugnante que trata a toda mujer de puta para arriba, como si todo su ser se redujera a un chocho, dos tetas y un culo que azotar. Tal es la hipocresía de este feminismo de nueva hornada. No veréis a FEMEN enseñar pezón en Afganistán. No veréis criticar el burka, sino todo lo contrario, porque claro, lo llevan de manera voluntaria y es mucho peor la occidental que lleva bikini con el objeto de cosificar su cuerpo. Os juro que siento verdadero asco cada vez que veo a intelectuales de baratillo dar lecciones de feminismo absurdo en una tertulia televisiva cuando, en la propia España, violan a una mujer cada 8 horas
 
En fin, lo políticamente correcto como nueva moral absoluta y sus fanáticos acólitos actuando como inquisidores. Lo cual tiene muchos bemoles, que no cojones, no vaya a ser que me tachen de marichulo por apelar a mis órganos sexuales masculinos; pues tras habernos librado de centurias de curas fanáticos, de obispos mojando en todas las salsas del poder y de dura represión contra todo lo que no fuera una interpretación estricta de un maldito libro escrito hace dos milenios, ahora abrazamos, voluntaria y animosamente, otra nueva religión de mierda. Secular, pero religión en todos los demás aspectos. Libertad, joder. Yo sólo quiero libertad para vivir como me plazca y para que los demás hagan lo propio. Vive y deja vivir. Sé libre.
El caso es que estoy convencido que jamás descubriréis qué bailan en las discotecas estas feminazis que enseñan las tetas en el Congreso de los Diputados pero no tienen ovarios a plantarle cara a cualquier imán árabe que aboga, con naturalidad y en nombre de la religión del amor, por golpear a las esposas en el torso cuando se porten mal para no dejar marcas. Y es que no puede ser. O no debería poder ser. Pero lo es. Cuando se desmelenan, cuando dejan su postureo en redes sociales, cuando se ponen zapatos de tacón, escuchan a los que yo llamo rapsodas del misógino. Y digo misógino y no jurásico, o cretácico, que también servirían, por una cuestión de precisión conceptual.
 
Ah, la bendita hipocresía. Qué haríamos sin ella. Seguramente seríamos mejores personas o, al menos, personas decentes, ¿pero quién quiere decencia habiendo reggaeton? Sus letras dan buena fe de ello, como veremos a continuación:
 
Comenzaremos este repaso por las canciones más infames, perturbadas y misóginas de este maravilloso género musical por un artista que, ya en su propio mote, nos remite a sus antepasados. La letra no tiene desperdicio alguno:
 
“Si Eva no se hubiera comido la manzana
la vida fuera sin malicia y mucho mas sana
pero como esa cabrona se comió la fruta
por eso es que hoy en día hay mujeres tan putas”
 
Nuestro amigo gorila, en estos bellos versos, establece una conexión entre la manzana que se comió Eva y la condición de puta de una mujer no como profesión, sino como insulto. Y es que el Hacedor ya las hizo así, debe pensar este cantautor. Qué malcarado. Les dio cerebro en lugar de unas tetas más grandes.
 
“Ven gata, quiero darte
por detrás y por delante
subirte a la cima y las nalgas guayarte”
 
Vaya, vaya, así que la religión sólo era una excusa para dar la primera en la frente. Lo que de verdad quiere nuestro amigo es mojar churro, por detrás y por delante, y azotar los glúteos de la mujer. No sé qué pensaría el Hacedor sobre la penetración anal, pero algo me dice que no pensaba en ello cuando Eva se comió la manzana. En cualquier caso, feminismo en estado puro, oiga. ¿Cosificación? ¿Qué es eso, parse?
 
“Ella el micrófono agarró
y hasta la melodía se tragó”
 
Aquí tampoco encontramos ningún doble sentido, por supuesto. Algunos malpensados diréis que con esta frase insinúa que a la interfecta le gusta tragarse en zumo de varón tras haber practicado una gostosa felación, pero Franco el Gorila nunca establecería esa conexión. Sería propio de simios.
 
Pues sí, este colega se llama Palomino. Como el que se deja en un calzoncillo. Todo un genio, como su compadre Daniel. Y entre los dos tienen la solución a todos los males de la mujer: la “pipicilina”. Haciendo uso de un intrincado proceso lingüístico, han creado una palabra nueva basada en la palabra penicilina y “pipi”, que entiendo que debe ser su pene, cuyo principal objetivo es miccionar. Vamos, que estos colegas tienen la polla milagrosa. Mi “pipicilina” lo cura “to”, baby. Falocentrismo, que dirían mis amigas las feminazis. 
 
