Historias de España: De pandemia a pandemia (1918) (VI)

28.05.2020 00:03

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Lunes, 25 de mayo de 2020. Cerdanyola del Vallès. El mundo ha cambiado, pero, afortunadamente, no del modo al que se refiere Galadriel en La Comunidad del Anillo. Al cabo, se trata de un mero formalismo, ya que mucha gente está haciendo literalmente lo que le viene en gana desde hace semanas, pero traspasar la línea que separa la Fase 0 de la Fase 1 del Plan de desescalada del Gobierno de España en plena pandemia de SARS-CoV-2 es, cuanto menos, un avance significativo. El confinamiento se relaja, como no podría ser de otra manera, de manera paulatina, por lo que este pequeño paso nos encamina hacia el principio del fin. Por supuesto, puede haber rebrotes, segundas oleadas, repuntes, llamadlo como queráis; pero, de momento, podemos celebrar una victoria parcial, pese a las víctimas que, por desgracia, han quedado en el camino. A mí me espera una barbacoa con los amigos, una visita a mi madre y a mis suegros, una recuperación del contacto social que nos había sido arrebatado… y una cerveza bien fría en una terraza, que a día de hoy ya ha pasado del futuro al pasado. Así que, tras seis artículos dedicados al maldito COVID-19, la perspectiva sanitaria se vislumbra halagüeña; de hecho, en mi comarca, que contiene muchos más habitantes que la de Frodo Bolsón, llevamos seis días sin un nuevo contagio, según los datos de la Generalitat de Catalunya

Mientras tanto, es decir, mientras se reactiva la sociedad más allá del permiso de poder dar cuatro paseos limitados por absurdas franjas horarias y mientras los epidemiólogos advierten que estamos cerca de arrinconar al SARS-CoV-2, el Gobierno de España parece haber perdido la calculadora y no sólo está omitiendo a la ciudadanía datos de evidente relevancia informativa, sino que está cometiendo errores de cálculo verdaderamente esperpénticos. Si bien es cierto que, según indica una de las caras más destacadas de esta pandemia, el doctor Fernando Simón, se ha modificado, por séptima vez, la estrategia de vigilancia del COVID-19 y por tanto han variado los criterios de notificación de las Comunidades Autónomas, se han producido dos circunstancias de difícil justificación: En primer lugar, el Ministerio de Sanidad ha indicado que, desde el día 17 de mayo de 2020, únicamente ofrecerán los datos de los recuperados de COVID-19 semanalmente y no diariamente, como hasta esa fecha; pero el hecho cierto es que, habiendo transcurrido 13 días desde que realizó ese comunicado, todavía no han facilitado esa información. En segundo lugar, se ha producido un hecho insólito en todos los países del mundo que se hallan inmersos en la pandemia: el día 25 de mayo de 2020 resucitaron 1918 fallecidos por COVID-19, es decir, pasamos de 28.752 fallecidos a 26.834. Si los católicos montaron una religión en base a un único revivido, imaginaos a qué altar debemos elevar al ministro de Sanidad, Salvador Illa.

Con el objeto de poner negro sobre blanco, un servidor ha tenido que recurrir directamente a los datos que ofrecen las Comunidades Autónomas para hacerse una imagen de la incidencia real de la pandemia a fecha actual; es decir, para conocer la cifra de casos activos y casos resueltos de COVID-19 que existen en España a día de hoy. A este respecto, cabe señalar que ha sido mucho más sencillo de lo esperado, pues prácticamente todas las Comunidades Autónomas ofrecen con total transparencia este tipo de datos; por lo que, pese a que el Ministerio de Sanidad no ofrece la cifra actual de recuperados del COVID-19, no me ha costado más de media hora recopilarlos y verificar que, a 28 de mayo de 2020, se han recuperado 173.654 personas de la infección provocada por SARS-CoV-2; es decir, un 73 % de los casos detectados, o lo que es lo mismo, más de 23.000 personas adicionales a las que ha reconocido el Ministerio de Sanidad desde 17 de mayo de 2020 (150.376). En consecuencia, únicamente quedan 37.133 casos activos de los 237.906 detectados hasta esta fecha; esto es, un 15,61 %. A continuación, consigno cifra y fuente por Comunidad Autónoma, para que vosotros mismos podáis realizar esta comprobación si lo estimáis oportuno:

 