“Mami te traigo tu medicina
La que te saca de la rutina
La que te inyectan por donde orinas
¿Como se llama?
Pipicilina”
 
Como vemos, el intrincado proceso mental que han llevado a cabo estos artistas del reggaeton les ha llevado a establecer un símil entre su polla y una inyección. Son instrumentos alargados y que expulsan alguna suerte de sustancia. El sabo curandero. Y te la meten por donde orinas. Qué sutil, pardiez. Qué belleza. Qué cierre de círculo.
 
“Ponte en cuatro a la altura de mi cintura
Pipicilina, esa es tu cura
Ponte en cuatro, la cosa se puso dura
Pipicilina, esa es tu cura
Si te duele por detrás, te lo doy por el frente
Ponme esa nalga que te voy a inyectar”
 
Qué considerados, oiga. Fijaos bien que aunque la cosa se ponga dura y no quede otro remedio que clavar su inyección, tienen en alta consideración a la mujer: le dejan elegir agujero. Porque claro, el ano puede estar muy estrecho y, sin vaselina, la “pipicilina” puede producir desgarros. En cualquier caso, tú “ponte en cuatro” y deja que “los profesionales” hagan su trabajo. Su polla mágica te cura tanto de gripe como de tifus, pero no pidas mucho, pues de la gonorrea no te salva. El plástico no está hecho para machos.
 
Con esta canción, damos una vuelta más a la tuerca. Y es que por lo menos el tal gorila quería darle a la “gata” por delante y por detrás, demostrando que incluso puede establecer conexión ocular con ella; y nuestro otro colega, el de la “pipicilina” tiene la deferencia de cambiar de agujero si le duele por el ano, y no penetra a la dama por deseo sexual, sino para darle eficaz medicina a todos sus males. Pero Ñejo y Dálmata no quieren ver nada más que sus nalgas o su boca. Da igual cómo sea la chica, alta o baja, delgada o gorda, a cuatro patas no se ve, como dice el título. Es que vamos, ya sólo por el infame título merecerían castración al estilo burgalés. Pero la letra mejora lo presente.
 
“Esta medio gordita pero chupa chévere
Eso en cuatro no se ve
Tu tienes una linda y yo feas tengo tres
Eso en cuatro no se ve 
¡Qué carajo! Mira, mira para la pared 
Con la luz apagada eso no se ve”
 
A estos muchachos les dan igual ocho que ochenta. Y no tienen problemas en llamar gorda y fea a una mujer, por que claro, aunque la insulten en su puta cara, si la chupa bien podrá disfrutar de sus vergas, ¿verdad? Yo estoy convencido de que estarán haciendo cola para felar a estos macacos. Fijo, vamos.
 
“Si a ultima hora, cualquier roto saca leche 
Ella me dice que en la cara se la eche
Que yo soy un descarado, no me importa lo que digas 
Sé mas agradecida que te estoy dando figa 
No te acomplejes, disfrútate la vida”
 
Y claro, encima que te hacen el favor, chica fea y gorda, tienes que ser agradecida y beberte su veneno. Y es que además de ser románticos hasta decir basta, hacen un servicio social. Su pene como caridad, por supuesto. Los hijos de puta.
 
Y continuamos subiendo en misoginia. Con esta canción, la cosa ya no sólo va de usar a una mujer como una saca leche, como un mero trozo de carne, sino que nos conmina a azotarla y pegarla para ponerla a tono. Lo mejor, por eso, es ver las pintas de este anormal disfrazado como un pandillero al que su madre todavía le prepara los cereales por la mañana con la leche calentita, como si tuviera algo entre las piernas más allá de un micropene. La viva estampa de un mentecato.
 
“Agárrala, pégala, azótala, pégala 
sácala a bailar 
que va a todas, 
pégala, azótala, agárrala, que ella va a todas”
 
Sí, lo sé, no hablan de dar una paliza en la cocina a una mujer, sino de azotarla en el trasero mientras baila en la discoteca, pero eso es humillante para cualquiera que tenga dos dedos de frente. Y claro, en este caso, el trozo de carne es como un buen bistec, hay que apalearlo para que esté más sabroso. Pasamos del “bailar agarrado” de nuestros padres, o de nosotros mismos en su momento, a rozar polla erecta en culo ajeno y azotar con instinto animal esas nalgas. Ni los monos actúan así.
 
“Ella esta suelta 
y nada va a evitar que yo la azote 
yo la someto 
mamita, no te equivoques”
 
Aquí está la madre del cordero. La sumisión. Y el azote por mis cojones. Da igual que la chica diga que no, nada va a evitar el azote en su nalga y su sumisión al macho alpha. Bueno, en este caso, este pollito descabezado no somete ni su abuela, pero las intenciones están ahí. Azote va y azote viene. La maté porque era mía.
 
Y esto, queridos lectores, es lo que suena cada fin de semana en todas las discotecas que hacen llenazo. Esta basura, pues no tiene otro nombre, influye a las adolescentes mucho más que un tipo que se abre de piernas en el metro o que el hecho de que, en el ajedrez, el objetivo sea matar al Rey y no a la Reina. Y el machismo, lejos de retroceder, está aumentando de manera alarmante mientras nuestras amigas feminazis se dedican a debatir sobre el sexo de los ángeles cobrando pingües sumas económicas del erario público. Y no, la solución no es la prohibición, sino la educación. Que la gente abomine de esta mierda. Que no lo escuche por propia voluntad, que le peguen un cubatazo al dj cuando la ponga en la discoteca. Que tenga, en suma, la inteligencia necesaria para poder usar su libertad y ser libres de curas, de imanes y de machitos de mierda.
 
Pero en fin, me parece que pintan bastos. O pipicilinas. 
 
Dejando a un lado otras ideologías o posiciones sociales que habitúan a hacer gala de una arrogancia y superioridad moral verdaderamente irritante -como algunos, que no todos, los veganos, o algunos movimientos de izquierda- mis rayos y centellas se dirigirán, en esta ocasión, hacia el feminismo del siglo XXI. Y me jode tener que ponernos en el disparadero, os lo juro. Porque yo, como he dejado claro desde el principio, soy un absoluto defensor de la igualdad entre sexos, y debo ser de los pocos que predica con el ejemplo. Pero eso no es suficiente para el feminismo actual. A pesar que su objetivo fundamental durante gran parte del siglo XX fue ése, y no otro, ahora tenemos que soportar que una especie de adalides del movimiento señalen como machista hasta el acto de respirar. Entre el mansplaining, el manspreading, el machismo del ajedrez, la prohibición de cualquier imagen de violencia contra una mujer, sea o no por razón de su sexo, la cantinela de los miembros y las miembras, y todo un piélago de gilipolleces de misma naturaleza, el movimiento feminista se ha convertido en una caricatura de sí mismo. Y como todo ofende, todo debe ser prohibido; y la mujer, que había alcanzado cierta igualdad, vuelve a sobreprotegerse por parte de estas absurdas reivindicaciones. Las propias feministas que niegan el axioma del sexo débil lo refuerzan con sus actos. 
 
Foto feminazis
 
Y mientras todas estas payasadas campan por sus respetos en el decadente Occidente, la ablación se practica sin reparo en media África, se viola a mujeres a pene lleno en países árabes, se somete a toda mujer gitana que se precie, en este mismo país, a un estado de total servidumbre al macho, se continúan haciendo anuncios de televisión con mujeres florero enseñando carne sin empacho alguno y, por supuesto, se baila en las discotecas música repugnante que trata a toda mujer de puta para arriba, como si todo su ser se redujera a un chocho, dos tetas y un culo que azotar. Tal es la hipocresía de este feminismo de nueva hornada. No veréis a FEMEN enseñar pezón en Afganistán. No veréis criticar el burka, sino todo lo contrario, porque claro, lo llevan de manera voluntaria y es mucho peor la occidental que lleva bikini con el objeto de cosificar su cuerpo. Os juro que siento verdadero asco cada vez que veo a intelectuales de baratillo dar lecciones de feminismo absurdo en una tertulia televisiva cuando, en la propia España, violan a una mujer cada 7 horas. 
 
En fin, lo políticamente correcto como nueva moral absoluta y sus fanáticos acólitos actuando como inquisidores. Lo cual tiene muchos bemoles, que no cojones, no vaya a ser que me tachen de marichulo por apelar a mis órganos sexuales masculinos; pues tras habernos librado de centurias de curas fanáticos, de obispos mojando en todas las salsas del poder y de dura represión contra todo lo que no fuera una interpretación estricta de un maldito libro escrito hace dos milenios, ahora abrazamos, voluntaria y animosamente, otra nueva religión de mierda. Secular, pero religión en todos los demás aspectos. Libertad, joder. Yo sólo quiero libertad para vivir como me plazca y para que los demás hagan lo propio. Vive y deja vivir. Sé libre.
 