Mismo criterio he seguido en aras a extraer información sobre la reducción de casi 2.000 fallecidos por COVID-19 el día 25 de mayo de 2020: buscar información en las Comunidades Autónomas. No he sido capaz de detectar a qué se debe esta grave discrepancia, pero sí que he podido realizar una comparativa que pone de manifiesto en cifras un asunto que he venido repitiendo en los últimos artículos: la Comunidad de Madrid y Cataluña reportan el doble de fallecidos a causa del COVID-19 de los que informa el Ministerio de Sanidad; situación, ésta, que resulta más concordante con los reportes del sistema de vigilancia MoMo (que alerta de las desviaciones de mortalidad en base a las estimaciones del año inmediatamente anterior), que confirman la existencia de 43.034 fallecidos más que el año pasado en el periodo estudiado.

Las cifras de fallecidos por COVID-19 ofrecidas por los Gobiernos regionales de Madrid y Cataluña en comparación con las ofrecidas por el Ministerio de Sanidad, si nos centramos en el día 28 de mayo de 2020, son las siguientes:

Mientras tanto, es decir, mientras millones de españoles intentan recuperar su vida social y económica pese a este incomprensible baile de cifras que no se da en ningún otro país occidental, el Gobierno de España, no contento con ello, trata de minar todavía más la confianza de la población en su gestión con declaraciones disparatadas y actuaciones políticas cuestionables: por un lado, la vicepresidenta primera del Gobierno de España, Carmen Calvo, siguiendo la estela de dar extravagantes explicaciones sobre la desigual expansión del SARS-CoV-2 más propias de una pitonisa que ve el futuro en vísceras de batracio que de una ministra, señaló hace unos días, literalmente, que “Nueva York, Madrid, Teherán y Pekín están casi en línea recta, y son las grandes ciudades donde se ha dado un problemón del demonio”. Como dice la canción: Izquierda, derecha, left, rigth. No merece ni comentario. Por otro lado, el Ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha destituido al Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid, Diego Pérez de los Cobos, al no revelarle información reservada mientras estaba actuando como policía judicial, lo que representa una grave intromisión a la independencia judicial. Mismo destino ha sufrido el “número tres” de la Guardia Civil, sin que hasta la fecha se conozca el motivo. Peligrosas consecuencias de este Ejecutivo que lleva más de dos meses con poderes absolutos gracias al estado de alarma.

 

Mientras tanto, es decir, mientras podemos reunirnos con nuestros amigos y abrazar a nuestros familiares, no sólo tenemos que soportar los dislates del Gobierno, sino que nos encontramos con una oposición que trata de medrar pandemia mediante. La crítica constructiva a las actuaciones del Gobierno, que como siempre digo es absolutamente indispensable y que yo, personalmente, siempre intento ejercer, sea quien sea el que gobierne, ha dejado paso a una retahíla de demagogia que peca, precisamente, del mismo defecto que se le puede achacar a los partidos que forman el Gobierno de España: el populismo. Las manifestaciones de Núñez de Balboa o del barrio de Salamanca, en Madrid, que tenían un trasfondo más político que jurídico por mucha libertad que se pusieran por montera, han sido fagocitadas por el partido VOX, que las ha utilizado para sus propios intereses partidistas. Me da verdadera vergüenza ver a los dirigentes del partido subidos a un autobús, alegres, vitoreando una manifestación que empacha de banderas de España y hiede a reaccionario, aprovechando el tirón mediático de la pandemia para rascar apoyos populares.

Otros partidos, como BILDU, han tratado de derogar de manera íntegra la reforma laboral de 2012 por la puerta de atrás, aprovechando su apoyo contingente al estado de alarma decretado por la emergencia sanitaria para aplicar sus políticas partidistas; dicho de otro modo, aplicando un chantaje al Gobierno de España que, gracias a la ministra de economía, Nadia Calviño, no llegó a buen puerto, pues el acuerdo fue modificado pocas horas después. Por otro lado, la opinión pública tuvo que saber, por mediación del grupo político Ciudadanos, que el apoyo de ERC a la enésima prórroga al estado de alarma quería estar vinculado a la reactivación de la mesa de negociación del conflicto catalán. Más partidismo. La emergencia sanitaria, al cabo, queda en segundo plano, como una especie de peana que permite auparse para tratar de alcanzar los objetivos más espurios.