Foto feminismo radical
 
El caso es que estoy convencido que jamás descubriréis qué bailan en las discotecas estas feminazis que enseñan las tetas en el Congreso de los Diputados pero no tienen ovarios a plantarle cara a cualquier imán árabe que aboga, con naturalidad y en nombre de la religión del amor, por golpear a las esposas en el torso cuando se porten mal para no dejar marcas. Y es que no puede ser. O no debería poder ser. Pero lo es. Cuando se desmelenan, cuando dejan su postureo en redes sociales, cuando se ponen zapatos de tacón, escuchan a los que yo llamo rapsodas del misógino. Y digo misógino y no jurásico, o cretácico, que también servirían, por una cuestión de precisión conceptual.
 
Ah, la bendita hipocresía. Qué haríamos sin ella. Seguramente seríamos mejores personas o, al menos, personas decentes, ¿pero quién quiere decencia habiendo reggaeton? Sus letras dan buena fe de ello, como veremos a continuación:
 
Franco El Gorila – Mujeres Talentosas
 
Foto anormal
 
Comenzaremos este repaso por las canciones más infames, perturbadas y misóginas de este maravilloso género musical por un artista que, ya en su propio mote, nos remite a sus antepasados. La letra no tiene desperdicio alguno:
 
“Si Eva no se hubiera comido la manzana
la vida fuera sin malicia y mucho mas sana
pero como esa cabrona se comió la fruta
por eso es que hoy en día hay mujeres tan putas”
 
Nuestro amigo gorila, en estos bellos versos, establece una conexión entre la manzana que se comió Eva y la condición de puta de una mujer no como profesión, sino como insulto. Y es que el Hacedor ya las hizo así, debe pensar este cantautor. Qué malcarado. Les dio cerebro en lugar de unas tetas más grandes.
 
“Ven gata, quiero darte
por detrás y por delante
subirte a la cima y las nalgas guayarte”
 
Vaya, vaya, así que la religión sólo era una excusa para dar la primera en la frente. Lo que quiere de verdad quiere nuestro amigo es mojar churro, por detrás y por delante, y azotar los glúteos de la mujer. No sé qué pensaría el Hacedor sobre la penetración anal, pero algo me dice que no pensaba en ello cuando Eva se comió la manzana. En cualquier caso, feminismo en estado puro, oiga. ¿Cosificación? ¿Qué es eso, parse?
 
“Y hasta la melodía se tragó”
 
Aquí tampoco encontramos ningún doble sentido, por supuesto. Algunos malpensados diréis que con esta frase insinúa que a la interfecta le gusta tragarse en zumo de varón tras haber practicado una gostosa felación, pero Franco el Gorila nunca establecería esa conexión. Sería propio de simios.
 
Palomino & Daniel – Pipicilina
 
Pues sí, este colega se llama Palomino. Como el que se deja en un calzoncillo. Todo un genio, como su compadre Daniel. Y entre los dos tienen la solución a todos los males de la mujer: la “pipicilina”. Haciendo uso de un intrincado proceso lingüístico, han creado una palabra nueva basada en la palabra penicilina y “pipi”, que entiendo que debe ser su pene, cuyo principal objetivo es miccionar. Vamos, que estos colegas tienen la polla milagrosa. Mi “pipicilina” lo cura “to”, baby. Falocentrismo, que dirían mis amigas las feminazis. 
 
“Mami te traigo tu medicina
La que te saca de la rutina
La que te inyectan por donde orinas
¿Como se llama?
Pipicilina”
 
Como vemos, el intrincado proceso mental que han llevado a cabo estos artistas del reggaeton les ha llevado a establecer un símil entre su polla y una inyección. Son instrumentos alargados y que expulsan alguna suerte de sustancia. El sabo curandero. Y te la meten por donde orinas. Qué sutil, pardiez. Qué belleza. Qué cierre de círculo.
 
“Ponte en cuatro a la altura de mi cintura
Pipicilina, esa es tu cura
Ponte en cuatro, la cosa se puso dura
Pipicilina, esa es tu cura
Si te duele por detrás, te lo doy por el frente
Ponme esa nalga que te voy a inyectar”
 
Qué considerados, oiga. Fijaos bien que aunque la cosa se ponga dura y no quede otro remedio que clavar su inyección, tienen en alta consideración a la mujer: le dejan elegir agujero. Porque claro, el ano puede estar muy estrecho y, sin vaselina, la “pipicilina” puede producir desgarros. En cualquier caso, tú “ponte en cuatro” y deja que “los profesionales” hagan su trabajo. Su polla mágica te cura tanto de gripe como de tifus, pero no pidas mucho, pues de la gonorrea no te salva. El plástico no está hecho para machos.
 