Por último, para evitar que se me tache de adhesión por omisión de crítica, debo decir que tampoco me alineo con PP o Ciudadanos, que están más instalados en el tacticismo político que en poner soluciones sobre la mesa. Pablo Casado, destructivo; Inés Arrimadas, mendicante y prestando apoyos a cambio de promesas vacías. Un desastre político.

En definitiva, y como corolario, mientras la ciudadanía trata de despertar de una pesadilla sanitaria, nuestros gobernantes, presentes, pasados o futuribles, nos instalan en otra pesadilla de diferente naturaleza, pero que nos impide dormir por las noches. Ya no es el miedo a la pandemia, que parece estar remitiendo adecuadamente y que, en pocas semanas, si todo va según lo previsto, puede estar más que controlada; sino el miedo a que se aproveche esta situación excepcional para echar madera a los populismos que ya ardían y que ahora iluminan con una intensidad cegadora. Pasar del miedo al odio, de la solidaridad al frentismo, del respeto a la ofensa, me lleva a concluir que la pandemia no va a servir para mejorarnos como sociedad, sino que va a procurar que todavía empeoremos más. Nos hundimos en el cieno de un guerracivilismo fratricida que parecía tan olvidado como la pandemia de 1918 cuando hasta un mensaje de concordia como el que realizó Santiago Segura en Twitter ha provocado respuestas de odio desmedido. Así nos luce el pelo, como a Pablo Iglesias, con sus arrebatos discursivos más propios de un pirómano que de un vicepresidente del Gobierno. 

Que la política española vuelva a su repugnante maniqueísmo entre rojos y fachas, en principio, es una buena señal, pues implica que la pandemia de SARS-CoV-2 está más controlada de lo que nos dicen, toda vez que se está utilizando ya como arma arrojadiza y no como un problema real de consecuencias devastadoras; pero por desgracia reafirma la reflexión con la que inicié esta serie de artículos sobre el COVID-19: la pandemia no va a cambiar nada. Seguiremos igual de egoístas, igual de ajenos a nuestra fragilidad vital, igual de faltos de empatía y sentido de sociedad. El mismo pánico que nos hizo enloquecer frente a la pandemia se utilizará, ahora, para hacernos enloquecer en otras cuestiones, continuando en nuestra particular escalada frenética hacia ninguna parte. O hacia el precipicio, que es lo más probable.

Dicho lo cual, ya no queda pulpa en esta naranja, pues a estas alturas sólo deja en nuestro paladar el agrio sabor de su cáscara. Mi intención, con este sexto artículo de mi serie dedicada al SARS-CoV-2, era plantear cuestiones jurídicas relativas a la necesariedad del estado de alarma a estas alturas de la gestión de la pandemia, pero el disparate es tan mayúsculo que he perdido las ganas de tratar de racionalizar la utilización de este instrumento constitucional. Al final, dará lo mismo, pues hay diferentes criterios igualmente válidos que, al cabo, poco a nada modificará nuestro día a día como ciudadanos. Por ello, más allá de una fotografía de cómo encuentro el panorama actualmente, considero innecesario ir más allá. Y aunque la curva, a nivel global, todavía crece, hay motivos para la esperanza.

En consecuencia, doy por finalizada mi serie de artículos relativos al SARS-CoV-2 y a la pandemia del año 2020, así como la comparativa que, en los primeros artículos, realicé sobre la pandemia del año 1918. Por mi parte, está todo dicho. La crisis económica que se avecina es harina de otro costal, al cabo, y ya nada tiene que ver con confinamientos, desescaladas o nuevas normalidades, policías de balcón, mascarillas o estudios de seroprevalencia, sino con una escasez económica cuya comparativa no encontramos en 1918, sino en otras fechas: 1939 o 2008, por poner ejemplos recientes. De momento, ya se ha comunicado el cierre de la fábrica de Nissan en Barcelona, que implica el despido de casi 3.000 trabajadores directos. Tenemos que agarrarnos los machos.

Hemos vivido y estamos viviendo un momento histórico que sin duda será recordado. En unos años, quizás, todo lo que consigné en estas páginas sólo son disparates u opiniones basadas en la falta de información. En unos años, quizás, echaremos culpas o daremos las gracias; o puede que no hagamos ni una cosa, ni la otra, y todo siga igual. En unos años, quizás, comprenderemos mejor al SARS-CoV-2, conviviremos con él o bien nos habrá afectado otra pandemia. Quién sabe.

Al final, sólo os pido una cosa: que nunca olvidéis estas miradas. Lo demás, dejará de importar pronto.

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