Ñejo y Dálmata – Eso en cuatro no se ve
 
Con esta canción, damos una vuelta más a la tuerca. Y es que por lo menos el tal gorila quería darle a la “gata” por delante y por detrás, demostrando que incluso puede establecer conexión ocular con ella; y nuestro otro colega, el de la “pipicilina” tiene la deferencia de cambiar de agujero si le duele por el ano, y no penetra a la dama por deseo sexual, sino para darle eficaz medicina a todos sus males. Pero Ñejo y Dálmata no quieren ver nada más que sus nalgas o su boca. Da igual cómo sea la chica, alta o baja, delgada o gorda, a cuatro patas no se ve, como dice el título. Es que vamos, ya sólo por el infame título merecerían castración al estilo burgalés. Pero la letra mejora lo presente.
 
“Esta medio gordita pero chupa chévere
Eso en cuatro no se ve
Tu tienes una linda y yo feas tengo tres
Eso en cuatro no se ve 
¡Qué carajo! Mira, mira para la pared 
Con la luz apagada eso no se ve”
 
A estos muchachos les dan igual ocho que ochenta. Y no tienen problemas en llamar gorda y fea a una mujer, por que claro, aunque la insulten en su puta cara, si la chupa bien podrá disfrutar de sus vergas, ¿verdad? Yo estoy convencido de que estarán haciendo cola para felar a estos macacos. Fijo, vamos.
 
“Si a ultima hora, cualquier roto saca leche 
Ella me dice que en la cara se la eche
Que yo soy un descarado, no me importa lo que digas 
Sé mas agradecida que te estoy dando figa 
No te acomplejes, disfrútate la vida”
 
Y claro, encima que te hacen el favor, chica fea y gorda, tienes que ser agradecida y beberte su veneno. Y es que además de ser románticos hasta decir basta, hacen un servicio social. Su pene como caridad, por supuesto. Los hijos de puta.
 
Trébol Clan - Agárrala
 
Y continuamos subiendo en misoginia. Con esta canción, la cosa ya no sólo va de usar a una mujer como una saca leche, como un mero trozo de carne, sino que nos conmina a azotarla y pegarla para ponerla a tono. Lo mejor, por eso, es ver las pintas de este anormal disfrazado como un pandillero al que su madre todavía le prepara los cereales por la mañana con la leche calentita, como si tuviera algo entre las piernas más allá de un micropene. La viva estampa de un mentecato.
 
“Agárrala, pégala, azótala, pégala 
sácala a bailar 
que va a todas, 
pégala, azótala, agárrala, que ella va a todas”
 
Sí, lo sé, no hablan de dar una paliza en la cocina a una mujer, sino de azotarla en el trasero mientras baila en la discoteca, pero eso es humillante para cualquiera que tenga dos dedos de frente. Y claro, en este caso, el trozo de carne es como un buen bistec, hay apalearlo para que esté más sabroso. Pasamos del “bailar agarrado” de nuestros padres, o de nosotros mismos en su momento, a rozar polla erecta en culo ajeno y azotar con instinto animal esas nalgas. Ni los monos actúan así.
 
“Ella esta suelta 
y nada va a evitar que yo la azote 
yo la someto 
mamita, no te equivoques”
 
Aquí está la madre del cordero. La sumisión. Y el azote por mis cojones. Da igual que la chica diga que no, nada va a evitar el azote en su nalga y su sumisión al macho alpha. Bueno, en este caso, este pollito descabezado no somete ni su abuela, pero las intenciones están ahí. Azote va y azote viene. La maté porque era mía.
 
Y esto, queridos lectores, es lo que suena cada fin de semana en todas las discotecas que hacen llenazo. Esta basura, pues no tiene otro nombre, influye a las adolescentes mucho más que un tipo que se abre de piernas en el metro o que el hecho de que, en el ajedrez, el objetivo sea matar al Rey y no a la Reina. Y el machismo, lejos de retroceder, está aumentando de manera alarmante mientras nuestras amigas feminazis se dedican a debatir sobre el sexo de los ángeles cobrando pingües sumas económicas del erario público. Y no, la solución no es la prohibición, sino la educación. Que la gente abomine de esta mierda. Que no lo escuche por propia voluntad, que le peguen un cubatazo al dj cuando la ponga en la discoteca. Que tenga, en suma, la inteligencia necesaria para poder usar su libertad y ser libres de curas, de imanes y de machitos de mierda.
 
Pero en fin, me parece que pintan bastos. O pipicilinas.

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